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17.6.08

La batalla de Cannas

Como ya sabeis, de vez en cuando los editores de la Wikipedia nos regalan un artículo de esos que hacen historia, bien trabajado, estructurado con detalle, excelentemente documentado y completado con buenos gráficos. La edición inglesa es más proclive a este tipo de joyas eruditas, pero recientemente la española, con buen pulso y mejor acierto, se ha apuntado también a este esfuerzo editorial.

Como muestra un botón: Destacan hoy en la homepage de la wikipedia en español un magnífico artículo sobre la Batalla de Cannas, decisivo encuentro entre las tropas de Aníbal y Roma, momento raro de la historia, que ha quedado perfectamente resumido en ese dicho popular de "Aníbal ganó la batalla pero Roma ganó la guerra". Os extraigo la introducción al artículo y os animo a continuar su lectura en la wikipedia:


La batalla de Cannas (o Cannæ) fue un importante encuentro armado ocurrido en Italia el 2 de agosto del año 216 a. C., entre el ejército púnico comandado por Aníbal Barca, y las tropas romanas dirigidas por los cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, en el marco de la Segunda Guerra Púnica. La batalla tuvo lugar en la ciudad de Cannas, en Apulia, al sudeste de Italia. En ella, el ejército cartaginés al mando de Aníbal derrotó al ejército romano bajo el mando de los cónsules Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón, a pesar de la acusada inferioridad numérica de los cartagineses. Tras la batalla de Cannas, Capua y varias otras ciudades estado italianas abandonaron el bando de la República romana.

A pesar de que la batalla no supuso finalmente la victoria cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica, se la recuerda como una de los más grandes eventos de táctica militar en la historia, y la más grande derrota de la historia de Roma.

Tras recuperarse de las pérdidas de las anteriores batallas y, en concreto, de la batalla del Trebia (218 a. C.) y la batalla del Lago Trasimeno (217 a. C.), los romanos decidieron enfrentarse a Aníbal en Cannas con aproximadamente 87.000 soldados romanos y aliados. Con su ala derecha desplegada cerca del río Aufidus (hoy llamado río Ofanto), los romanos colocaron a su caballería en los flancos y agruparon su infantería pesada en el centro, en una formación con mayor profundidad de lo normal.

Para contrarrestar ese plan, Aníbal utilizó una táctica de tenaza. Colocó a la infantería en la que confiaba menos en el centro, con los flancos compuestos de caballería cartaginesa. Antes de enfrentarse a los romanos, sin embargo, sus líneas fueron adoptando una forma de luna creciente, haciendo avanzar a sus tropas veteranas de los laterales.

En el momento álgido de la batalla, las tropas cartaginesas del centro de la formación se retiraron ante el avance de los romanos y, al avanzar éstos, se encontraron sin darse cuenta dentro de un largo arco de enemigos que les rodeaban. Atacados desde todos los flancos y sin vía de escape, el ejército romano fue destruido. Se estima que entre 60.000 y 70.000 romanos murieron o fueron capturados en Cannas, incluyendo al cónsul Lucio Emilio Paulo y a ochenta senadores romanos.




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18.2.08

Un campamento militar de Aníbal en Valencia

Visto en el diario Las provincias de Valencia, gracias a la Túnica de Neso



El estratega cartaginés Aníbal organizó su ejército junto al Turia, justo en el solar ubicado entre las calles Bilbao y Ruaya donde el martes se anunció el descubrimiento de unos restos del siglo III a. C., los más antiguos hasta ahora encontrados en la ciudad. Al menos esta es una de las hipótesis que bajaran el equipo de arqueólogos.

El feroz ejército de 70.000 soldados norteafricanos e iberos a lomos de elefantes cruzó la Península para enfrentarse a los romanos en la segunda guerra púnica entre los años 219 a. C. y 201 a C. Fechas que coinciden con las vasijas de cerámica y la balsa de agua encontradas en la excavación del barrio de Morvedre. "Son hipótesis de trabajo, pero la existencia de dos monedas de la dinastía Bárquida, en época de Aníbal y la gran cantidad de vasijas de cerámica púnica del norte de África y de Siria, nos inducen a pensar que puede tratarse de un campamento militar", explicó ayer la codirectora de la excavación, Marisa Serrano.

El escenario donde están trabajando los arqueólogos también coincide con la Vía Hercúlea, que posteriormente sería la Vía Augusta, la autopista de la época, por donde Aníbal cruzó desde el norte de África, pasando por los Pirineos, hasta llegar a Italia para combatir con el ejército romano. "Hace unos años encontramos parte de este camino junto a la calle Sagunto, por eso la presencia de esta balsa y la cerámica podrían ser de un campamento militar", afirmaron expertos arqueólogos.

La excavación todavía no ha concluido, por lo que es aventurado afirmar categóricamente esta hipótesis, pero el análisis de las piezas y las impresiones de los expertos llegados desde todas partes de España hasta la excavación de la calle Ruaya, le dan más fuerza. "Los iberos solían ubicarse en zonas más altas y no junto a un marjal como era la Valencia de aquellos tiempos. Estos poblados se alejaban del agua para evitar contraer el paludismo, por eso buscaban lugares elevados como Sagunto, Lliria o Cheste", explicó ayer otro experto arqueólogo.

Las dos monedas Bárquidas, la segunda encontrada el miércoles, son las que están dando más información. "Estamos estudiando si están muy desgastadas. Además, otro de los indicios que nos revelan esta hipótesis es que las vasijas encontradas no son las habituales del ajuar doméstico con las que cocinaban los poblados iberos", explicó Marisa Serrano.


Balsa para los elefantes
De momento tampoco se ha localizado edificación alguna y sí restos de una empalizada y la balsa de agua donde se supone que los elefantes bebían agua.

Los cartagineses decidieron atacar a los romanos por tierra y no por mar dada la superioridad naval de estos últimos, por eso el ejército, encabezado por Aníbal, cruzó toda la Península Ibérica, atravesó los Alpes en invierno y atacó por sorpresa en primavera tomando Turín con un desgastado ejército tras numerosas bajas del que solo quedaron 26.000 soldados.

Siguiendo la historia, la Península Ibérica fue la mejor colonia y base militar de Cartago, "pero también el influjo púnico fue grande sobre los poblados iberos en la dinastía Bárquida. Además, estas personas formaron importantes ejércitos reclutando un elevado número de soldados de la población ibera", explicó Marisa Serrano.

Los arqueólogos seguirán estudiando y analizando el material encontrado hasta el momento. "Es muy importante saber la extensión y cúanto tiempo estuvo el asentamiento en Valencia, eso nos revelará si se trató de un poblado ibero o de un campamento provisional militar. En el caso de ser el segundo debería haber más indicios con otros restos de edificación y vasijas de otras épocas", aseguró Marisa Serrano.

Los arqueólogos calculan que estarán trabajando durante los próximos cinco meses. "En un principio íbamos a continuar por los restos de época musulmana, que también hemos encontrado en este punto, pero debido a la transcendencia del hallazgo vamos a cambiar el método de trabajo y seguiremos actuando en este enclave para determinar el origen de estas piezas", explicó.

Sea un poblado ibero o militar púnico, lo cierto es que junto al Turia se han encontrado restos datados entre finales del III y principios del siglo IV, los más antiguos de la ciudad. Hasta el momento los de mayor antigüedad estaban en la Almoina.

Esta no es la primera vez que los arqueólogos se han topado con piezas de esta época. Hace unos años los expertos encontraron en las inmediaciones de la calle Sagunto unos restos ligeramente posteriores, del siglo II a. C. (entre el año 195 y 160 a C). Más tarde también hallaron unas ánforas sumergidas en la playa de la Malvarrosa datadas en el siglo VI a.C. y de época etrusca, pero estas no guardan relación alguna con la ciudad porque pertenecían a una embarcación hundida.



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30.10.07

Encuentran restos en Tarragona del primer campamento militar romano en la Península Ibérica

Artículo publicado en laVanguardia.es


Barcelona. (EUROPA PRESS).-

El profesor asociado del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología Jaume Noguera ha encontrado restos del que seguramente fue el primer campamento militar romano en la Península Ibérica, situado en una terraza fluvial del río Ebro dentro del término municipal de la Palma de l'Aldea (Tarragona), según informó la Universitat de Barcelona (UB). El campamento, que fue descubierto a principios de 2006 y en el que se han llevado a cabo dos intervenciones arqueológicas, pertenece a la Segunda Guerra Púnica, fechada entre el 217 y el 209 a.C. y que, según el profesor Noguera, «se trata sin duda de uno de los campamentos de Publio Cornelio Escipión el Africano».

Para el historiador, «se trata de un campamento de grandes dimensiones donde Escipión reunió en 209 a.C. un potente ejército de 25.000 hombres, con los que conquistó Cartago Nova (Cartagena)». El espacio acotado de investigación ocupa 7 hectáreas, aunque el campamento pudo llegar a las 30.

El campamento estaba situado en un enclave de alto valor estratégico, a los pies de la antigua Vía Heraclia, que más tarde se transformó en la Vía Augusta, y vigilante del tráfico fluvial.

El historiador asegura que se trata de un «campamento de campaña relacionado con un conflicto, construido tras un foso, y con una empalizada de troncos sobre un talud», lo que provoca que no se haya encontrado nada de la estructura, pero sí atuendos y pertenencias de los militares que lo habitaban.

Los hallazgos numismáticos son una de las pruebas fehacientes de la existencia del campamento, con piezas raras y únicas como un tetradracma helenístico de Ptolomeo o una moneda romano-campana, así como muchas monedas cartaginesas de los tropas derrotadas.

Durante la Segunda Guerra Púnica (219-201 a.C.) el curso inferior del río Ebro constituyó uno de los escenarios más importantes del conflicto. Anibal había atravesado los Pirineos y los Alpes con un poderoso ejército y amenazaba Roma y ésta contraatacó en el dominio mediterráneo con batallas en la costa tarraconense. Jaume Noguera ha utilizado para sus investigaciones los escritos de Tito Livio y Polibio.

En noviembre, Noguera iniciará una segunda línea de prospecciones en el Castell de Banyoles, en el término municipal de Tivissa (Tarragona), el yacimiento ibérico más grande de las Terres de l'Ebre y que se cree que fue destruido por los romanos al final de la Segunda Guerra Púnica.




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2.10.07

El Corvus ... abordajes a la romana

Si algo caracterizó al ejército romano durante los primeros siglos de su existencia fue su carácter eminentemente terrestre. No fue hasta el s. III aC que la República se vió forzada a desenvolverse en un medio que le era desconocido, dado su enfrentamiento con Cartago. Superadas las derrotas iniciales, los romanos desarrollaron una serie de técnicas que con el tiempo les dieron el control del Mediterráneo. ¿La más pintoresca? El corvus. Esta era un arma de la marina de guerra romana destinada al abordaje. De origen griego, era una especie de garfio con que se enganchaba a los buques enemigos.

Según Polibio (adjunto texto al final del post), el cónsul Cayo Duilio lo utilizó de forma exitosa. En este caso era un mástil de siete metros colocado en la proa del buque un poco inclinado hacia el mar. Con dos roldanas, y por medio de un cabo que pasaba por la primera de estas, se podía levantar o bajar una especie de puente levadizo que se movía de arriba a abajo mediante el pequeño mástil. Este estaba sujeto, y por la segunda roldana pasaba otro cabo a cuyo extremo iba atado un pesado pilón de hierro que caía contra el buque enemigo, perforando la cubierta y sujetándolo. Cuando el arpón o pilón encadenaba los buques de tal suerte que se tocaban sus costados, los soldados romanos saltaban como podían al abordaje. Los primeros soldados en pasar a través de la pasarela colocaban sus escudos como protección a los lados de la barandilla. El resto de tropas podían abordar el barco bajo resguardo.

Tras las Guerras Púnicas y la batalla del Cabo Ecnomo (256 adC) ya nunca más se volvió a utilizar este invento, dejando de ser mencionado en las fuentes clásicas, debido principalmente a la mayor pericia en otras técnicas de combate y a que restaba estabilidad a los barcos frente a tempestades.

Como supongo que esta lectura no os habrá sido suficiente, os adjunto el relato que Polibio nos hace de tan eficaz artilugio...

"... Los romanos después, acercándose a las costas de Sicilia y enterados de la desgracia ocurrida a Cneio, dan aviso al instante a C. Duilio, que mandaba las tropas de tierra, y esperan su llegada. Al mismo tiempo, oyendo que no estaba distante la escuadra enemiga, se aprestan para el combate. Sin duda al ver sus navíos de una construcción tosca y de lentos movimientos, les sugirió alguno el invento para la batalla, que después se llamó cuervo; cuyo sistema era de esta manera: se ponía sobre la proa del navío una viga redonda, cuatro varas de larga y tres palmos de diámetro de ancha; en el extremo superior tenía una polea, y alrededor estaba clavada una escalera de tablas atravesadas, cuatro pies de ancha y seis varas de larga. El agujero del entablado era oblongo y rodeaba la viga desde las dos primeras varas de la escalera. A lo largo de los dos costados tenía una baranda que llegaba hasta las rodillas, y en su extremo una especie de pilón de hierro que remataba en punta, de donde pendía una argolla; de suerte que toda ella se asemejaba a las máquinas con que se muele la harina. De esta argolla pendía una maroma, con la cual, levantando los cuervos por medio de la polea que estaba en la viga, los dejaban caer en los embestimientos de los navíos sobre la cubierta de la nave contraria, unas veces sobre la proa, otras haciendo un círculo sobre los costados, según los diferentes encuentros. Cuando los cuervos, clavados en las tablas de las cubiertas, cogían algún navío, si los costados se llegaban a unir uno con otro, le abordaban por todas partes; pero si lo aferraban por la proa, saltaban en él de dos en dos por la misma máquina. Los primeros de éstos se defendían con sus escudos de los golpes que venían directos, y los segundos, poniendo sus rodelas sobre la baranda, prevenían los costados de los oblicuos. De este modo dispuestos, no esperaban más que la ocasión de combatir.
Al punto que supo C. Duilio el descalabro del jefe de la escuadra, entregando el mando de las tropas de tierra a los tribunos, dirigióse a la armada, e informado de que los enemigos talaban los campos de Mila, salió del puerto con toda ella. Los cartagineses, a su vista, ponen a la vela con gozo y diligencia ciento treinta navíos, y despreciando la impericia de los romanos no se dignan poner en orden de batalla, antes bien, como que iban a un despojo seguro, navegan todos vuelta las proas a sus contrarios. Mandábalos Aníbal, el mismo que había sacado de noche sus tropas de Agrigento. Mandaba una galera de siete órdenes de remos, que había sido del rey Pirro. Al principio los cartagineses se sorprendieron de ver, al tiempo que se iban acercando los cuervos levantados sobre las proas de cada navío, extrañando la estructura de semejantes máquinas. Sin embargo, llenos de un sumo desprecio por sus contrarios, acometieron con valor a los que iban en la vanguardia. Pero al ver que todos los buques que se acercaban quedaban atenazados por las máquinas, que estas mismas servían de conducto para pasar las tropas y que se llegaba a las manos sobre los puentes, parte de los cartagineses fueron muertos, parte asombrados con lo sucedido se rindieron. Fue esta acción semejante a un combate de tierra. Perdieron los treinta navíos que primero entraron en combate, con sus tripulaciones. Entre ellos fue también tomado el que mandaba Aníbal; pero él escapó con arrojo en un bote como por milagro. El resto de la armada vigilaba con el fin de atacar al enemigo, pero advirtiéndoles la proximidad el estrago de su primera línea, se apartó y estudió los choques de las máquinas. No obstante fiados en la agilidad de sus buques, contaban poder acometer sin peligro al enemigo, rodeándole unos por los costados y otros por la popa. Mas viendo que por todas partes se les oponían y amenazaban estas máquinas y que inevitablemente habían de ser asidos los que se acercasen, atónitos con la novedad de lo ocurrido, toman al fin la huida, después de perder en la acción cincuenta naves. Los romanos, lograda una victoria tan inverosímil en el mar, concibieron doblado valor y espíritu para proseguir la guerra... "

[Historias, Libro I, 22, 3.]





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18.6.07

La ruina de Cartago... y el fin de las civilizaciones

Otro texto cuidadosamente escogido por Arturo Herrera, un fiel lector chileno. Este texto nos describe el momento en que Escipión, tras derrotar definitivamente a los púnicos, entra en una Cartago que está siendo saqueada y asolada por sus tropas. Asistir a la caida de una ciudad legendaria, aunque enemiga, provoca en Escipión un sentimiento agridulce, que le lleva a pensar en que toda civilización, toda gran polis, tiene fecha de caducidad, y que lo que en ese día ven sus ojos en Cartago, bien podría pasarle en Roma en un futuro indeterminado.

Esta reflexión acerca del fin de las civilizaciones, tan presente y tan actual, es sin duda uno de los mantras que todo político o estadista que se precie debería tener grabado al fuego en su mente. Disfrutad con la breve pero intensa lectura:

"Escipión, al ver que la ciudad llegaba entre las llamas a su ruina (Cartago), rompió a llorar, según se dice, y a derramar lágrimas por los enemigos. Estuvo largo rato meditando en su interior al ver que las ciudades, las naciones y todos los imperios deben perecer al igual que los hombres. Esto sucedió a Ilion, ciudad feliz antaño, y a los imperios de asirios, medos y persas, y al que después de éstos llegó a ser el más grande y refulgente de todos, el de Macedonia; y, ya fuera de propósito o porque se le escaparan, comenzó a recitar estos versos:

Día vendrá en que la antigua ciudad de Troya ha de caer, y Príamo el rey bien armado de lanzas, y el pueblo troyano. ( Il. VI448)

Y cuando Polibio que había sido su tutor, le preguntó abiertamente que quería decir con esas palabras, es fama que no dio el nombre de Roma claramente, pero con seguridad temía para ella la suerte de las cosas humanas..."

Polibio de Megapolis, Historias, L. XXXVIII, 22.



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3.6.07

No hay piedad para los vencidos...

A continuación uno de los textos más estremecedores de la literatura latina. En él, Apiano nos narra la entrada de los romanos en Cartago...

A continuación, se sucedieron otras escenas de terror. El fuego devoraba y se llevaba todo a su paso, y los soldados no derrumbaban los edificios poco a poco, sino que los echaban abajo todos juntos. Por ello, el ruido era mucho mayor y, junto con las piedras, caían también en el medio los cadáveres amontonados. Otros estaban todavía vivos, en especial ancianos, niños y mujeres que se habían ocultado en los rincones más profundos de las casas, algunos heridos y otros más o menos quemados dejando escapar terribles gritos. Otros arrastrados desde una altura tan grande con las piedras, maderas y fuego, sufrieron, al caer, toda suerte de horrores, llenos de fracturas y despedazados. Y ni siquiera esto supuso el final de sus desgracias. En efecto, los encargados de la limpieza de las calles, al remover los escombros con hachas, machetes y picas, a fin de dejarlas transitables para las fuerzas de ataque, golpeaban unos con las hachas y machetes y otros con la punta de las picas a los muertos y a los que todavía estaban vivos en los huecos del suelo, apartándolos como a la madera y las piedras y dándoles la vuelta con el hierro, y el hombre servía de relleno a los fosos. Algunos fueron arrojados de cabeza, y sus piernas, sobresaliendo del suelo, se agitaban con convulsiones durante mucho tiempo. Otros cayeron de pie con la cabeza por encima del nivel del suelo y los caballos, al pasar sobre ellos, les destrozaban la cara o el encéfalo, no por voluntad de sus jinetes, sino a causa de su prisa, puesto que tampoco los que limpiaban las calles hacían todo esto voluntariamente...

Apiano Líbica 129.

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22.4.07

Carthago delenda est

Carthago delenda est ("Cartago debe ser destruida") es una de las frases latinas más conocidas, usada hasta la saciedad en el Senado romano para llamar a la campaña bélica final contra la capital púnica.

Aunque los romanos habían salido victoriosos de las 2 primeras campañas púnicas, su deseo de dominación total sobre el arco mediterráneo les llevaba a guardar todavía suspicacias, justificadas o no, sobre la capital cartaginesa. La expresión "Carthago delenda est" no hace más que reflejar esta voluntad no sólo de vencer, si no de llevar la victoria hasta el extremo de que no quedara la más mínima posibilidad de recuperación del antagónico enemigo romano.

Existen 2 versiones de la famosa frase: La más popular "Carthago delenda est" y la más extensa "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam". Aunque las fuentes clásicas no nos transmiten la redacción exacta de la frase, sí que podemos aproximarnos a ella a partir de los diversos testimonios que nos explican que Catón el Viejo acostumbraba a finalizar así sus discursos en el Senado.

El resultado de la Tercera Guerra Púnica es de sobras conocido: La destrucción final de Cartago y la venta como esclavos de los pocos habitantes supervivientes a la masacre posterior a la batalla. Desconocemos si efectivamente la ciudad y sus campos fueron cubiertos de sal, para dejarlos inermes, pero de buen seguro no fue de las peores cosas que le hicieron a la ya mítica ciudad.

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10.4.07

Escipión, la mejor defensa, el ataque

Santiago Madrazo, colaborador ínclito de HC.com, me hace llegar una curiosa reflexión acerca de la victoria de Escipión sobre Aníbal. Su tesis: La audacia de Escipión, que se lanzó al ataque del corazón cartaginés, fue el principal motivo de la victoria final romana.

Disfrutad con la lectura:

Hubo varios generales que combatieron a Aníbal durante la segunda guerra púnica; El que al final pasa a la historia con mayúsculas es Publio Cornelio Escipión "el africano", que sometió Cartago con una estrategia no sólo de batalla. Viéndose Roma, la propia ciudad, en peligro de asedio, Escipión optó (con permiso del senado y tras haber conquistado el principal asentamiento cartaginés en Hispania, Cartago Nova, ahora Cartagena) por atacar Cartago. En lugar de seguir hacia el norte por Hispania siguiendo los pasos de Aníbal, eligió atacar Cartago, no desde Hispania, sino conquistando primero Sicilia, lo que le costó no pocos esfuerzos. Así, forzó la suerte esperando que Aníbal tuviese que regresar (perdiendo los territorios que había conquistado) lo que así sucedió, pues efectivamente el gobierno de Cartago llamó a Aníbal. Si los romanos se hubiesen concentrado en la defensa de Roma en vez de usar el ataque como defensa, seguramente Roma hubiera derrotado a Aníbal, pero Cartago y la segunda Guerra Púnica hubiesen durado mucho más. Ahora bién, si Aníbal no triunfó fué por las divisiones dentro de su propio pueblo, no por ser peor estratega. Al final la guerra dependió de una sola batalla que Escipión tuvo tiempo de preparar...Roma vinci.

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12.2.07

Las guerras púnicas v2.0

El post del otro día, en que comparaba la popularidad de Paris Hilton con la de Julio César, generó un cierto revuelo y bastante interés. Hoy vuelvo a la carga con estas comparativas subjetivas, y aplico la misma lógica ilógica a un tema de esos que generan encendidos debates: Las guerras púnicas... ¿Roma o Cartago? ¿Hanibal o Escipión?

Vamos allá...

Primera batalla: Google Trends
Una primera comparativa en el Google Trends no arroja resultados determinantes (ver comparativa) : Escipión aparece con una cierta ventaja sobre Hanibal, pero no determinante... de momento empate técnico entre ambos contendientes...

Segundo round: Google Search
Aquí el tema se decanta ya más... una búsqueda por el concepto "Aníbal Barca" arroja el resultado de 158.000 links, mientras que una búsqueda por el concepto "Escipión el Africano" se queda en una decepcionante cifra de 37.900 links...

Tercer y definitivo round: GoogleFight
Aquí el resultado ya es espectacular... Escipión es vilmente arrollado por los elefantes del púnico...


Ni Trebio, ni Trasimeno, ni Cannae, ni Zama, ni los elefantes de uno, ni las legiones del otro... la historia dictamina que de los 2 generales contendientes, el que pasa al olimpo de los estrategas militares es el cartaginés.

Conclusión: Ganar la batalla final de una guerra no implica ganar la guerra de la historia

... un poco rimbonbante, pero me gusta



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19.1.07

La batalla de Cannae



Recordamos hoy uno de los episodios más míticos de la historia de Roma: Las Guerras Púnicas. Lo hacemos vía esta breve reconstrucción de la batalla de Cannae, muestra del genio militar de Anibal Barca.

Cannae significó muchas cosas, pero sin duda marcó un punto de inflexión en la organización militar romana, hasta el momento pesada y monolítica, y posteriormente y de forma gradual, cada vez más flexible.

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La batalla de Zama

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