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3.7.08

Las últimas instrucciones de Alejandro

Su muerte a temprana edad puso punto y final a una imparable cadena de conquistas que desde su Macedonia natal le llevó a Egipto, pasando por el Imperio Persa, y hacia el Este hasta la India. Cuando sus exaustas tropas dijeron "hasta aquí hemos llegado", Alejandro decidió dar media vuelta y regresar hacia Occidente. La muerte le llegó en Babilonia a los 33 años, y dejó sus planes militares a medias.

Alejandro no contaba con "prejubilarse" cómodamente a esta edad y retirarse a gozar de sus riquezas en la soleada Alejandría o en la hogareña Pella... más bien al contrario, parece ser que su voluntad era regresar y retomar la campaña de conquista, pero esta vez hacia un nuevo confín del mundo antiguo: Las Columnas de Hércules. Esto es lo que nos transmite Diodoro Sículo, el historiador del S. I aC.

En el libro XVIII de su Bibliotheca Historica, Diodoro nos detalla los principales elementos del testamento de Alejandro Magno, que como no podía ser de otra forma, fueron convenientemente ignorados por sus sucesores. Os dejo con el texto original y luego comentamos:


Los capítulos principales y más considerables de los propósitos del rey contenidos en sus libros de memoria eran estos:
1. que mil navíos, más grandes que las trirremes, fueran construidos en Fenicia, Siria, Cilicia y Chipre, para dirigir una invasión contra los Cartagineses, y otros pueblos que habitan en las costas de África y España, junto con todas las islas adyacentes hasta Sicilia.
2. que una vía llana y fácil fuera trazada a lo largo de las costas de África hasta las columnas de Hércules.
3. que seis magníficos templos fueran edificados, y que ciento cincuenta talentos fueran gastados en cada uno de ellos.
4. que arsenales y puertos fueran construidos en lugares convenientes y aptos para la acogida de tan gran flota.
5. que las nuevas ciudades fueran fundadas con colonos, y que unos grupos de gentes fueran trasladados de Asia a Europa, y otros de Europa a Asia, con este ánimo, que mediante matrimonios y mutuos parentescos, pudiera establecer la paz y la concordia entre los dos principales continentes del mundo.
Algunos de los templos antes mencionados tenían que ser erigidos en Delos, Delfos y Dodoma; otros en Macedonia, como el templo de Zeus en Dión; el templo de Diana, en Anfípolis; otro a Atenea en Cirno, a la cual Diosa asimismo decidió construir un templo en Ilión en nada inferior a ningún otro por su esplendor y magnificencia. Finalmente, para ornar el sepulcro de su padre el rey Filipo, dispuso levantar un monumento igual a la mayor pirámide de Egipto, la séptima de las que por algunos son consideradas las obras más majestuosas y grandes en el mundo.Descritas estas cosas ante ellos, los Macedonios, aunque elogiaban mucho y aprobaban los planes de Alejandro, sin embargo, porque les parecían cosas que estaban más allá de toda medida practicable, decretaron que todo ello quedara sin ejecución.
Texto completo del libro XVIII de la Historia de Diodoro

En la fecha de la muerte de Alejandro, Roma no era todavía la potencia mediterránea por excelencia, sino que todavía pugnaba con sus vecinos por abrirse paso por la Península Itálica. Cartago, sin embargo, ya campaba a sus anchas por el Mediterraneo Occidental, rivalizando con las colonias griegas por la supremacía naval y mercantil en la zona. No debería sorprendernos que Alejandro tornara su mirada hacia su principal rival occidental, que estaba presente en los territorios de que nos habla Diodoro.

Además, es bien conocida el ansia de Alejandro por llegar hasta los confines más remotos de la Tierra. Habiendo llegado bien lejos hacia el Este, bien podría ser que las Columnas de Hércules, mítica frontera del mar conocido con el Océano remoto y oscuro, fueran el próximo destino del macedonio.

Por último cabe destacar la muy alejandrina costumbre de mezclar pueblos y razas. Al igual que había hecho con sus macedonios y persas, Alejandro vuelve aquí a desear "que las nuevas ciudades fueran fundadas con colonos, y que unos grupos de gentes fueran trasladados de Asia a Europa, y otros de Europa a Asia, con este ánimo, que mediante matrimonios y mutuos parentescos, pudiera establecer la paz y la concordia entre los dos principales continentes del mundo".

Como todo texto histórico, hay que cogerlo con pinzas, ya que de entrada, el hecho de que fuera escrito unos 300 años después de los hechos que relata, da pie a que la realidad de lo sucedido haya quedado desvirtuada por los años y la imaginación literaria del autor, en este caso Diodoro Siculo.


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21.5.08

La batalla del río Gránico... 1era victoria de Alejandro en Persia

La Batalla del río Gránico es la primera gran victoria de Alejandro en tierras de los persas. Asegurada su posición en Grecia, se lanza en el 334 aC a la conquista de los enemigos tradicionales de los griegos, un imperio que por aquellas épocas ya había olvidado las grandezas de sus antecesores y estaba ya en franco declive.

Esta batalla es paradigmática de la filosofía militar de Alejandro Magno: Cada batalla se entendía como una apuesta a todo o a nada. Llegadas sus tropas al río Gránico, se encuentra al otro lado con los soldados enemigos. En contra del consejo de sus propios generales, que le recomendaban prudencia, por lo profundo del río y por lo avanzado del día, Alejandro sujeta firme las riendas de su caballo, prende el escudo y la espada, y se lanza como un auténtico poseso a luchar contra las columnas persas. Sus soldados, incapaces de dejar sólo a su Rey, le siguen detrás, dispuestos a no dejar títere con cabeza. El cruce del río es desordenado y caótico. Sin embargo los persas no pueden creer lo que están viendo: ¡El propio rey macedonio se lanza a la carga, seguido a distancia de sus compañeros de armas más cercanos!!

Lo que los persas no podían esperar es que Alejandro, partiendo desde uno de los flancos de su tropa, fuera a remontar el río hasta plantarse con su caballo justo frente al centro de las columnas persas, en su clásica formación de ataque de caballería en cuña. Los generales persas Mitrídates, Espitídatres y Roesaces cómodamente instalados en el centro de su frente, teóricamente bien protegidos a flanco y flanco por miles de soldados, ven de repente como caen sobre ellos una auténtica jauría de jinetes macedonios sedientos de sangre y ansiosos de victoria.

El desenlace es por todos conocido: La batalla que sigue es un primer zarpazo del león macedonio a las ovejillas persas, las cuales, antes de darse cuenta han perdido ya a 20.000 soldados y tiene al enemigo en casa.

Plutarco, en la biografía de Alejandro que incluye en sus Vidas Paralelas, nos explica la batalla con más énfasis que detalle:

"En esto, los generales de Darío habían reunido muchas fuerzas, y como las tuviese ordenadas para impedir el paso del Granico, debía tenerse por indispensable el dar una batalla para abrirse la puerta del Asia, si se había de entrar y dominar en ella; pero los más temían la profundidad del río y la desigualdad y aspereza de la orilla opuesta, a la que se había de subir peleando, y a algunos les detenía también cierta superstición relativa al mes, por cuanto en el Desio era costumbre de los reyes de Macedonia no obrar con el ejército; pero esto lo remedió Alejandro mandando que se contara otra vez el Artemisio. Oponíase, de otro lado, Parmenión a que se trabara combate, por estar ya adelantada la tarde; pero diciendo Alejandro que se avergonzaría el Helesponto si habiéndolo pasado temieran al Granico, se arrojó al agua con trece hileras de caballería, y marchando contra los dardos enemigos y contra sitios escarpados, defendidos con gente armada y con caballería, arrebatado y cubierto en cierta manera de la corriente, parecía que más era aquello arrojo de furor y locura que resolución de buen caudillo. Mas él seguía empeñado en el paso, y llegando a hacer pie con trabajo y dificultad en lugares húmedos y resbaladizos por el barro, le fue preciso pelear al punto en desorden y cada uno separado contra los que les cargaban antes que pudieran tomar formación los que iban pasando, porque los acometían con grande algazara, oponiendo caballos a caballos y empleando las lanzas y, cuando éstas se rompían, las espadas. Dirigiéronse muchos contra él mismo, porque se hacía notar por el escudo y el penacho del morrión, que caía por uno y otro lado, formando como dos alas maravillosas en su blancura y en su magnitud; y habiéndole arrojado un dardo que le acertó en el remate de la coraza, no quedó herido. Sobrevinieron a un tiempo los generales Resaces y Espitridates, y hurtando el cuerpo a éste, a Resaces, armado de coraza, le tiró un bote de lanza, y rota ésta metió mano a la espada. Batiéndose los dos, acercó por el flanco su caballo Espitridates, y poniéndose a punto le alcanzó con la azcona de que usaban aquellos bárbaros, con la cual le destrozó el penacho, llevándose una de las alas; el morrión resistió con dificultad al golpe, tanto, que aun penetró la punta y llegó a tocarle en el cabello. Disponíase Espitridates a repetir el golpe, pero lo previno Clito el negro, pasándole de medio a medio con la lanza; y al mismo tiempo cayó muerto Resaces, herido de Alejandro. En este conflicto, y en lo más recio del combate de la caballería, pasó la falange de los Macedonios y vinieron a las manos una y otra infantería; pero los enemigos no se sostuvieron con valor ni largo rato, sino que se dispersaron y huyeron, a excepción de los Griegos estipendiarios, los cuales, retirados a un collado, imploraban la fe de Alejandro; pero éste, acometiéndolos el primero, llevado más de la cólera que gobernado por la razón, perdió el caballo, pasado de una estocada por los ijares- era otro, no el Bucéfalo-, y allí cayeron también la mayor parte de los que perecieron en aquella batalla, peleando con hombres desesperados y aguerridos. Dícese que murieron de los bárbaros veinte mil hombres de infantería y dos mil de caballería. Por parte de Alejandro dice Aristobulo que los muertos no fueron entre todos más qué treinta y cuatro; de ellos, nueve infantes. A éstos mandó que se les erigiesen estatuas de bronce, que trabajó Lisipo. Dio parte a los Griegos de esta victoria, enviando en particular a los Atenienses trescientos escudos de los que cogieron, y haciendo un cúmulo de los demás despojos, hizo poner sobre él esta ambiciosa inscripción: “ALEJANDRO, HIJO DE FILIPO, Y LOS GRIEGOS, A EXCEPCIÓN DE LOS LACEDEMONIOS, DE LOS BÁRBAROS QUE HABITAN EL ASIA”."
Obviamente las cifras que da Plutarco son exageradas, y no es creible que los macedonios causaran tantos miles de bajas entre los persas, recibiendo ellos tan sólo un arañazo, 3 chichones y un moretón. Lo cierto es que Alejandro estuvo a punto de morir en varias ocasiones, pero el genial macedonio, autoconvencido de su carácter semidivino, demostró que la única forma de llegar hasta el fin del mundo era siendo intrépido y alcanzando victorias que pasarían a la historia...



Profundizar en este tema:


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10.4.08

Los Kalash, el pueblo perdido de Alejandro Magno


Kalash Girl, originally uploaded by RosettaKureshi.


La historia de los Kalash es otra de esas historias maravillosas que nos dan pie a dejar volar nuestra imaginación por otros tiempos y misteriosos lugares. Aunque a continuación os extaeré alguna bibliografía, os resumo la historia de este pueblo, al menos la que ellos explican de sí mismos: Alejandro Magno, en sus viajes hacia el Este, pobló esta región con tropas macedonias. Con los siglos, y al refugiarse de otras invasiones en las montañas, estos pueblos habrían mantenido su cultura y rasgos étnicos diferenciales. Según los habitantes actuales de esta remota región del Pakistán, la prueba está en que los ojos claros y el pelo rubio son aún hoy frecuentes en la zona.


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La bibliografía al respecto es abundante. En la wikipedia hay un magnífico artículo en inglés que desarrolla la cuestión. Como aperitivo, os extraigo lo que dice su (pobre) versión española:
"Poco se sabe aún del origen de los kalash, lo que sí se sabe es que desde la expansión del islam hacia el subcontinente hindú ciertas poblaciones que habitaron el Hindukush, con posibles orígenes griegos desde la expedición y colonización llevada a cabo por Alejandro Magno, se refugiaron en los casi inaccesibles valles que siglos después los árabes llamaron Kafiristán (palabra mixta árabe-irania que significa "país de los paganos")...

... La población actual (año 2006) de los kalash se ha reducido a una cifra que solo oscila entre los 3.000 a 6.000 habitantes; esta población subsiste en pequeñas aldeas ubicadas en sitios casi inaccesibles entre las montañas; cabe tener en cuenta que en 1900 la población estimada de los kalash rondaba las 100.000 personas...

... No sólo ciertos rasgos culturales han hecho suponer que los kalash o kalasha pueden ser descendientes de colonias griegas establecidas en la región hacia el s. IV adC, sino sus fisiotipos: los kalash suelen tener una importante frecuencia de individuos con ojos y cabellos claros aspecto por el cual habría alguna semejanza con los antiguos griegos (en especial los grecomacedonios), pero estas características fisiotípicas pueden explicarse por una particularidad genética local o, según mucho investigadores actuales, tanto las similitudes culturales como las fisiotípicas entre kalash y antiguos griegos podrían derivar de un linaje común existente durante la antigua expansión proto indoeuropea ocurrida hace unos 5000 años."



¿Qué dice la genetica al respecto?

Como en tantos otros casos, la forma de dilucidar (al menos en parte) la cuestión reside en la genética. Los estudios realizados tanto del ADN mitocondrial como del cromosoma Y no resultan concluyentes al respecto de si son descendientes de griegos o no; según qué se analice, o no se ven rasgos griegos, o se ven restos que podrían suponer entre un 20 y un 40% de la herencia genética. Lo que sí queda claro es que tienen rasgos únicos, no procedentes del continente asiatico, y que indican un origen Eurasiatico Occidental.

Os extraigo un párrafo de la wikipedia que lo explica mejor que yo:

"The Greek contribution to the Kalash is somewhat of a mystery. DNA research shows that, even though the Kalash lack Greek haplogroups (e.g. haplogroup 21), recent analysis of the y-chromosome indicates that, the Greek admixture could be as high as 20% to 40%. Considering the apparent absence of haplogroup 21 in the local population, the findings have been chalked up as genetic drift. On the basis of Y chromosome allele frequency, some researchers describe the exact Greek contribution to Kalash as unclear. Surprisingly, mtDNA research has shown that there is no South or East Asian genetic mtDNA influence within the Kalash. This is in stark contrast to some of their closest Indo-European neighbors, strongly indicating a Western Eurasian origin for the Kalash.

However, recent genetic testing among the Kalash population has shown that they are, in fact, a distinct (and perhaps aboriginal) population with only minor contributions from outside peoples"


Extraido del artículo de la wikipedia sobre los Kalash



Lo cierto es que los visitantes de estos remotos valles del Pakistán quedan sorprendidos por el aspecto occidental de los habitantes de la zona, y que podeis comprobar en las fotos que os adjunto:



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19.2.08

Entrevista a Robin Lane Fox o por qué ser profesor de historia antigua en Oxford es mi sueño

Esta Sábado Jacinto Antón entrevistaba en elPais al historiador británico Robin Lane Fox, de quien ya hemos hablado en otras ocasiones, especialmente a raiz de la publicación de su libro "El Mundo clásico". En esta entrevista nos explica los motivos de su admiración por Alejandro. Os recomiendo encarecidamente su lectura puesto que, entre tanta pregunta y respuesta, nos tiene reservadas unas cuantas perlas del sentido del humor británico (atención al comentario acerca de los figurantes franceses que hacían de soldados persas en la película Alejandro, donde él hizo de infante de caballería macedonio).

Entrevista con Robin Lane Fox

Alejandro Magno: el solo nombre lo deja a uno boquiabierto, con la mirada soñadora perdida en un horizonte infinito de grandeza, pasión y misterio. "Alejandro tenía magia, la magia de la juventud, fue un hombre de ambiciones apasionadas y no creía que nada fuera imposible", afirma Robin Lane Fox (Eton, 1946), que desborda un arrebatado y contagioso entusiasmo al hablar del personaje. El autor de Alejandro Magno. Conquistador del mundo (Acantilado), un monumental ensayo de 800 páginas devenido un clásico y que se lee compulsivamente, entre el chasquido de bronce de las sarisas, el silbido de angustia de los elefantes mutilados en el Hidaspes y el "¡Alalalalai!" de la caballería macedonia en Isos, es un historiador muy poco al uso: capaz de emocionar profundamente, dotado de un enorme sentido del humor y una calidad literaria extraordinaria. "Alejandro es mi vida", confiesa. Dice Lane Fox que el gran Alejandro nunca se aburrió ni hizo jamás nada aburrido. Leyéndolo y escuchándolo a él así parece. "La historia no es verdad sólo cuando resulta aburrida", recalca.

PREGUNTA. ¿Era de verdad tan valiente Alejandro, corría tantos riesgos?

RESPUESTA. Sí. Lo prueba el hecho de que sufrió muchas heridas. Esa actitud, ese valor, era crucial para sus éxitos. Alejandro siempre se pone frente al peligro. No tenía miedo.

P. Pero ¿se puede dirigir una batalla desde en medio de la misma, en pleno fragor, luchando al mismo tiempo?

R. Alejandro basaba su estrategia en movimientos rápidos, creaba un punto débil en el enemigo, un lugar de fractura y concentraba todo el ataque ahí. Empezaba con un despliegue digno del ajedrez, que mostraba y abría esa debilidad del rival. Y entonces se lanzaba liderando el ataque.

P. Entonces no podía revisar el plan...

R. No, era todo o nada. No había medias tintas. Es cierto que, recuérdelo, contaba con unas tropas enormemente profesionales y muy buenos oficiales, conducía el ejército creado, adiestrado y testado por su padre Filipo.

P. Pero él podía morir en cualquier momento.

R. Desde luego. Fue muy afortunado. Pero en la India, en el Punjab, en las murallas de Multan...

P. ¿La misma Multan Sikh del asalto británico en 1849 tras el asesinato de Agnew y Anderson y su puñado de gurkas?

R. Exacto, Alejandro, en su momento, también sitió la ciudad, una fortaleza temible. Impaciente por el lento progreso de sus hombres, tomó una de las escaleras de asalto y trepó él mismo a las almenas, seguido por uno de sus veteranos que embrazaba el supuesto escudo sagrado de Aquiles, cogido por el rey en el templo de Troya. El caso es que la escalera se rompió, dejando al heroico pero irresponsable Alejandro aislado en lo alto de la muralla y casi solo en el ataque. Repartió tajos a diestro y siniestro, pero un arquero le clavó una flecha de un metro en el pecho. Imagínese la escena. Se salvó porque finalmente sus tropas pudieron reunirse con él, pero la herida fue muy grave, posiblemente le perforó un pulmón y dejó a Alejandro casi lisiado. En fin, ése era él, energía, impulso, coraje inconsciente... Si puedes ser así, ¡qué ejemplo para tus soldados! Eso explica la devoción que despertaba, única. Sus hombres lo veneraban y lo seguían a todas partes. Es cierto que no es el hombre al que confiarías tus ahorros: ¡demasiado arriesgado!, aunque podría hacerte rico...

P. Pierre Briant, el eminente orientalista especialista en el mundo persa, me dijo en una conversación que en realidad Alejandro luchaba muy protegido, que se arriesgaba poco, vamos.

R. Bah, Briant es francés. Las heridas y la naturaleza de Alejandro dicen lo contrario. ¡Briant debería haberlo visto aquel día en las murallas de la fortaleza india! Filipo era igual. Filipo está poco valorado, pero él fue el que creó el ejército que usó Alejandro, era un gran militar. Filipo y Octavio Augusto son los dos grandes organizadores del mundo antiguo.

P. Hablando de Filipo, conoció usted al gran Manolis Andronikos, el arqueólogo que descubrió la tumba del padre de Alejandro, uno de los grandes hallazgos del siglo XX. Era un hombre extraordinario.

R. Sí, estuve en 1977 con él, en Vergina, la antigua Aigai capital del reino macedónico, el mismo año del descubrimiento. ¿Ha estado allí?

P. Sí, con Valerio Manfredi, que se puso a declamar trozos de su novela Alexandros

en el preciso lugar donde asesinaron a Filipo, en el teatro.

R. Vaya. Recordará la cabecita de marfil del lecho hallado en la tumba y que representa a Alejandro. Todo el ajuar funerario es asombroso. El larnax de oro con las cenizas, la coraza, las canilleras de bronce, la aljaba.

P. Se puso en duda el hallazgo.

R. Desde Estados Unidos, sobre todo, se atacó a los arqueólogos griegos y se dijo que la tumba no era la de Filipo sino la del medio hermano retrasado de Alejandro, Arrideo, hijo de Filipo y una amante tesalia, quizá una bailarina. Siempre es sano cuestionar las cosas, pero la tumba es sin duda la de Filipo.

P. Dice la tradición que Alejandro olía bien. Eso siempre me ha fascinado.

R. Se dice que desprendía un olor dulce. Pero ha de entender que no se trata de un rasgo personal, de hábitos de higiene, era algo divino, un símbolo de divinidad. Supongo que, en realidad, en batalla debía oler fatal.

P. Parece que era muy guapo.

R. ¿Guapo? En las imágenes lo es. Podemos creerlo o no. Era bajo. Quizá tenía grandes ojos o los exageraría. Las mujeres lo amaban, y algunos hombres. Pero ¿no nos amarían igualmente a usted y a mí de ser nosotros también reyes poderosos?

P. Se le ha calificado de "el James Dean de la antigüedad", ¿qué le parece?

R. Tiene gracia, ¿y por qué no el Douglas Fairbanks? Algo de estrella tenía, se anticipó a Hollywood, pero Alejandro no era un actor, era un rey.

P. ¿Cómo cree que murió?

R. Eso es un problema. En Alejandro nada es sencillo, ni su final. Desde que cayó enfermo hasta que murió transcurrieron dos semanas. Lo que parece un claro indicio de que no fue envenenado: hubiera sido muy arriesgado darle algo que no le matara rápidamente. La hipótesis del asesinato sirvió a los que aspiraban a sucederle para acusarse unos a otros.

P. Se ha propuesto que pudo morir de malaria.

R. ¿Una sola persona de todo el ejército? Habría habido más casos. Y el patrón de la enfermedad no coincide.

P. ¿La bebida, entonces? Parece que era un gran bebedor.

P. Desde luego no cuando dirigía su ejército. Una tradición achaca la muerte de Alejandro a sus vicios. Nunca he estado de acuerdo. Mi opinión es que murió por causas naturales. Alejandro era seguramente un hombre devastado por los esfuerzos. Había sufrido nueve heridas en diferentes partes del cuerpo. La verdad es que no podemos saber a ciencia cierta qué pasó. En el libro he tratado de barajar todas las hipótesis.

P. La tumba, el cuerpo, ¿dónde cree que están?

R. Era un gran mausoleo, en el área pública de Alejandría. Fue muy visitado en la antigüedad. Pero ha desaparecido. Quizá sigue ahí, bajo la ciudad moderna o en la vieja zona de los palacios que ha cubierto el agua. ¿Y dónde está, por cierto, la tumba de Hefestión, su amante? Se la concibió como uno de los monumentos más asombrosos del mundo antiguo. El monumento más grande jamás levantado para un novio.

P. Sorprende en Alejandro el equilibrio entre vehemencia y cálculo político.

R. Alejandro es impetuoso, ésa es su naturaleza, pero es además muy inteligente. Es rápido en captar las situaciones: su forma de tratar a la familia de Darío, a los sacerdotes egipcios, su gesto de restaurar monumentos, la magnanimidad que muestra con el enemigo que se rinde... hay en todo ello generosidad, sin duda, pero también mucha inteligencia, mucho arte del poder. Lo que hizo de incorporar iranios a la Administración del imperio, su idea de crear un imperio de los mejores sin tener en cuenta su procedencia, fue muy inusual, y muy inteligente. También es un conquistador, claro, pero es un error verlo sólo como el hombre de riesgo, el aventurero.

P. Venga, hablemos de su vida sexual.

R. A algunos historiadores les gustaría que sólo hubiera amado a hombres, chicos y eunucos. Pero amó a ambos sexos. Se enamoró de Roxana y de Hefestión. Tuvo amantes apasionados, dos esposas persas más y durmió con una reina india. ¡Afortunado mortal! También se dice que se acostó con una amazona, pero dejemos eso en el terreno de la leyenda.

P. Entonces, lo de Alejandro como icono gay...

R. La realidad es más poliédrica. Era joven, vital, conquistador del mundo: podía acostarse con quien quisiera, y lo hacía. Es cierto que Hefestión fue probablemente la relación verdadera más importante de su vida.

P. ¿Se recreaba a sí mismo Alejandro, se modelaba literariamente?

R. La gente lo hace. La gente cambia su vida y la modela por la literatura. Él eligió el ideal de un héroe homérico. En Troya, Alejandro hizo esperar al ejército para rendir tributo a sus modelos. Corrió desnudo hasta el sepulcro de Aquiles. El acto de un romántico. No era sólo propaganda. El macedonio era un reino homérico, en el que todas esas historias estaban muy vivas. Macedonia no era Atenas.

P. ¿Qué plan tenía? De haber podido, ¿hasta dónde hubiera ido?

R. Lo quería todo. Quiere ir hasta los confines del mundo. Explorar y conquistar hasta las cuatro esquinas del mundo. Va al Este pensando que el fin del mundo está en la India. Su siguiente paso era, obviamente, el Oeste. Pero su geografía era muy mala. En la India pensaba que estaba cerca de Egipto, y confundió el Hindu Kush con el Cáucaso de Prometeo.

P. Conquistarlo todo, pero ¿por qué?

R. Porque era glorioso. Por eso se da el nombre a las ciudades -él a sus más de veinte Alejandrías-. Por ser inmortal.

P. Había leído mucho a Homero.

R. Lo leyó demasiado literalmente.

P. ¿Quería morir joven, había una búsqueda irracional de eso?

R. No. La gloria era más importante que la vida, pero no, no hay una pulsión de muerte en Alejandro si se refiere a eso. Tenía muchos planes. No pararía.

P. No dejó precisamente las cosas bien atadas. Eso que dicen que contestó en el lecho de muerte cuando le preguntaron a quién le dejaba el reino: "Al más fuerte"...

R. Eso son leyendas, Alejandro seguramente murió sin poder hablar. No creo que pensara mucho en su sucesión. Era muy joven. Dudo que imaginara que le fuera a pasar algo. Ése es un rasgo típico de la juventud.

P. ¿No cree que hay algo irreductible en Alejandro, algo inexplicable?

R. Es posible. Pero tuvo suerte, y tres cosas que contaban mucho: ejército, oportunidad y ambición.

P. Su colega Bosworth, en su libro Alexander and the East

(Clarendon Press, 1996), pone el acento en el horror de las campañas de Alejandro y lo describe como un verdadero genocida. Dice que tenía "una estremecedora eficiencia en la matanza".

R. A Bosworth no le gusta Alejandro. Alejandro no buscaba la masacre. No era un déspota al uso corrompido por sus grandes conquistas. Si te rendías había honor. Sólo se mostró implacable con los que se obstinaron en resistírsele, los que cuestionaban su grandeza.

P. Un guerrero, un conquistador belicista, eso juega hoy contra él.

R. No nos gusta la conquista, los muertos; pero en el mundo de Alejandro la conquista era gloria. En mi libro hago una reinterpretación de Alejandro desde el punto de vista de su propia moralidad. No desde nuestro punto de vista moderno vegetariano y pacifista. Su identidad homérica, su identificación con Aquiles, no era irrelevante. Compartía esos valores heroicos. No tiene sentido criticar a Alejandro en relación con unos valores morales que, simplemente, entonces no existían. Hay que ver el mundo con sus ojos. Durante años estuvo de moda escribir viendo a Alejandro pequeño y no grande -¡Alejandro el Mínimo: qué error, qué estafa!-, y su imperio como un reino de terror. Pero Alejandro no era Stalin ni Hitler. Los años cincuenta proyectaron en Alejandro sus propios temores. Pero, si lees esos libros de entonces, te preguntas, ¿por qué la gente seguía a Alejandro? ¿Cómo alguien se sentiría fascinado por ese tipo? Por eso escribí mi libro, para explicarlo. Alejandro era un genio, un hombre extraordinario, como sabían todos en su tiempo. Me reprocharon que mi punto de vista era el de un inglés nostálgico del Imperio Británico. Están ciegos, no ven que Alejandro no es un imperialista ni un colonialista. Las interpretaciones cambian pero la antigüedad no, y no debemos traicionarla.

P. Usted es un caso único entre los historiadores de Alejandro: ha podido luchar bajo su mando, entre sus filas. ¡Eso es empirismo!

R. Hice de asesor de la película de Oliver Stone y durante el rodaje en Marruecos, en 2004, me dejó hacer de extra como soldado de caballería macedonio en la escena de la batalla de Gaugamela. Todos, menos yo, eran expertos jinetes, la mayoría españoles -aunque en realidad Alejandro no tuvo, claro, caballería hispánica, al revés que César, al que los compatriotas de usted le dieron grandes éxitos-. Cargué como uno más, con casco y lanza en mano. Una experiencia maravillosa, impagable para un historiador que difícilmente puede experimentar sobre el terreno el movimiento de masas militares. Mi caballo, por cierto, se llamaba Gladiador.

P. ¿Y qué tal los persas, estaban a la altura?

R. Eran figurantes franceses, así que era fácil matarlos.

P. ¿Qué le pareció la película?, aparte de su escena.

R. Oliver Stone admiraba mi libro pero tenía ideas propias. Se basó sólo en parte en mi Alejandro Magno. Hay cosas muy interesantes, te permite entender cómo eran las batallas antiguas, la escala. Eran ejércitos enormes, como no se volvieron a ver hasta la edad moderna. Yo me encontré cuestionándome asuntos de logística en los que usualmente no caes: ¿cómo alimentaban a toda esa gente?

P. Alejandro ha sido carne de novela histórica. ¿Qué opina del género y de cómo lo ha tratado?

R. El pasado siempre es más sorprendente que la imaginación del novelista. Ellos están muy anclados en su propio mundo y se toman a menudo excesivas licencias: ¡que las cosas pasaran hace sesenta generaciones no significa que no haya que respetar los hechos! Hablamos demasiado de la corrección política y poco de la corrección cronológica. Se viola demasiado a menudo el pasado.

P. ¿Hay alguna otra figura comparable a Alejandro?

R. ¿En la antigüedad? Se ha sugerido que Aníbal. La comparación con Julio César es interesante, pero éste no tenía la misma fuerza sobre el ejército, no era un rey. Después de la antigüedad... No. Alejandro era tan especial, tan capaz. Tenía un ojo geométrico, estupendo para el terreno, para dilucidar la forma de moverse y luchar en él. Para mí es el mejor, ¡sin duda!






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12.12.07

¿Es posible aprender historia clásica escuchando Heavy Metal?

Supongo que a estas alturas ya habreis intuido que este post va de divertimento.


Pues bien, vía el blog Capitán Alatriste, que como su nombre indica está dedicado a la obra de mi admirado D. Arturo Pérez Reverte, descubro su reciente querencia por el heavy metal, en la vertiente más historizante y catedralicia.

Una vez revisado el post que os he linkado, yo también me sorprendo al ver que entre este tipo de grupos musicales es relativamente frecuente utilizar referencias históricas en sus letras. Por lo visto, El Cantar de Mío Cid, las Termópilas y demás sucesos épicos de la Antigüedad no son extraños en los repertorios de grupos como Tierra Santa, Mago de Oz, y demás melenudos.

Pues bien, uno de estos grupos, quizás el más representativo de la lista, es Iron Maiden, epítome del heavy más acelerado y grandilocuente. Don Arturo, asombrado como yo, destaca una canción que lleva hasta el extremo esto de utilizar temáticas históricas.

La canción en cuestión se llama Alexander The Great, y os adjunto un videoclip (no oficial) que tiene la ventaja que incluye la letra.




Si la quereis para vuestro iPod, la teneis en el iTunes:
Iron Maiden - Somewhere In Time - Alexander The Great (356-323 B.C.)


Supongo que todavía no os habeis recuperado del susto, así que, para que efectivamente comprobeis que no estais soñando, os incluyo la letra, que como resumen de la biografía del Macedonio no está nada mal:

"Alexander, the Great"

Near to the east
In a part of ancient Greece
In an ancient land called Macedonia
Was born a son
To Philip of Macedon
The legend his name was Alexander

At the age of nineteen
He became the Macedon King
And he swore to free all of Asia Minor
By the Aegian Sea
In 334 B.C.
He utterly beat the armies of Persia

[Chorus:]
Alexander the Great
His name struck fear into hearts of men
Alexander the Great
Became a legend 'mongst mortal men

King Darius the third
Defeated fled Persia
The Scythians fell by the river Jaxartes
Then Egypt fell to the Macedon King as well
And he founded the city called Alexandria

By the Tigris river
He met King Darius again
And crushed him again in the battle of Arbela
Entering Babylon
And Susa, treasures he found
Took Persepolis the capital of Persia

[Chorus:]
Alexander the Great
His name struck fear into hearts of men
Alexander the Great
Became a God amongst mortal men

A Phrygian King had bound a chariot yoke
And Alexander cut the 'Gordian knot'
And legend said that who untied the knot
He would become the master of Asia

Hellenism he spread far and wide
The Macedonian learned mind
Their culture was a western way of life
He paved the way for Christianity

Marching on, marching on
The battle weary marching side by side
Alexander's army line by line
They wouldn't follow him to India
Tired of the combat, pain and the glory

Alexander the Great
His name struck fear into hearts of men
Alexander the Great
He died of fever in Babylon

Si la quereis para vuestro iPod, la teneis en el iTunes:
Iron Maiden - Somewhere In Time - Alexander The Great (356-323 B.C.)




La nueva forma de entender la historia

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17.9.07

Citas célebres: Alejandro Magno

"Zeus es por Naturaleza padre de todos, pero a los mejores los adopta como propios"

("Anábasis de Alejandro", Arriano, 6.19.4)


Arriano le atribuye esta frase al rey macedonio, quien justificaba así la inclusión dentro de su ejército de tropas no exclusivamente macedonias. El motivo de estas nuevas incorporaciones en su armada era bien simple: Iniciada su cabalgada hacia el Este, las continuas batallas, enfermedades y vicisitudes, supusieron un auténtico drenaje del número de soldados macedonios. Por ello, incorporar nuevos soldados e incluso tropas mercenarias pasó a ser una necesidad.

Lo que acabó alarmando a los generales de Alejandro fue cuando la entrada de nuevos soldados se vió acompañada de la promoción de los mejores de estos "extranjeros bárbaros" a oficiales y generales. Persas, bactrianos e indios pasaron a engrosar las filas del alto mando y claro, para los rudos oficiales macedonios esto era difícil de asumir. Argumentos como la Cita de hoy, así como la autoridad indiscutible de Alejandro, ayudaron a instaurar un cierto régimen meritocrático en las filas de los de Pella.

De todas formas, esto nos apunta ya que el mayor factor de cohesión del invencible ejército macedonio fue el propio Alejandro, pero que una vez muerto éste, las disensiones y las rivalidades por sucederle acabarían por romper los lazos que lo mantenían unido, pero de eso ya hablaremos en otro post...


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3.7.07

Citas célebres: Alejandro Magno

"A mi padre le debo el vivir, pero a mi maestro le debo el vivir bien"

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27.6.07

Los portentos que siguieron al nacimiento de Alejandro

Para los antiguos, los portentos o augurios eran extremadamente importantes, ya que les permitían interpretar cada suceso y saber si era del agrado de los dioses o no. Muchos siglos después, no nos es posible saber si dichos sucesos prodigiosos tuvieron lugar realmente, o si bien, fueron añadidos después a cada texto histórico como una forma de adornar cada biografía con una pincelada mítica adicional.

Esto lo podemos entender fácilmente si repasamos un hecho ciertamente trascendental desde un punto de vista hitórico: El nacimiento de Alejandro.

Un nacimiento así no podía ser como los demás. Un personaje tan insigne debía llegar al mundo envuelto por un aura cuasi mítica, acompañado de sucesos que lo relacionaran con dioses y héroes.

Así nos lo explica en inmortal Plutarco, en el capítulo dedicado a Alejandro en su gran obra "Las vidas paralelas"...

Parecióle a la esposa que antes de la noche en que se reunieron en el tálamo nupcial, habiendo tronado, le cayó un rayo en el vientre, y que de golpe se encendió mucho fuego, el cual, dividiéndose después en llamas, que se esparcieron por todas partes, se disipó. Filipo, algún tiempo después de celebrado el matrimonio, tuvo un sueño, en el que le pareció que sellaba el vientre de su mujer, y que el sello tenía grabada, la imagen de un león. Los demás adivinos no creían que aquella visión significase otra cosa sino que Filipo necesitaba una vigilancia más atenta en su matrimonio; pero Aristandro de Telmeso dijo que aquello significaba estar Olimpia encinta, pues lo que está vacío no se sella, y que lo estaba de un niño valeroso y parecido en su índole a los leones. Vióse también un dragón, que estando dormida Olimpia se le enredó al cuerpo, de donde provino, dicen, que se amortiguase el amor y cariño de Filipo, que escaseaba el reposar con ella; bien fuera por temer que usara de algunos encantamientos y maleficios contra él, o bien porque tuviera reparo en dormir con una mujer que se había ayuntado con un ser de naturaleza superior.
... y continúa diciendo:

Nació, pues, Alejandro en el mes Hecatombeón, al que llamaban los Macedonios Loo, en el día sexto, el mismo en que se abrasó el templo de Ártemis de Éfeso, lo que dio ocasión a Hegesias el Magnesio para usar de un chiste que hubiera podido por su frialdad apagar aquel incendio: porque dijo que no era extraño haberse quemado el templo estando Ártemis ocupada en asistir el nacimiento de Alejandro. Todos cuantos magos se hallaron a la sazón en Éfeso, teniendo el Suceso del templo por indicio de otro mal, corrían lastimándose los rostros y diciendo a voces que aquel día había producido otra gran desventura para el Asia. Acababa Filipo de tomar a Potidea, cuando a un tiempo recibió tres noticias: que había vencido a los Ilirios en una gran batalla por medio de Parmenión, que en los Juegos Olímpicos había vencido con caballo de montar, y que había nacido Alejandro. Estaba regocijado con ellas, como era natural, y los adivinos acrecentaron todavía más su alegría manifestándole que aquel niño nacido entre tres victorias sería invencible.

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31.5.07

Alejandro


alexander the great, originally uploaded by casanova-april.

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29.5.07

La mano de Alejandro

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16.5.07

La Naturaleza ayudó a Alejandro Magno a conquistar la isla de Tiro

Noticia que aparece hoy en elMundo.es

OLALLA CERNUDA (elmundo.es)

MADRID.- En el año 332 a.C, Tiro era la ciudad-estado fenicia más importante. Tenía cerca de 40.000 habitantes, que basaban parte de su prosperidad económica en la envidiable situación geográfica de la isla, con dos puertos fortificados ubicados frente a la costa y rodeada por una gigantesca muralla de unos 45 metros de alto. Unos elementos que lograron que el prácticamente invencible Alejandro Magno tardara casi siete meses en tomarla. Y no lo hizo sólo gracias a sus tropas. Las fuerzas de la Naturaleza jugaron un importante papel.

Según un estudio del Centro Europeo de Investigación y Enseñanza de Geociencias del Medioambiente en Aix-en-Provence (Francia of the National Academy of Sciences' (PNAS), además de la 'maña' de los ingenieros del conquistador macedonio, que construyeron un paso elevado de un kilómetro que unía el territorio fenicio a la antigua isla de Tiro, al sur de Beirut (Lïbano), las fuerzas de la Naturaleza se pusieron de su lado para permitirle tomar la ciudad.


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