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25.6.08

La caida de Jerusalén

La Primera Guerra Judeo-Romana, también llamada Gran Revuelta Judía, fue la primera de las tres principales rebeliones de los judíos de la provincia de Judea contra el Imperio Romano.

Comenzó en el año 66, a causa de las tensiones religiosas entre Romanos y Judíos. Terminó cuando las legiones romanas, comandadas por Tito, asediaron y destruyeron Jerusalén, saquearon e incendiaron el Templo de Jerusalén (en el año 70), demolieron las principales fortalezas judías (especialmente Masada, en el año 73), y esclavizaron o masacraron a gran parte de la población judía.

Conocemos los detalles de esta revuelta por el relato de Flavio Josefo, un jefe militar judío que, tras rendirse a los romanos en el 67, pasó a formar parte del séquito del general Tito, asistiendo al desarrollo de la campaña desde las filas romanas. Es por tanto un testimonio de excepción, de alguien que ha vivido el conflicto militar desde los 2 bandos.

En el capítulo 18 de su libro VII, Josefo hace un resumen de la historia de Jerusalén y su caida...

"Así, pues, fué tomada la ciudad de Jerusalén el segundo año del imperio de Vespasiano, a ocho días del mes de septiembre, y habiendo sido antes tomada cinco veces, ahora fué del todo destruida.

El rey de Egipto Asocheo, y después Antíoco, luego Pompeyo, y después Sosio y Herodes, la tomaron también y la conservaron; pero primero fué destruida antes por el rey de Babilonia, después de mil trescientos sesenta años, ocho meses y seis días después que fué fundada.

El primero que la edificó o fundó fué un poderoso cananeo llamado Melchisedech, que quiere decir varón justo en lengua de la patria, y era ciertamente tal; por lo cual fué el primero que sirvió y administró a Dios el sacerdocio, y comenzando éste a edificar el templo, llamó la ciudad Jerusalén, porque antes se llamaba Sol ima.

Echado después el pueblo de los cananeos, el rey David la entregó a su pueblo, y cuatrocientos sesenta y cuatro años después y tres meses más fué destruida y derribada por los de Babilonia.

Después del rey David, que fué el primer rey judío que reinó en ella, hasta esta destrucción hecha por Tito, pasaron mil ciento treinta y nueve años, y de su primera fundación hasta su última destrucción, dos mil ciento setenta y siete años, pero no le valió, en fin, su antigüedad. ni sus riquezas, ni la fama divulgada por todo el universo, ni la gloria grande de su religión, para que no fuese destruida y pereciese; éste fué, pues, el fin del cerco y destrucción de Jerusalén.

No teniendo ya el ejército a quién matar, ni qué robar, porque a la ira que en sus ánimos contra los judíos tenían todo parecía faltarles, pues por más que tuvieran otra cosa en qué ocuparse lo dejaran de hacer, mandóles Tito que acabasen de destruirla toda y todo el templo también, dejando solamente aquellas torres que eran más altas que todas las otras; la una de Faselo, la otra de Hipico, y la tercera la de Mariamma; y tanto también del muro, cuanto cercaba la ciudad por la parte de Occidente. Este por que sirviese de fuerte a los que quedasen allí de guarnición, y las torres para que mostrasen a los que habían de suceder en los siglos por venir, qué ciudad y cuán guarnecida y abastada de toda cosa hubiesen ganado y sujetado los romanos.

Derribaron todo el otro cerco de la ciudad, y de tal manera la allanaron toda, que cuantos a ella se llegasen apenas creerían haber sido habitada en algún tiempo.

La imprudencia y locura de los revolvedores del pueblo y de los que amaban innovar las cosas, fué el fin y destrucción de Jerusalén, ciudad muy principal y de gran nombre, loada y predicada entre todos los hombres del mundo."


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18.6.08

Descripción del carácter del emperador Justiniano

Hace unos días os publiqué un breve extracto de la Historia Secreta, de Procopio de Cesárea, que introducía las maquinaciones de la emperatriz Teodora en la corte bizantina. Aunque como todo texto histórico hay que cogerlo con pinzas y ojo crítico, me sirvió para apuntar uno de los rasgos más arquetípicos de la corte bizantina: La propensión a la intriga palaciega. Para acabar de redondear el tema, os extraigo hoy otro fragmento, donde se hace una descripción del carácter de su marido, el célebre emperador Justiniano... la verdad es que las palabras de Procopio le hacen a uno cuestionarse si vale la pena pasar a la historia de esta manera...

" Tal que así era Justiniano en apariencia; pero su carácter era algo que no pude describir completamente. Pues era a la vez vil y malhechor ; como la gente dice coloquialmente, un pervertido moral. Él nunca era sincero con nadie, sino siempre insidioso en lo que decía y hacía, pero fácilmente ciego ante cualquiera que deseara engañarlo. Su naturaleza era una mezcla antinatural de locura y maldad. Lo que en viejos tiempos dijo un filósofo peripatético era también verdad sobre él, que cualidades opuestas se combinaban en un hombre como en la mezcla de colores. Intentaré retratarlo, empero, en cuanto pueda penetrar en su complejidad. Este Emperador, entonces, era engañoso, desviado, falso, hipócrita, con varias caras, cruel, experto en disimular su pensamiento, nunca inclinado a las lágrimas por alegría o dolor, aunque podía derramarlas falsamente a su voluntad cuando la ocasión lo requería, mentiroso siempre, no sólo de improviso, sino en la escritura, y cuando hacía juramentos sagrados a sus súbditos en su misma presencia. Luego rompía inmediatamente sus acuerdos y garantías, como el peor de los esclavos, a los que de hecho sólo el temor de la tortura lleva a confesar su perjurio. Era un amigo desleal, un enemigo traicionero, devoto del asesinato y del saqueo, pendenciero e inveterado revolucionario, fácilmente atraído a cualquier maldad, pero nunca queriendo escuchar un buen consejo, presto a maquinar males y llevarlos a la práctica, pero encontrando cualquier cosa buena desagradable a sus oídos, aunque la supiera de oídas.

¿Cómo podría alguien describir en palabras el carácter de Justiniano?. Éstos y muchos otros vicios, incluso peores, se revelaron en él como en ninguna otra naturaleza mortal; parecía haberse reunido la maldad de todo el resto de los hombres y plantada en el alma de este hombre. Y además de esto, era demasiado propenso a escuchar acusaciones; y demasiado rápido en castigar. Pues decidía tales casos sin un examen completo, dictaminando el castigo cuando había oído solamente al acusador. Sin vacilación escribió decretos para saquear países, expugnar ciudades y esclavizar naciones enteras, sin causa alguna que lo justificara. De modo que si uno deseara examinar todas las calamidades que habían acontecido a los Romanos antes de este tiempo y las comparara con sus crímenes, pienso que se concluiría que este solo hombre había asesinado a más hombres que en toda la historia precedente.

No tenía escrúpulos en apoderarse de la propiedad ajena, y no ideaba siquiera excusa alguna, legal o ilegal, para confiscar lo que no le pertenecía. Y cuando era suyo, estaba más que presto a malgastarlo en una insana exhibición, o darlo como soborno innecesario a los bárbaros. En suma, ni retenía mucho tiempo el dinero en su poder ni dejaba a nadie tenerlo: como si su razón fuera no la avaricia, sino los celos de los que tenían riquezas. Sacando toda la riqueza del país de los Romanos de esta manera, se convirtió en la causa de la pobreza universal.

Este era pues el carácter de Justiniano, hasta donde puedo retratarlo."



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12.6.08

"Festina lente" al estilo de Catón el Viejo

El otro día os hablaba de la máxima latina Festina lente que mal traducido pero para que todos nos entendamos vendría a ser algo similar al conocido vísteme despacio que tengo prisa, o algo así como la versión de hace 2000 años de aquel mítico slogan de neumáticos que decía la potencia sin control no sirve de nada.

Pues bien, cuando Marco Porcio Catón fue destinado a Hispania, dió muestras de que tenía una forma muy particular de entender esta forma de actuar... o al menos eso es lo que Frontino nos relata en su Strategemata...
"Marco Catón, estando en España, vió que podía ganar la posesión de cierta ciudad, si sólo pudiera asaltar al enemigo por sorpresa. En consecuencia, habiendo llevado a cabo en dos días una marcha que duraba cuatro días a través de ásperos y estériles distritos, aplastó a sus enemigos, que no temían acontecimiento alguno de este tipo. Entonces, cuando sus hombres preguntaron por la razón de un éxito tan sencillo, él les dijo que ellos habían obtenido la victoria tan pronto como llevaron a cabo la marcha de los cuatro días en dos."




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¡Cómo las gastaban los bizantinos!!

Uno de los rasgos de los emperadores bizantinos que más han restacado historiadores y cronistas ha sido su crueldad y habilidad para tejer todo tipo de intrigas palaciegas. En su Historia Secreta, Procopio de Cesárea nos relata un hecho relativo al reinado de Justiniano y su esposa Teodora, donde queda clara la habilidad de esta última para resolver un problemilla con unos hipotéticos conspiradores:

"Poco después de esto, el siguiente desastre cayó sobre él. La peste que he descrito en otro lugar estaba acabando con la población en Constantinopla y el Emperador Justiniano cayó gravemente enfermo, de tal modo que se dijo incluso que había muerto de ella. El rumor se expandió hasta alcanzar los campamentos del ejército Romano. Allí algunos de los oficiales dijeron que si los Romanos intentaban elevar a un segundo Justiniano como Emperador en Constantinopla, nunca lo reconocerían. Luego la salud del Emperador mejoró y los oficiales del ejército lanzaron acusaciones unos contra otros; los generales Pedro y Juan el Glotón alegaron haber oído a Belisario y a Buzes haciendo la declaración antedicha.

Estas negativas opiniones fueron tomadas por la Emperatriz indignada como algo declarado por los dos hombres para referirse a ella. Así llamó a todos los oficiales a Constantinopla para investigar el asunto; y convocó a Buzes de improviso a sus aposentos privados, so pretexto de que deseaba discutir con él asuntos de gran urgencia.

Entonces bajo palacio había un sótano subterráneo, seguro y laberíntico, comparable con las regiones infernales del Tártaro, en que aquellos que la habían ofendido eran finalmente enterrados. Y así Buzes fue arrojado a este sitio, y allí el hombre, aunque de rango consular, permaneció sin que nadie supiera de su destino. Ni podía, puesto que estaba entre tinieblas, saber si era de día o de noche, ni podía saber de nadie; pues el hombre que cada día le arrojaba la comida era mudo, y la situación era la de una bestia salvaje que se encuentra con otra. Todo el mundo pronto lo consideró muerto, pero nadie osó mencionarlo o acordarse de él. Pero después de dos años y cuatro meses, Teodora tuvo piedad del hombre y lo liberó. Y fue visto como alguien que regresaba de entre los muertos. Pero después de esto quedó medio ciego y enfermo. Esto fue lo que le hizo a Buzes."






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2.6.08

2000 años de intifada

Parece que hay pueblos predestinados a ser conquistados, y a resistir esas conquistas hasta el último aliento. Uno de ellos debe ser el pueblo palestino (que conste que no estoy tomando partido por nadie!!). Hace unos cuantos siglos, Polibio nos decía lo siguiente acerca de estos pueblos:

"Debo hacer a los gacenses la justicia que merecen. Esforzados y animosos en la guerra como cualquier otro pueblo de la Celosiria, eran superiores a los demás por la constancia y fidelidad a los aliados y por su inquebrantable firmeza. En la cuarta invasión de los medos, era tan grande el terror que su temible poder inspiraba, que en todas partes se les entregaban sin resistencia. Sólo los gacenses se atrevieron a hacerles frente y mantuvieron un asedio. Al presentarse Alejandro en este reino, todas las ciudades le abrieron las puertas, y hasta Tiro fue reducida a servidumbre, no contando en parte alguna con otra salvación que la de someterse al conquistador, cuya impetuosidad y violencia nadie se atrevía a resistir. Gaza únicamente intentó, antes de rendirse, todos los medios de defensa. Así se la ve en los tiempos de que hablamos sin omitir nada de cuanto podía hacer para conservar a Ptolomeo la fidelidad jurada. Alabando en nuestra obra a las personas que, se han distinguido por su virtud o sus acciones, justo es elogiar asimismo a las ciudades que, animadas por el ejemplo de sus antepasados o por propio impulso, sobresalen en alguna memorable empresa."



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21.5.08

La batalla del río Gránico... 1era victoria de Alejandro en Persia

La Batalla del río Gránico es la primera gran victoria de Alejandro en tierras de los persas. Asegurada su posición en Grecia, se lanza en el 334 aC a la conquista de los enemigos tradicionales de los griegos, un imperio que por aquellas épocas ya había olvidado las grandezas de sus antecesores y estaba ya en franco declive.

Esta batalla es paradigmática de la filosofía militar de Alejandro Magno: Cada batalla se entendía como una apuesta a todo o a nada. Llegadas sus tropas al río Gránico, se encuentra al otro lado con los soldados enemigos. En contra del consejo de sus propios generales, que le recomendaban prudencia, por lo profundo del río y por lo avanzado del día, Alejandro sujeta firme las riendas de su caballo, prende el escudo y la espada, y se lanza como un auténtico poseso a luchar contra las columnas persas. Sus soldados, incapaces de dejar sólo a su Rey, le siguen detrás, dispuestos a no dejar títere con cabeza. El cruce del río es desordenado y caótico. Sin embargo los persas no pueden creer lo que están viendo: ¡El propio rey macedonio se lanza a la carga, seguido a distancia de sus compañeros de armas más cercanos!!

Lo que los persas no podían esperar es que Alejandro, partiendo desde uno de los flancos de su tropa, fuera a remontar el río hasta plantarse con su caballo justo frente al centro de las columnas persas, en su clásica formación de ataque de caballería en cuña. Los generales persas Mitrídates, Espitídatres y Roesaces cómodamente instalados en el centro de su frente, teóricamente bien protegidos a flanco y flanco por miles de soldados, ven de repente como caen sobre ellos una auténtica jauría de jinetes macedonios sedientos de sangre y ansiosos de victoria.

El desenlace es por todos conocido: La batalla que sigue es un primer zarpazo del león macedonio a las ovejillas persas, las cuales, antes de darse cuenta han perdido ya a 20.000 soldados y tiene al enemigo en casa.

Plutarco, en la biografía de Alejandro que incluye en sus Vidas Paralelas, nos explica la batalla con más énfasis que detalle:

"En esto, los generales de Darío habían reunido muchas fuerzas, y como las tuviese ordenadas para impedir el paso del Granico, debía tenerse por indispensable el dar una batalla para abrirse la puerta del Asia, si se había de entrar y dominar en ella; pero los más temían la profundidad del río y la desigualdad y aspereza de la orilla opuesta, a la que se había de subir peleando, y a algunos les detenía también cierta superstición relativa al mes, por cuanto en el Desio era costumbre de los reyes de Macedonia no obrar con el ejército; pero esto lo remedió Alejandro mandando que se contara otra vez el Artemisio. Oponíase, de otro lado, Parmenión a que se trabara combate, por estar ya adelantada la tarde; pero diciendo Alejandro que se avergonzaría el Helesponto si habiéndolo pasado temieran al Granico, se arrojó al agua con trece hileras de caballería, y marchando contra los dardos enemigos y contra sitios escarpados, defendidos con gente armada y con caballería, arrebatado y cubierto en cierta manera de la corriente, parecía que más era aquello arrojo de furor y locura que resolución de buen caudillo. Mas él seguía empeñado en el paso, y llegando a hacer pie con trabajo y dificultad en lugares húmedos y resbaladizos por el barro, le fue preciso pelear al punto en desorden y cada uno separado contra los que les cargaban antes que pudieran tomar formación los que iban pasando, porque los acometían con grande algazara, oponiendo caballos a caballos y empleando las lanzas y, cuando éstas se rompían, las espadas. Dirigiéronse muchos contra él mismo, porque se hacía notar por el escudo y el penacho del morrión, que caía por uno y otro lado, formando como dos alas maravillosas en su blancura y en su magnitud; y habiéndole arrojado un dardo que le acertó en el remate de la coraza, no quedó herido. Sobrevinieron a un tiempo los generales Resaces y Espitridates, y hurtando el cuerpo a éste, a Resaces, armado de coraza, le tiró un bote de lanza, y rota ésta metió mano a la espada. Batiéndose los dos, acercó por el flanco su caballo Espitridates, y poniéndose a punto le alcanzó con la azcona de que usaban aquellos bárbaros, con la cual le destrozó el penacho, llevándose una de las alas; el morrión resistió con dificultad al golpe, tanto, que aun penetró la punta y llegó a tocarle en el cabello. Disponíase Espitridates a repetir el golpe, pero lo previno Clito el negro, pasándole de medio a medio con la lanza; y al mismo tiempo cayó muerto Resaces, herido de Alejandro. En este conflicto, y en lo más recio del combate de la caballería, pasó la falange de los Macedonios y vinieron a las manos una y otra infantería; pero los enemigos no se sostuvieron con valor ni largo rato, sino que se dispersaron y huyeron, a excepción de los Griegos estipendiarios, los cuales, retirados a un collado, imploraban la fe de Alejandro; pero éste, acometiéndolos el primero, llevado más de la cólera que gobernado por la razón, perdió el caballo, pasado de una estocada por los ijares- era otro, no el Bucéfalo-, y allí cayeron también la mayor parte de los que perecieron en aquella batalla, peleando con hombres desesperados y aguerridos. Dícese que murieron de los bárbaros veinte mil hombres de infantería y dos mil de caballería. Por parte de Alejandro dice Aristobulo que los muertos no fueron entre todos más qué treinta y cuatro; de ellos, nueve infantes. A éstos mandó que se les erigiesen estatuas de bronce, que trabajó Lisipo. Dio parte a los Griegos de esta victoria, enviando en particular a los Atenienses trescientos escudos de los que cogieron, y haciendo un cúmulo de los demás despojos, hizo poner sobre él esta ambiciosa inscripción: “ALEJANDRO, HIJO DE FILIPO, Y LOS GRIEGOS, A EXCEPCIÓN DE LOS LACEDEMONIOS, DE LOS BÁRBAROS QUE HABITAN EL ASIA”."
Obviamente las cifras que da Plutarco son exageradas, y no es creible que los macedonios causaran tantos miles de bajas entre los persas, recibiendo ellos tan sólo un arañazo, 3 chichones y un moretón. Lo cierto es que Alejandro estuvo a punto de morir en varias ocasiones, pero el genial macedonio, autoconvencido de su carácter semidivino, demostró que la única forma de llegar hasta el fin del mundo era siendo intrépido y alcanzando victorias que pasarían a la historia...



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Los germanos, según Tácito

Ya hemos hablado antes del hecho de que los primeros romanos eran gente altiva y que veían a los demás pueblos como inferiores. En tiempos de la República existía un cierto sentimiento conforme Roma era el pueblo elegido, destinado a sojuzgar a los demás, inferiores en cultura y civilización. Para demostrar este sentimiento, os extraigo un fragmento de la "Germania" de Tácito, donde se vé claramente esto que os decía:

"Yo soy de la opinión de los que entienden que los Germanos nunca se juntaron en casamientos con otras naciones, y que así se han conservado puros y sencillos, sin parecerse a sí mismos. De donde procede que un número tan grande de gente tienen casi todos la misma disposición y talle, los ojos azules y fieros, los cabellos rubios, los cuerpos grandes y fuertes solamente para el primer ímpetu. No tienen el mismo sufrimiento en el trabajo y obras de él; no son sufridores de calor y sed, pero llevan bien el hambre y el frío, como acostumbrados a la aspereza e inclemencia de tal suelo y cielo."


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25.4.08

La inauguración del Coliseo, el mayor espectáculo de la Antigüedad

Por una inscripción hallada recientemente, sabemos que en el año 70 dC Vespasiano tenía los bolsillos llenos gracias al botín obtenido en su victoriosa campaña militar en Judea.

La construcción del Coliseo, un guiño a la plebe romana

Decidido a complacer al pueblo de Roma, tan voluble y traicionero, dedicó una parte sustancial de este botín a la construcción del mayor Anfiteatro del Imperio, que hoy en día conocemos como el Coliseo, con capacidad para 50.000 espectadores.

Para ello, hizo derruir una gran parte de la Domus Aurea, el palacio erigido por Nerón, y desecar el lago contiguo. Esto sólo puede ser interpretado como un gesto populista, dirigido a contentar a la plebe, ya que en lugar de erigir su Anfiteatro en las afueras de la ciudad, como hubiera sido normal, prescindió de unas edificaciones imperiales y lo construyó en pleno centro de Roma.

La inauguración, 9.000 fieras y luchas a muerte

10 años más tarde, y muerto ya Vespasiano, inauguró el Anfiteatro Flavio su hijo y sucesor, Tito. Los Juegos que se celebraron estuvieron a la altura de las expectativas. Dión Casio nos habla de las diversas celebraciones que tuvieron lugar en la recién estrenada arena, y más en concreto, nos describe la cacería de más de 9.000 fieras salvajes, uno de los espectáculos más populares en aquella época. Imaginaos las caras que debían poner los senadores que poblaban la grada inferior o los plebeyos de la superior!!

Otra de las historias que nos han llegado de aquel acontecimiento único es la de Vero, un gladiador de Moesia, que luchó a muerte contra su amigo Prisco... por lo visto, a pesar de su amistad la lucha fue espantosa, ambos luchadores hicieron gala de fuerza y destreza con las armas. Cuando uno avanzaba, el otro resistía en su lugar, y cuando este devolvía los golpes, el otro los rechazaba firmemente con el escudo. Los 50.000 espectadores nunca habían visto nada igual. Parecía como si 2 reencarnaciones de Hércules se entrentaran en la nueva arena de Roma, dejando sin respiración al César, a los senadores y al pueblo por igual.

El final fue del todo insospechado, y de hecho, no volvió a repetirse jamás. Os lo podría contar con mis propias palabras, pero encuentro que el relato del poeta Marcial es más adecuado. Dice así:

Como Prisco y Vero alargasen el combate,
y el valor de ambos fuese el mismo durante largo rato,
se pidió repetidamente y a grandes voces gracia para los hombres,
pero el mismo César obedeció su ley:
la ley era acudir al dedo tras dejar el escudo.
Les entregó una y otra vez platos y regalos, lo que se permitía.
Se halló, sin embargo, un final de combate igualado:
lucharon iguales, cayeron iguales.
César envió a ambos la palma y la vara de honor:
el valor ingenioso ofreció esta recompensa.
Bajo ningún otro príncipe, César, sucedió esto:
que al luchar los dos, uno y otro fuesen vencedores.

Marcial (Sobre los espectáculos, 29)


Pues eso, que viendo el César la entrega de ambos, y habiendo alargado la lucha hasta la extenuación, no tuvo más remedio que declarar a ambos vencedores, lo que sin duda debió ser un digno colofón a la inauguración del mayor anfiteatro del Imperio.

¿Hay algo parecido en la actualidad?

No ha sido hasta 2 milenios después que la Humanidad ha vuelto a levantar edificaciones semejantes, y por lo tanto, han tenido que pasar 2000 años para que 50.000 personas juntas hayan podido vivir una sensación igual... tranquilos que hay para todos!!





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4.3.08

Hooligans de hace 2.000 años

Duración de la lectura: 5 mins.
Dificultad: Media


Resumen: Crónica de unos "disturbios deportivos" que tuvieron lugar en Pompeya, entre los espectadores de unas luchas de gladiadores

Corría el año 59 dC. y Roma se despertaba con el sonido de la lira de Nerón. Los habitantes de Pompeya y de Nuocera, dos pequeñas ciudades costeras del Sur de Italia, se disponían a disfrutar de un apasionante día de luchas de gladiadores en el anfiteatro de la primera. Eran unos juegos sufragados por un rico político a quien recientemente habían expulsado del Senado. Sin embargo, ¿qué más dá quién pague los juegos mientras sean de nivel?. Esto es lo que debían pensar los de Nuocera mientras se dirigían tranquilamente hacia Pompeya, imaginándose ya a retiarios y mirmilones soltándose golpes y tajos sin piedad, mientras los gritos y vítores de cerca de 20.000 espectadores animaban a su favorito.

No sabemos si estas dos ciudades tenían un largo historial de enemistad mútua, muy al estilo Madrid vs Barcelona de hoy en día, con poblaciones enfrentadas por alguna afrenta del pasado. Lo que sucedió después nos deja entrever que efectivamente algo enrarecido debía estar el ambiente. Si hacemos un paralelismo con nuestra sociedad actual, la situación antes de estos juegos gladiatorios debía ser similar a la que se vive hoy en día antes de algún gran derby futbolístico.

Como de lo que se trata es de remitirnos a la fuente original, aquí os presento ... el fragmento de los “Anales” de Tácito que nos habla de este triste episodio:

Por el mismo tiempo y a partir de una disputa sin importancia se produjo una terrible matanza entre colonos de Nuocera y de Pompeya, en el transcurso de unos juegos ofrecidos por Livineyo Régulo, de cuya expulsión del Senado ya dí cuenta; pues, con la licencia propia de las ciudades pequeñas, empezaron por lanzarse denuestos, luego piedras, y al cabo tomaron las armas, saliéndose con la mejor parte la plebe de Pompeya, donde se celebraba el espectáculo. El caso es que muchos de los de Nuocera fueron llevados a la ciudad con el cuerpo lleno de mutilaciones, en tanto que la mayoría lloraba la muerte de hijos o padres. El príncipe {Nerón} delegó en el senado el juicio sobre el asunto, y el senado en los cónsules; pero el tema volvió de nuevo al senado y se prohibió por diez años a los de Pompeya aquella clase de reuniones, y se disolvieron los colegios que habían constituido ilegalmente; Livineyo y los otros que habían provocado la sedición fueron castigados con el exilio.

“Anales” (XIV, XVII) de Publio Cornelio Tácito

¿Qué pasó después? Pues tampoco lo sabemos a ciencia cierta, por que los testimonios que nos han quedado no nos arrojan más luz sobre el tema. ¿O sí?

En una de las casas de Pompeya, en la que aún quedaban restos pictóricos, se hayó un fresco que reproducía esta escena, y con toda profusión de detalles: En él se observa la magnificencia del anfiteatro, con sus imponentes rampas de acceso; las luchas de gladiadores, dando la vida en la arena; incluso se aprecian detalles de la ciudad que la arqueología ha podido confirmar, como la disposición de las murallas. Lo curioso es que este fresco reproduce también escenas de los disturbios de los cuales nos hablaba Tácito: Las peleas en la grada, las luchas en las calles de la ciudad, con heridos y muertos, el caos y los disturbios en los alrededores del anfiteatro... es un testimonio pictórico (casi periodístico) de aquella fatídica jornada.

Mi reflexión es, ¿quién en su sano juicio se pintaría una escena así en su casa? Sólo alguien que considerara que aquel día los de Pompeya le habían dado una buena paliza a los de Nuocera, y que además se sintiera relativamente orgulloso de ello, es decir, alguien que pensara "los de Pompeya somos los más bestias!"... ¿sorprendente, no?

Lo que parece paradójico es que sucesos como este son aún hoy relativamente frecuentes, tanto en Sudamérica, Africa como Europa. Con demasiada frecuencia los campos de fútbol acaban convirtiéndose en auténticos campos de batalla, donde a veces hay que lamentar la muerte de personas.


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28.2.08

Origen de las Cariatides, según Vitrubio


Cariatides, originally uploaded by Sphinx!.



Buscando una buena traducción de Vitrubio al español (cosa infructuosa, y he acabado tirando del siempre fiable Bill Thayer, editor de Lacus Curtius), me he encontrado con este fragmento de su tratado sobre arquitectura, donde nos narra la historia de las matronas de Caria, orgullosas y altivas, y que en forma pétrea son conocidas hoy en día como Cariatides.

Dicho fragmento dice así, al respecto de los conocimientos que un arquitecto debe tener de la historia... por lo visto, en aquellas épocas los arquitectos estaban más bajo el control de sus contratistas y debían dar explicaciones de todo...
A menos que esté familiarizado con la Historia, {el arquitecto} será incapaz de justificar el uso de aquellos ornamentos que tenga ocasión de introducir. Si, por ejemplo, en vez de columnas se colocan estatuas de mármol de mujeres vestidas con estola — que se llaman cariátides— y si superpone modillones y cornisas, deberá saber dar explicaciones a quienes pregunten; veamos: Caria, ciudad del Peloponeso, conspiró contra los griegos con ayuda de los persas, enemigos de los griegos. Posteriormente estos, como respuesta a su traición, y al verse libres de los persas tras una gloriosa victoria, de común acuerdo declararon la guerra a los habitantes de Caria. Una vez conquistada la ciudad y pasados a cuchillo sus habitantes, se llevaron como esclavas a sus matronas. Para que estas circunstancias fuesen mejor recordadas, y la naturaleza de su triunfo perpetuada, los vencedores las representaron con sus túnicas, aparentemente sufriendo por el peso de la carga asignada, como expiación del crimen de su ciudad natal. Así, en sus edificios, los arquitectos antiguos, mediante el uso de estatuas, legaron a la posteridad un memorial del crimen de los carios.


"De architectura", capítulo I. Vitrubio


La historia no está mal; en todo caso corrobora que, en caso de guerra, las mujeres siempre se llevan la peor parte. Para acabar de entender qué es en arquitectura una cariatide, me remito a la Wikipedia, que dice: "Una cariátide (griego antiguo Καρυάτις, plural: Καρυάτιδες) es una figura femenina esculpida, con función de columna o pilastra, con un entablamento que descansa sobre su cabeza. El más típico de los ejemplos es la Tribuna de las Cariátides en el Erecteión, uno de los templos de la Acrópolis ateniense... Si la figura es masculina, se llama atlante o telamón."

Pues eso...


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14.2.08

Las victorias de Cayo Mario

El Tercer fundador de Roma


Cayo Mario es un personaje que a mí me resulta un pelín antipático, quizás por que no aguanta la comparación con su enemigo más feroz, Lucio Cornelio Sila, a todas luces un personaje mucho más atractivo y poliédrico. Sin embargo, a Mario hay que reconocerle una serie de virtudes innegables, de entre las cuales destaca su talento para con todo lo militar. Por este motivo ganó en vida el apelativo de tercer Fundador de Roma, tras el propio Rómulo y Marco Furio Camilo, que expulsó de Italia a los galos.

Además de ser considerado el gran reformador del ejército romano, su historial militar incorpora campañas tan célebres como la Guerra contra Yugurta, las Invasiones germánicas de Cimbrios y Teutones, la Guerra Social, las Guerras Mitridáticas...

Las invasiones germánicas

En el año 102 adC, tras unos años de correrías por Hispania, los Cimbrios se adentraron en la Galia y, junto con los Teutones, decidieron invadir Italia. Los Teutones se dirigieron hacia el sur, y avanzaron hacia Italia por la costa mediterránea. Por otro lado, los Cimbrios tratarían de cruzar los Alpes, entrando por el noroeste. Por último, los Tigurinos (la tribu celta que había derrotado a Longino pocos años antes) tratarían de cruzar los Alpes por el noreste. Esta decisión resultó fatal, dado que las tribus germánicas dividieron sus fuerzas y permitieron al ejército romano enfrentarse a ellas por separado.

Primera victoria, Aqua Sextiae

Mario debía enfrentarse primero a los Teutones, que estaban en la Galia Norbonense dirigiéndose a los Alpes. Rechazó librar batalla en su terreno, y se retiró a Aquae Sextiae (una población fundada por Cayo Sexto Calvo en el año 124 adC), que bloqueaba el paso. El contingente que lideraba la formación germana, los Ambrones, atacaron la posición romana sin esperar a los refuerzos, acabando con 30.000 bajas. Posteriormente, Mario escondió 3.000 hombres para una emboscada, esperando al contingente principal. En la batalla final, los Teutones fueron aniquilados, con un número algo superior a 100.000 bajas.

Victoria final en Vercellae

Por su parte, el colega de Mario, Quinto Lutacio Catulo, no tuvo tanta suerte. Intentó retener a los Cimbrios en el paso de Brenner, pero tuvo que ceder y permitir su avance hasta el norte de Italia a finales de año. Mario estaba en Roma, y tras ser nombrado cónsul nuevamente en el año 101 adC, y a la vez que rechazaba un triunfo por su victoria contra los Teutones, se dirigió al norte para unirse a Catulo, a quien se le prorrogó el mando un año más. Finalmente, en el verano de ese año se libró la batalla en Vercelae, en la Galia Cisalpina. Una vez más, la disciplina de las tropas romanas pudieron contra una fuerza bastante mayor. Al menos unos 65.000 germanos murieron (es posible que llegasen a otros 100.000) y los supervivientes fueron esclavizados. Los Tigurini dieron media vuelta y volvieron a su lugar de origen. Catulo y Mario, por su parte, celebraron un triunfo conjunto, pero el pueblo dio todo el crédito de la victoria a Mario (motivo por el cual Catulo se convertiría en el futuro en uno de sus enemigos políticos). Como recompensa, Mario fue nombrado cónsul un año más, en el año 100 adC, a pesar de que el peligro había acabado.

Vercellae, según la pluma de Theodor Mommsen

Aunque hayan pasado los años, la narración de Theodor Mommsen continúa retransmitiéndonos con fuerza lo pasado en aquellos lejanos días:

Los dos ejércitos se encontraron en Vercelae, no muy lejos de la union del río Sesia con el Po, justo donde Aníbal luchó por primera vez en suelo italiano. Los cimbrios deseaban la batalla, y de acuerdo con sus costumbres, enviaron un mensajero para establecer la fecha y lugar del combate. Mario les satisfizo y escogió como fecha el día siguiente, 30 de Julio del 653 (101 adC), y la llanura de Raudine, como escenario. Esta planicie permitíría a los romanos aprovechar todo el potencial de su caballería. Allí cayeron sobre el enemigo, que a pesar de que los esperaba, fueron cogidos por sorpresa; ya que la densa niebla mañanera impidió a la caballería cimbria ver cómo la caballería romana, más fuerte, se aproximaba a ellos para luchar cuerpo a cuerpo, siendo empujado todo el ejército cimbrio hacia las posiciones de los legionarios romanos, que ya estaban en formación de combate. Los romanos consiguieron una victoria completa con leves pérdidas, siendo totalmente aniquilados los cimbrios.
Aquellos que perdieron la vida durante el combate , la mayoría, incluído el valiente rey Boiorix, podrían considerarse afortunados; más afortunados al menos que aquellos que tuvieron que hacerlo con sus propias manos, o que los que fueron esclavizados y vendidos en el mercado romano, aguantando las represalias por haberse atrevido a tal osadía. Los Tigorini, que habían quedado esperando el resultado de la batalla tras el paso de los Alpes, volvieron a su tierra natal. La avalancha humana, que durante trece años había alarmado a todas las naciones desde el Danubio al Ebro, y del Sena al Po, yacían bajo tierra o trabajaban bajo el yugo de la esclavitud; las vanas esperanzas de las migraciones alemanas habían terminado en derrota; los cimbrios y sus camaradas desaparecieron.

Theodor Mommsen,"Historia de Roma"

Para saber más:


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12.2.08

La felicidad verdadera, según Lucio Anneo Séneca

Extracto del capítulo 3 de su Obra "De vita beata"

"La vida feliz es, por tanto, la que está conforme con su naturaleza, lo cual no puede suceder más que si, primero, el alma está sana y en constante posesión de su salud; en segundo lugar, si es enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a las demás cosas que sirven para la vida, sin admirarse de ninguna; si usa de los dones de la fortuna, sin ser esclava de ellos. Comprendes, aunque no lo añadiera, que de ello nace una constante tranquilidad y libertad, una vez alejadas las cosas que nos irritan o nos aterran; pues en lugar de los placeres y de esos goces mezquinos y frágiles, dañosos aún en el mismo desorden, nos viene una gran alegría inquebrantable y constante, y al mismo tiempo la paz y la armonía del alma, y la magnanimidad con la dulzura, pues toda ferocidad procede de debilidad."

Texto completo en la wikisource

Comentario crítico

Biografía de Lucio Anneo Séneca






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10.2.08

Vidas paralelas: Agesilao

El periplo que iniciáramos hace ya bastantes meses por la extensa obra "Las vias paralelas" de Plutarco, nos lleva hoy a la biografía de un espartano ilustre, el rey Agesilao II. Gran militar y estadista, lideró campañas en Asia y Grecia teniendo siempre por bandera el engrandecimiento de su patria, Lacedemonia.

Preguntado si deseaba que se erigiera una estatua en su honor, dijo:
Si he hecho alguna acción noble, eso es suficiente conmemoración; si no he hecho nada noble todas las estatuas del mundo no preservarán mi memoria.
... creo que de momento ya os he dado suficientes pistas de por qué Plutarco empareja la biografía de Agesilao con la de un ilustre general romano, gran estadista y militar, y que acabó cayendo en desgracia...

Empezamos con la lectura; como siempre al final, os doy el link para continuar con esa joya de la cultura que es la wikisource.

I. Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, después de haber reinado con gran crédito en Esparta, de Lámpito, mujer apreciable, dejó un hijo llamado Agis, y otro más joven de Eupolia, la hija de Melesípidas, llamado Agesilao. Como por la ley correspondía el reino a Agis, Agesilao, que había de vivir como particular, se sujetó a la educación recibida en Lacedemonia, que era dura y trabajosa en cuanto al tenor de vida, pero muy propia para enseñar a los jóvenes a ser bien mandados. Por esto se dice que Simónides llamaba a Esparta domadora de hombres, a causa de que con el auxilio de las costumbres hacía dóciles a los ciudadanos y sumisos a las leyes, como potros domados bien desde el principio, de cuyo rigor libertaba la ley a los jóvenes que se educaban para el trono. Así, hasta esto tuvo en su favor Agesilao: entrar a mandar no ignorando cómo se debía obedecer; por lo cual fue entre los reyes el que en su genio se avino y acomodó más con los súbditos, juntando con la gravedad y elevación de ánimo propias de un rey la popularidad y humanidad que le inspiró la educación.



>> Continuar con la lectura de la biografía de Agesilao según Plutarco en la wikisource


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6.2.08

Intrigas de palacio en el s. VIII aC

En el libro I de sus Historias, Heródoto nos narra los motivos de la enemistad entre griegos y persas. Estaba repasando este texto cuando me he vuelto a encontrar con un breve relato relativo a los monarcas del reino de Lidia, divertido como pocos. Nos explica como el rey Candaules, último de la dinastía de los Heráclidas, perdió su trono en el 716 aC a manos de Giges, primer rey de la dinastía de los Mermnadas.

No os desvelo los detalles de la trama para no fastidiaros la lectura.

VII. (...) Los Heráclidas reinaron en aquel pueblo por espacio de quinientos cinco años, con la sucesión de veintidós generaciones, tiempo en que fue siempre pasando la corona de padres a hijos, hasta que por último se ciñeron con ella las sienes de Candaules.

VIII. Este monarca perdió la corona y la vida por un capricho singular. Enamorado sobremanera de su esposa, y creyendo poseer la mujer más hermosa del mundo, tomó una resolución a la verdad bien impertinente. Tenía entre sus guardias un privado de toda su confianza llamado Giges, hijo de Dáscylo, con quien solía comunicar los negocios más serios de estado. Un día, muy de propósito se puso a encarecerle y levantar hasta las estrellas la belleza extremada de su mujer, y no pasó mucho tiempo sin que el apasionado Candaules (como que estaba decretada por el cielo su fatal ruina) hablase otra vez a Giges en estos términos: —«Veo, amigo, que por más que te lo pondero, no quedas bien persuadido de cuán hermosa es mi mujer, y conozco que entre los hombres se da menos crédito a los oídos que a los ojos. Pues bien, yo haré de modo que ella se presente a tu vista con todas sus gracias, tal corno Dios la hizo.» Al oír esto Giges, exclama lleno de sorpresa: —«¿Qué discurso, señor, es este, tan poco cuerdo y tan desacertado? ¿me mandaréis por ventura que ponga los ojos en mi Soberana? No, señor; que la mujer que se despoja una vez de su vestido, se despoja con él de su recato y de su honor. Y bien sabéis que entre las leyes que introdujo el decoro público, y por las cuales nos debemos conducir, hay una que prescribe que, contento cada uno con lo suyo, no ponga los ojos en lo ajeno. Creo fijamente que la reina es tan perfecta como me la pintáis, la más hermosa del mundo; y yo os pido encarecidamente que no exijáis de mí una cosa tan fuera de razón.»

IX. Con tales expresiones se resistía Giges, horrorizado de las consecuencias que el asunto pudiera tener; pero Candaules replicóle así: —«Anímate, amigo, y de nadie tengas recelo. No imagines que yo trate de hacer prueba de tu fidelidad y buena correspondencia, ni tampoco temas que mi mujer pueda causarte daño alguno, porque yo lo dispondré todo de manera que ni aun sospeche haber sido vista por ti. Yo mismo te llevaré al cuarto en que dormimos, te ocultaré detrás de la puerta, que estará abierta. No tardará mi mujer en venir a desnudarse, y en una gran silla, que hay inmediata a la puerta, irá poniendo uno por uno sus vestidos, dándote entre tanto lugar para que la mires muy despacio y a toda tu satisfacción. Luego que ella desde su asiento volviéndote las espaldas se venga conmigo a la cama, podrás tú escaparte silenciosamente y sin que te vea salir.»

X. Viendo, pues, Giges que ya no podía huir del precepto, se mostró pronto a obedecer. Cuando Candaules juzga que ya es hora de irse a dormir, lleva consigo a Giges a su mismo cuarto, y bien presto comparece la reina. Giges, al tiempo que ella entra y cuando va dejando después despacio sus vestidos, la contempla y la admira, hasta que vueltas las espaldas se dirige hacia la cama. Entonces se sale fuera, pero no tan a escondidas que ella no le eche de ver. Instruida de lo ejecutado por su marido, reprime la voz sin mostrarse avergonzada, y hace como que no repara en ello; pero se resuelve desde el momento mismo a vengarse de Candaules, porque no solamente entre los lidios, sino entre casi todos los bárbaros, se tiene por grande infamia el que un hombre se deje ver desnudo, cuanto más una mujer.

XI. Entretanto, pues, sin darse por entendida, estúvose toda la noche quieta y sosegada; pero al amanecer del otro día, previniendo a ciertos criados, que sabía eran los más leales y adictos a su persona, hizo llamar a Giges, el cual vino inmediatamente sin la menor sospecha de que la reina hubiese descubierto nada de cuanto la noche antes había pasado, porque bien a menudo solía presentarse siendo llamado de orden suya. Luego que llegó, le habló de esta manera: —«No hay remedio, Giges; es preciso que escojas, en los dos partidos que voy a proponerte, el que más quieras seguir. Una de dos: o me has de recibir por tu mujer, y apoderarte del imperio de los lidios, dando muerte a Candaules, o será preciso que aquí mismo mueras al momento, no sea que en lo sucesivo le obedezcas ciegamente y vuelvas a contemplar lo que no te es lícito ver. No hay más alternativa que esta; es forzoso que muera quien tal ordenó, o aquel que, violando la majestad y el decoro, puso en mí los ojos estando desnuda.» Atónito Giges, estuvo largo rato sin responder, y luego la suplicó del modo más enérgico no quisiese obligarle por la fuerza a escoger ninguno de los dos extremos. Pero viendo que era imposible disuadirla, y que se hallaba realmente en el terrible trance o de dar la muerte por su mano a su señor, o de recibirla él mismo de mano servil, quiso más matar que morir, y la preguntó de nuevo: —«Decidme, señora, ya que me obligáis contra toda mi voluntad a dar la muerte a vuestro esposo, ¿cómo podremos acometerle? —¿Cómo? le responde ella, en el mismo sitio que me prostituyó desnuda a tus ojos; allí quiero que le sorprendas dormido.»

XII. Concertados así los dos y venida que fue la noche, Giges, a quien durante el día no se le perdió nunca de vista, ni se le dio lugar para salir de aquel apuro, obligado sin remedio a matar a Candaules o morir, sigue tras de la reina, que le conduce a su aposento, le pone la daga en la mano, y le oculta detrás de la misma puerta. Saliendo de allí Giges, acomete y mata a Candaules dormido; con lo cual se apodera de su mujer y del reino juntamente: suceso de que Arquíloco pario, poeta contemporáneo, hizo mención en sus yambos trímetros.

XIII. Apoderado así Giges del reino, fue confirmado en su posesión por el oráculo de Delfos.

Historias, Libro I. Heródoto

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11.12.07

La Casa de Augusto, según Salustio

El Alcalde de Roma anunciaba hoy que se han restaurado los frescos de la casa de Augusto en el Palatino. Como estas noticias pueden conducirnos a error, y hacernos pensar que el lujo y la magnificencia eran cotidianas en casa de Octavio, os extraigo un fragmento de "Los Doce Césares" de Salustio, donde se nos describe cómo era la vivienda de Augusto y qué tipo de frugalidades se permitía en su vida personal. Dice así:

LXXII. Habitó primero cerca del Foro antiguo, sobre la escalera anular, en una mansión que perteneció al orador Calvo. Ocupó después en el monte Palatino la casa, no menos modesta, de Hortensio, que ni era espaciosa ni estaba adornada, pues sus galerías eran estrechas y de piedra común, no habiendo mármol ni mosaicos en las habitaciones. Acostase durante más de cuarenta años, en invierno y verano, en la misma estancia, y pasó siempre el invierno en Roma, a pesar de tener experimentado que el aire de la ciudad era contrario a la salud en esta estación. Cuando tenía que tratar algún asunto secreto o quería trabajar sin que le interrumpiesen, se encerraba en la parte superior de su casa, en un gabinete que llamaba Siracusa o su museo, o bien se retiraba a una quinta inmediata, o a casa de cualquiera de sus libertos. Cuando se sentía enfermo iba a acostarse a casa de Mecenas. Los retiros que más le gustaban eran los inmediatos al mar, como las islas de la Campania, o bien los pueblecillos situados alrededor de Roma, como Lanuvio, Prenesto, Tibur, donde frecuentemente administró justicia bajo el pórtico del templo de Hércules. No le gustaban las casas de campo demasiado grandes y costosas, e hizo arrasar hasta los cimientos una quinta de su nieta Julia, cuya construcción había costado enormes cantidades. En las suyas, que eran muy sencillas, se cuidaba menos de las estatuas y pinturas que de las galerías, bosquecillos y cosas cuyo valor dependiese de su rareza o antigüedad, como los huesos de animales gigantes que se ven en Capri, y a los que se da el nombre de huesos de gigantes o armas de los héroes.

LXXIII. Puede juzgarse su economía en el menaje por los lechos y mesas que existen aún, y que apenas son dignos de un particular acomodado. Acostábase en un lecho muy bajo y vestido con la mayor sencillez. No usó nunca otras ropas que las que le confeccionaban en su casa su hermana, su esposa, su hija o sus nietas. Su toga no era estrecha ni ancha, y tampoco su lacticlavia era ancha ni estrecha. Usaba calzado un poco alto para aparentar mayor estatura; tenía siempre en su alcoba el traje y el calzado que llevaba en el Foro, para estar dispuesto a presentarse en caso de súbito acontecimiento.

"Los Doce Césares", Salustio


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3.12.07

Origen geográfico de los heroes de la Guerra de Troya



Clica sobre el mapa para verlo con más claridad.







Para leer este post en condiciones, te recomiendo escuchar "My body is a cage" de The Arcade Fire. La tienes en iTunes:
Arcade Fire - Neon Bible - My Body Is a Cage


La Guerra de Troya fue una auténtica guerra mundial de la antigüedad, que reunió frente a las Murallas de Troya a lo más granado de los reyes, príncipes y guerreros principales de la Grecia antigua. El relato homérico, con mayor o menor fidelidad histórica, nos enumera con gran detalle las naciones y líderes involucrados en el asedio o defensa de Troya, en un pasaje célebre del Canto 2º, más conocido como el Catálogo o Inventario de las Naves.

En él Homero hace un inventario exhaustivo de qué naciones toman parte en la contienda, adjuntando a cada nación el nombre de su líder, su capital, y un pequeño epíteto que nos viene a recordar lo más conocido de cada una de ellas. Así por ejemplo, al respecto de Esparta nos dice lo siguiente:
"Los de la honda y cavernosa Lacedemonia, que residían en Faris, Esparta y Mesa, en palomas abundante"
A pesar de que los expertos no se ponen de acuerdo respecto de si formaba parte original del texto y de si fue escrito por el mismo autor, este pasaje no pierde su frescura y su valor como poliédrico mapamundi de la Grecia del S. VIII aC... ¿por que esa fue la fecha, no?

Como el texto completo es bastante largo, os dejo con la introducción y conclusión del mismo, auténtico exorto del valor militar en la Antigüedad.

469 Como enjambres copiosos de moscas que en la primaveral estación vuelan agrupadas por el establo del pastor, cuando la leche llena los tarros, en tan gran número reuniéronse en la llanura los aqueos de larga cabellera, deseosos de acabar con los teucros.

474 Poníanlos los caudillos en orden de batalla fácilmente, como los pastores separan las cabras de grandes rebaños cuando se mezclan en el pasto; y en medio aparecía el poderoso Agamemnón, semejante en la cabeza y en los ojos a Zeus, que se goza en lanzar rayos en el cinturón a Ares y en el pecho a Poseidón. Como en la vacada el buey más excelente es el toro, que sobresale entre las vacas, de igual manera hizo Zeus que Agamemnón fuera aquel día insigne y eximio entre muchos héroes.

484 Decidme ahora, Musas, que poseéis olímpicos palacios y como diosas lo presenciáis y conocéis todo mientras que nosotros oímos tan sólo la fama y nada cierto sabemos, cuáles eran los caudillos y príncipes de los dánaos. A la muchedumbre no podría enumerarla ni nombrarla, aunque tuviera diez lenguas, diez bocas, voz infatigable y corazón de bronce: sólo las Musas olímpicas hijas de Zeus, que lleva la égida, podrían decir cuántos a Ilión fueron. Pero mencionaré los caudillos y las naves todas.

760 Tales eran los caudillos y príncipes de los dánaos. Dime, Musa, cuál fue el mejor de los varones y cuáles los más excelentes caballos de cuantos con los Atridas llegaron. Entre los corceles sobresalían las yeguas del Feretíada, que guiaba Eumelo; eran ligeras como aves, apeladas, y de la misma edad y altura; criólas Apolo, el del arco de plata, en Perea, y llevaban consigo el terror de Ares. De los guerreros el más valiente fue Ayante Telamonio mientras duró la cólera de Aquileo, pues éste le superaba mucho, y también eran los mejores caballos los que llevaban al eximio Pelida. Mas Aquileo permanecía entonces en las corvas naves que atraviesan el ponto, por estar irritado contra Agamemnón Atrida, pastor de hombres; su gente se solazaba en la playa tirando discos, venablos o flechas; los corceles comían loto y apio palustre cerca de los carros de los capitanes que permanecían enfundados en las tiendas, y los guerreros, echando de menos a su jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento y no peleaban.

Canto 2º de la Ilíada. Acceder al texto completo

Recursos:


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29.11.07