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4.11.08

Sobre laberintos y héroes griegos


Por cortesía de Sebastià Giralt.



Cuenta el relato mítico que el rey cretense Minos mandó construir un enorme y suntuoso palacio, llamado "Laberinto", en el cual, dada su ingente cantidad de habitaciones, salas y salones, resultaba prácticamente imposible ubicarse y más imposible aún encontrar la salida.

El genial arquitecto de tal maravilla fue Dédalo quien, finalizadas las obras de construcción, solicitó permiso al rey para regresar a su pais. Sin embargo el rey, celoso de que los secretos de su palacio fueran desvelados, denegó repetidamente la petición de Dédalo. Este, satisfecho de su obra pero cansado de vivir en ella, urdió una treta para poder escapar de la isla: Fabricó para sí mismo y para su hijo Icaro unas alas confeccionadas con plumas de ave y unidas con cera; con ellas adheridas al cuerpo se encaramaron a la cima de una colina y batiéndolas echaron a volar. Mientras Dédalo se alejaba de la isla, Icaro sintió la tentación de acercarse al Sol, con tan mala fortuna que la cera que mantenía unidas las plumas y las alas se derritió, cayendo fatalmente al mar.

El rey Minos, mientras tanto, dió rienda suelta su monumental cabreo liberando en el Laberinto al monstruoso Minotauro, con cuerpo humano y torso de toro, nacido de la unión de la reina Parsifae con un toro marino. Para saciar la voracidad de carne humana del monstruo, los habitantes de Atenas, derrotados en una guerra, estaban obligados a pagar un cruel tributo: 7 doncellas y 7 muchachos.

Con el fín de liberar a su ciudad de tan terrible calamidad, el héroe Teseo, hijo del rey Egeo viajó hasta Creta, donde antes de proceder a entrar en el Laberinto, se ligó a la hija del rey Minos, Ariadna, que además de ser un muy buen partido le hizo un regalo que al final resultó ser de gran utilidad: Un ovillo de hilo. Teseo, que además de ser un poco galán era bastante espabilado, optó por ir desenredando el hilo del ovillo a medida que se iba adentrando en el Laberinto, de tal forma que siempre podría encontrar el camino de vuelta. Y dicho y hecho: Teseo halló al Minotauro y, cuando le hubo dado muerte, no tuvo mayor dificultad en regresar al exterior del palacio...



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