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10.3.11
Yelmo vikingo de la era Vendel
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1.7.10
No hemos sido el primer imperio en tener problemas con su moneda
Ni probablemente seamos el último. Si el dólar y el euro están tocados, y occidente se tambalea, muchos siglos atrás el declive de Roma coincidió con una paulatina depreciación de su moneda (el Denario) contra la plata. Por aquellos tiempos las cosas eran menos sofisticadas que ahora, pero la base probablemente era la misma. La forma de devaluar por aquellos tiempos era simplemente reduciendo el contenido de plata en las monedas. En poco menos de 200 años Roma vio como sus monedas pasaban de estar compuestas casi en un 100% de plata a que la cantidad de dicho metal precioso fuera casi testimonial.
La primera acuñación del denario se remonta al año 268 a.C. Su peso inicial fue de 4,54 gramos (la sexta parte de una onza) aunque en el año 217 a.C., a raíz de la Lex Flaminia, su peso fue fijado en 3,90 gramos pasando a equivaler 16 ases. Con este valor se mantendrá hasta el año 64 en el que Nerón reducirá su peso hasta los 3,4 gramos. Las reducciones en el peso del denario continuarán, fijándose en 2,36 gramos bajo el mandato de Marco Aurelio y en los 1,70 gramos durante el gobierno de Septimio Severo. La progresiva devaluación del denario continuó hasta que bajo el reinado de Caracalla se introdujo el Antoniniano, moneda que acabaría por sustituir completamente al denario bajo el gobierno de Gordiano III. y que era una moneda de bronce con un ligero bañado en plata.
Ya lo veía a venir Marco Tulio Cicerón:
“El presupuesto debe ser equilibrado, las arcas públicas deben captar más dinero y la deuda pública debe ser reducida, la arrogancia de la burocracia debe ser atemperada y controlada, y la asistencia extranjera debe ser reducida para que la Republica no entre en bancarrota. La gente debe otra vez aprender a trabajar en lugar de vivir de la asistencia pública”
¡ Impresionante ! cualquiera diría que la historia se repite o que no aprendemos de errores pasados.
Gráfico vía Business Insider
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26.3.10
Roma perdió en Cartago... ¿o no?
El primero de los Escipiones abrió el camino de la dominación mundial para Roma; el segundo, el camino de la lujuria. Ya que cuando Roma fue liberada del temor a Cartago, y su rival en imperio quedó fuera de su camino, el camino de la virtud fue abandonado por el de la corrupción, no gradualmente, si no de forma impetuosa. La antigua disciplina fue descartada para dar lugar a lo nuevo. El Estado pasó de la vigilancia a la molicie, de la búsqueda de las armas a la búsqueda del placer, de la actividad a la ociosidad.
Veleyo Patérculo. Historia romana. Libro II
Traducción mía del Inglés de la versión en Lacus Curtius
En mi opinión esta idea no es más que un recurso literario, más lleno de añoranza por el pasado que de rigor histórico. Como ya veis, los romanos también eran dados a tirar del típico tópico, el pasado fue mejor. El hecho de situar el momento inicial del declive moral, social y militar romano en la conclusión de las Guerras Púnicas es para mí erróneo. Tras las Guerras Púnicas Roma continuó teniendo enemigos de peso: Celtas, galos, germanos, britanos, dacios, partos... lo cual invalida el argumento de que tras la asolación de Cartago Roma renunció a la vida militar. Por otra parte, si la culpa del apalancamiento romano fue la influencia del estilo de vida griego, no fue la 3ª Guerra Púnica lo que lo propició: Desde la 1ª, Roma entró en contacto con los griegos del Sur de Italia, incluso antes, dejándose deslumbrar por sus mármoles y papiros. Si los romanos se helenizaron, no fue por haber sembrado de sal la tierra púnica...
A tí, ¿qué te parece? ¿Fue la definitiva derrota de Cartago un hecho tan relevante, o tan sólo una victoria más en la larga sucesión de éxitos militares romanos?
Hoy es obligado dejar comentarios, reflexiones y opiniones al respecto...
- La ruina de Cartago... y el fin de las civilizaciones
- Carthago delenda est
- No hay piedad para los vencidos...
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31.1.10
La verdadera muerte del emperador Cómodo...
Una parte importante de su relato está dedicada al emperador Cómodo, hijo de Marco Aurelio, popular en el cine por la película Gladiator. Ya os anticipo que aunque su afición por las artes gladiatorias era notable, no murió en la arena a manos de un tal Máximo Décimo Meridio...
Os dejo con la versión de Herodiano...
Cómodo, entonces, ya sin ningún freno, ordenó la celebración de espectáculos públicos, anunciando que daría muerte con su propia mano a todo tipo de animales salvajes y que como un gladiador se enfrentaría a los jóvenes más fuertes. Cuando la noticia se divulgó, acudieron gentes de toda Italia y de las provincias vecinas para ver lo que antes ni habían visto ni oído (...) Eran sus maestros los más certeros arqueros partos y los mejores lanceros mauritanos, a todos los cuales aventajaba en destreza. Llegó el día del espectáculo y el anfiteatro se llenó (...) De todos los países se traían animales para él. Entonces ciertamente pudimos ver bestias que antes sólo habíamos tenido ocasión de admirar en los grabados. Animales de la India y de Etiopía, del sur y del Norte, si antes eran desconocidos, los mostraba a los romanos a la vez que les daba muerte (...)
Hasta entonces, aunque su actuación, a excepción de su valor y puntería, era impropia de un emperador, todavía gozaba de cierto carisma entre el pueblo. Pero cuando entró en el anfiteatro desnudo y, blandiendo sus armas, se puso a luchar como un gladiador, entonces el pueblo contempló un triste espectáculo: el muy noble emperador de Roma, después de tantas victorias conseguidas por su padre y sus antepasados, no tomaba sus armas de soldado contra los bárbaros en una acción digna del imperio romano, sino que ultrajaba su propia dignidad con una imagen vergonzosa en extremo y deshonrosa (...) A tal grado de locura llegó que ya ni quería habitar el palacio imperial sino que quiso trasladarse a la escuela de gladiadores. Y ordenó que ya no se dirigieran a él con el nombre de Hércules sino con el nombre de un famoso gladiador que había muerto. De la enorme estatua del Coloso que veneran los romanos y que representa la imagen del sol hizo cortar la cabeza y mandó poner la suya, ordenando que inscribieran en su base los habituales títulos imperiales y de su familia, pero en lugar del calificativo de «Germánico» puso el de «Vencedor de Mil Gladiadores».
Era preciso ya acabar con la locura de Cómodo y con la tiranía que pesaba sobre el imperio romano. En el día primero del año nuevo [...] (...) Llegó pues esta época de fiestas en las que los romanos se dedican de manera especial unos a otros y se saludan y se complacen en intercambiar regalos y compartir los bienes de la tierra y del mar. Esta es también la primera ocasión en que los magistrados epónimos se ponen su ilustre y solemne toga purpúrea. Cómodo determinó presentarse en esta fiesta de todos no desde el palacio imperial, según era costumbre, sino desde la escuela de gladiadores, y en lugar de vestirse con la toga imperial bordada de púrpura, decidió aparecer ante los romanos con las armas de gladiador y acompañado por una escolta de gladiadores.
Comunicó su propósito a Marcia, su cortesana favorita, que en nada se diferenciaba de una esposa legítima sino que recibía todos los honores debidos a la emperatriz salvo el de la llama sagrada. Tan pronto como ella se enteró de una determinación tan absurda e indigna se puso a suplicarle insistentemente y, arrojándose a sus pies con lágrimas en sus ojos, le pedía que no deshonrara el imperio romano ni se pusiera en peligro confiándose a gladiadores y a hombres desesperados. Después de mucho suplicar sin conseguir nada, se retiró llorando. Cómodo envió a buscar a Leto, el prefecto del pretorio, y a Eclecto, el chambelán, y les ordenó que hicieran los preparativos para pernoctar en la escuela de gladiadores a fin de salir desde allí en procesión para la celebración de los sacrificios y aparecer armado ante el pueblo de Roma. Ellos, con insistentes súplicas, le intentaron disuadir de una acción indigna de un emperador.
Cómodo, enfurecido, despidió a los dos hombres y se retiró a su habitación como si fuera a dormir su acostumbrada siesta del mediodía. Pero cogió una tablilla -una de aquellas de madera de tilo cortada en láminas delgadas que se cierran por ambos lados doblándose una hoja sobre otra- y escribió los nombres de quienes debían ser ejecutados aquella noche. La primera de la lista era Marcia y seguían Leto y Eclecto, y a continuación un gran número de los líderes del senado. Quería desembarazarse de todos los viejos consejeros de su padre que quedaban, puesto que le incomodaba tener aquellos respetables testigos de sus actos vergonzosos. Tenía la intención de ser generoso con los bienes de los ricos repartiéndolos entre los soldados y los gladiadores, unos para que le protegieran y otros para que le distrajeran. Después de escribir la tablilla la dejó encima del lecho pensando que nadie entraría en la habitación. Pero había un pequeño paje, uno de aquellos niñitos que sin ningún vestido van ataviados con oro y piedras preciosas, con los que los libertinos romanos siempre se complacen. Cómodo lo amaba tanto que dormía con él a menudo. Le llamaban Filocómodo, nombre que reflejaba la inclinación del emperador por el niño. En aquella ocasión, mientras Cómodo estaba ocupado en su habitual baño y en beber unas copas, el niño, simplemente por juego, entró en la habitación como solía, cogió la tablilla puesta sobre el lecho, evidentemente sin otra intención que jugar con ella, y salió del aposento. El destino quiso que se topara con Marcia. Ella, que también amaba al niño, entre abrazos y besos le quitó la tablilla porque temía que, sin darse cuenta mientras jugaba inocentemente, destruyera algo de importancia. Pero cuando reconoció la letra de Cómodo, aumentó su curiosidad por leer el escrito. Y tan pronto como descubrió que contenía una orden de ejecución y que ella iba a morir en primer lugar, seguida de Leto y de Eclecto, y que otros iban a tener la misma muerte, se puso a gemir diciendo para sus adentros: «¡Bien, Cómodo! ¡Esta es tu gratitud por mi afecto y amor frente a tu arrogancia y a tus borracheras, que he soportado durante tantos años! ¡Pero tú, borracho, no vas a librarte de una mujer sobria!». Dichas estas palabras, envió a buscar a Eclecto, que la visitaba normalmente en su calidad de chambelán, aunque también había quien la acusaba de entenderse con él. Entregándole la tablilla le dijo: «¡Mira qué fiesta vamos a celebrar esta noche!». El estupor se fue apoderando de Eclecto mientras leía. Como egipcio era un hombre bien dispuesto para actuar con resolución y según los dictados de su corazón. Selló la tablilla y la envió a Leto por medio de un hombre de confianza para que la leyera. También éste, espantado, fue a ver a Marcia con el pretexto de examinar con ella y con Eclecto las órdenes del emperador en lo relativo al traslado a la escuela de gladiadores. Fingiendo que se ocupaban de los asuntos del emperador, acordaron anticiparse en la acción antes de sufrir las consecuencias, y que no era tiempo de demora o vacilación. Decidieron, pues, dar a Cómodo un veneno, que Marcia se comprometió a administrárselo sin dificultad. Pues tenía la costumbre de mezclar ella misma el vino y de ofrecer al emperador la primera copa para que tuviera el placer de beberla de manos de su amada. Al volver Cómodo del baño Marcia puso el veneno en la copa, mezclándolo con un vino aromático y le ofreció la bebida. Él, como copa de amor que habitualmente le brindaba Marcia después de sus frecuentes baños y combates con los animales, sediento, la bebió sin darse cuenta. Al punto le sobrevino un sopor que le forzó a dormir y, pensando que esto le ocurría a causa del cansancio, se acostó. Eclecto y Marcia, con el pretexto de dejar descansar al emperador, ordenaron a todos que se retiraran y fueran a sus asuntos. Casos como éste le ocurrían a Cómodo a menudo a causa de la embriaguez. Pues, aunque sus baños y comidas eran frecuentes, limitaba el tiempo destinado al descanso para entregarse sin interrupción a un sinnúmero de placeres, de los cuales era esclavo empedernido a cualquier hora.
Durante un rato permaneció tranquilo, pero cuando el veneno afectó al estómago e intestinos, se apoderó de él un mareo seguido de una vomitona, bien porque la comida y abundante bebida ingeridas antes rechazaban el veneno, bien por haber tomado previamente un antídoto, como suelen tomar los emperadores siempre antes de cada comida. Pero, ante aquella vomitona, Marcia y los otros, temiendo que arrojara todo el veneno y que se recuperara y fuera la ruina de todos, persuadieron con promesas de generosas recompensas a un tal Narciso, joven decidido y fuerte, para que se acercara a Cómodo y lo estrangulara. Él irrumpió en habitación del emperador, que estaba abatido por el veneno y el vino, y le apretó el cuello hasta matarlo. Este fue el fin de Cómodo después de trece años de gobierno tras la muerte de su padre. De más noble cuna que los emperadores que le precedieron, aventajaba a los hombres de su tiempo por su agradable apariencia y las adecuadas proporciones de su físico, y, si hay que referirse a sus cualidades de varón, diremos que no fue inferior a nadie en puntería y destreza. Sin embargo, deshonró las dotes que la fortuna le había deparado con una conducta vergonzosa, tal como antes se ha relatado.
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16.10.09
¿Qué te ha parecido Agora?
Aún no he tenido oportunidad de ver la película del momento, Agora, de Alejandro Amenábar, sobre la vida de Hipatia de Alejandría. De hecho, he recibido tantas opiniones al respecto de amigos (off line) que no sé qué esperar de la película: Unos me han dicho que es un pestiño horroroso, al que sólo salva la siempre grande Rachel Weisz (eso lo dicen por tenerme contento!). Otros, que es un reflejo fiel de las convulsiones sociales de una época. Los hay también quienes dicen que a Alejandro Amenábar se le ha ido la mano con las licencias históricas... que si Hipatia tenía 60 años a la hora de su muerte... que si se han inventado alguna trama amorosa con algún personaje que no existió... que si es excesivamente maniquea, es decir, de buenos y malos...
... y tú, ¿la has visto? ¿qué opinas?
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18.9.09
"La caída de Roma es un tema que nunca pasará de moda" entrevista con Adrian Goldsworthy
Adrian Goldsworthy: 'La caída de Roma es un tema que nunca pasará de moda'
Adrian Goldsworthy, que también tiene gafas, pero de las normales, es toda una lección de ecuanimidad inglesa. Es un doctor de Oxford que ha escrito 'La caída del imperio romano' (La Esfera de los Libros), que, frente a la polémica prefiere aportar un poco de sentido común. "Quiero dar unas cuantas evidencias históricas, para que los lectores saquen sus propias conclusiones", comenta, con el soniquete inevitable del acento británico.
Siguiendo la senda que ya inauguró Edward Gibbon, Goldsworthy propone nuevos contrastes y un relato apasionante que dura cuatro siglos, desde el final de los Antoninos, aún en esplendor, pasando por la defenestración del Imperio de Occidente hasta el siglo VI, en Bizancio. Sin olvidarnos del trascendental Primer Concilio de Nicea, del año 325, que legalizó oficialmente a los cristianos.
"Es extraño lo poco que afectó la religión cristiana al 'ethos' del Imperio romano. Porque la integró totalmente. El emperador se convirtió en sumo pontífice máximo. Antes, Marco Aurelio se quiso favorecido por un Dios particular después de cada victoria. Constantino, igual, pero con el Dios cristiano", explica.
En este aspecto, según Goldsworthy, Gibbon exagera la influencia de la nueva religión monoteísta en el declive de aquella civilización. "Es muy crítico con la Iglesia. De joven se convirtió al catolicismo en la Inglaterra del siglo XVIII, cosa poco recomendable. Y su padre lo mandó a Suiza calvinista para que cambiara de doctrina". Opina que la visión del clásico contiene un poco de resentimiento. En este aspecto, concluye, "fue un poco cínico".
La política y la milicia, asegura, no percibieron la diferencia de la nueva religión imperante. Es más, la misma especulación teológica se pudo nutrir de los eventos de la Historia. 'La ciudad de Dios' de Agustín de Hipona se entiende en el contexto del fin de Roma, que fue el fin de un mundo que muchos creían eterno.
El año 476, año en que fue depuesto Rómulo Augústulo, con poco más de 10 años, por el bárbaro Odoacro, se tiene como el fin de Roma occidental. "Existe una amarga ironía en el hecho de que el último emperador hubiera sido bautizado con el nombre Rómulo en honor del mítico fundador de Roma y de que el apodaran 'el pequeño Augusto'", considera el historiador. Augústulo, por cierto, es diminutivo de Augusto.
Pero también en torno a cuándo fue el fin hay mucho que discutir. Como en todo. Este trabajo de Goldsworthy intenta descubrir ("evidenciar", como él dice) los gérmenes de esa extinción. No han sido motivos religiosos, como se ha visto. Este inglés coteja sin decantarse, eludiendo hablar ex cátedra, evitando "dar titulares". El asunto es complejo.
No se puede hablar de un año en particular. "Es mejor ver este proceso con distancia. Entre Adriano, Marco Aurelio hasta Rómulo Augústulo la diferencia es bastante impresionante. No hay un claro elemento singular. Y por eso la caída del Imperio romano es un tema que nunca se pasa de moda", dice Goldsworthy, que, inglés como es, usa el "bastante", el quite para atenuar las palabras grandes y gordas. Una cosa no es "impresionante", no; es "bastante impresionante". Los ingleses son civilización pura mientras hablan.
Causas del fin
Si en el siglo II (donde empieza este libro) Roma era la potencia más importante del mundo conocido, ¿qué ocurrió en dos siglos? "Las generaciones de la época carecían del severo sentido de la virtud de las antiguas generaciones que habían contribuido a la grandeza de Roma", cuenta el profesor, de apellido complicado pero muy agradecido al ser pronunciado en alto con la pronunciación requerida.
"Había escasa motivación para el talento genuino", continúa. Aparte de las invasiones bárbaras, el Bajo Imperio sufría una hipertrofia administrativa, una intoxicación de burocracia, una debilidad de raíz espiritual. Y desconfianza entre las jerarquías, pues se fragmentaba el poder en muchos bandos.
De todos los personajes históricos que aparecen en su triste crónica antigua, Goldsworthy, el simpático profesor oxoniano, se queda con Marco Aurelio, el rey filósofo. "Uno de los que creo que conozco mejor como persona es él. Tiene algo increíble este hombre que es dueño del mundo que está desesperado por no corromperse y hacer las cosas con rectitud. Juliano, en cambio, siendo como fue un gran hombre, estaba demasiado centrado en sí mismo". Discreto, ingenioso, matizado, inglés, Goldsworthy es una razón importante para poner el History Channel (donde colabora) y no Telecinco. Y de paso puede uno ponerse un té con pastas.
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Debates de los lectores: El Concilio de Nicea
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28.4.09
Testudito
No sé vosotros qué opinareis, pero a mí este intento de reproducir la célebre maniobra romana de la Tortuga me parece más loable que efectiva.
Escudos ovalados y no rectangulares...
Flancos desprotegidos...
Amplios "ventanales" entre escudos...
Supongo que podemos tomarnos esta imagen como una ilustración del declive militar romano... más ganas que pericia, más fuerza que maña, poca técnica...
Por este motivo, más que un testudo, esto es para mí un testudito...
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17.3.09
El misterio de Sutton Hoo
Sutton Hoo, parte I
Sutton Hoo, parte II
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- La fallida conquista de Britania, por Cayo Julio César
24.2.09
Rachel Weisz + Amenábar + Hipatia de Alejandría = Agora
Por este motivo, la figura de Hipatia de Alejandría es conocida como:
- un icono de la resistencia de la ciencia ante los embites del integrismo religioso
- una de las últimas muestras de resistencia de la cultura pagana pre-cristiana, y del neo platonismo
- el símbolo hecho persona de la caida de la biblioteca de Alejandría, faro de la cultura de la Antigüedad
Todo esto es lo que ha llevado a Alejandro Amenábar a rodar su última película: Agora. Protagonizada por Rachel Weisz (guapa como pocas), nos muestra a una Hipatia de Alejandría que lucha por conservar un mundo que se acaba. A continuación podeis ver el tráiler de esta película, que no me queda muy claro si es española o americana, y donde podreis ver que el esfuerzo de documentación y reconstrucción del Egipto del s. V dC ha sido ingente.
ver el tráiler de Agora, lo último de Amenábar y Rachel Weisz
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20.1.09
... y dale con el 256 aC!!

El problema vuelve a llegar (el Pais no es el único en caer en este error), cuando se le otorga fecha a la caida de Dura Europos. Lo que debiera ser el 256 dC pasa a ser el 256 aC... es decir, que ya en el s. III aC, en lugar de estar preocupados con los cartagineses y la toma de control del mediterráneo occidental, los romanos ya estaban ocupados en la más remota Siria... supongo que el error tiene su raiz en la noticia que han debido elaborar los de la agencia de prensa, escritores primigenios de las noticias que después reproducen los diferentes periódicos... esto demuestra que ni en origen ni en final se están aplicando los debidos controles de calidad en periódicos pretendidamente serios. Que me equivoque en mi blog, pase... pero que lo haga el Pais... Os adjunto el párrafo, donde para más INRI, se data la toma de Dura Europos en el 256 aC, y la pervivencia de la dinastía Sasánida del 226 al 651... buffff...
Dura-Europos, situada en las orillas del río Eufrates, fue conquistada por los romanos, que construyeron allí una fortaleza. Hacia el 256 a.C., la ciudad fue sitiada por las tropas del Imperio persa, bajo la dinastía sasánida (226-651). Ningún texto antiguo relata el enfrentamiento, del que hoy en día se tiene constancia gracias a las excavaciones arqueológicas, iniciadas en los años 20.
Extracto de un artículo de elPais
En todo caso, el valor diferencial de la noticia de el Pais radica en que aporta una foto de unos de los esqueletos encontrados en la galería donde perecieron los famosos 20 legionarios (que no tiene demasiado detalle ni se aprecian restos evidentes), y adjunta el link (que yo no había sido capaz de encontrar) a la página de la Universidad de Leicester donde se explica el tema.De hecho, casi como juego, estaría bien inventariar cuántos periódicos han cometido este mismo error... ¿alguien se anima?
Saber más:
- Use of poison gas in ancient siege?Resumen del estudio de la Universidad de Leicester
- Artículo monográfico en la wikipedia
- Página personal de Simon James sobre Dura- Europos
- Página de la Universidad de Leicester sobre las Excavaciones en Dura Europos
- Doura-Europos sur l'Euphrate, artículo de Pierre Leriche, Director de Investigación en el CNRS francés
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La historia no es tan sólo cuestión de fechas
15.1.09
Guerra química en el siglo III antes de Cristo... ¿o fue 500 años más tarde?
Según recientes investigaciones arqueológicas, parece ser que los sasánidas usaron todo tipo de artimañas para acabar con la resistencia romana, incluso técnicas precursoras de la guerra química...

Visto en laGaceta.es
La evidencia arqueológica más antigua de guerra química data del siglo III antes de Cristo {la fecha exacta fue el 256 dC} en lo que hoy es Siria y sus víctimas fueron un grupo de soldados romanos a manos de los sasanidas persas.
Nueva York. Un investigador de la Universidad de Leicester (Reino Unido) ha identificado la que parece ser evidencia arqueológica más antigua de guerra química encontrada hasta la fecha.
Data nada menos que del siglo III antes de Cristo en lo que hoy es Siria y cuyas víctimas fueron un grupo de soldados romanos a manos de los sasánidas persas.
En una reunión del Archeological Institute of America, el experto británico Simon James presentó argumentos al estilo 'CSI' en relación a una veintena de soldados romanos, cuyos restos fueron encontrados en una mina próxima a la ciudad de Dura-Europos, en Siria, según los cuales sus muertes no se produjeron por heridas de espada o lanza, sino por asfixia, motivada por un ataque con gas venenoso.
Dura-Europodos, una ciudad a orillas del Eufrates, fue conquistada por los romanos que instalaron allí una gran guarnición. Alrededor del 256 antes de Cristo, la ciudad fue sometida a un feroz asedio por un ejército enviado por el poderoso Imperio Sasánida. La dramática historia ha sido revelada por restos arqueológicos aunque no está descrita en textos. Las excavaciones durante los años 20 y 30 del siglo XX, relanzadas en los últimos años, han proporcionado descubrimientos truculentos.
Los sasánidas usaron todo el repertorio de antiguas técnicas de asedio para entrar en la ciudad, incluido el minado para reventar las murallas. Los defensores romanos respondieron con contraminas para frustrar estos ataques. En una de esas estrechas galerías se encontraron apilados hace 70 años los restos de un grupo de veinte soldados romanos con sus armas. El profesor James convirtió el lugar en una escena del crimen, en un intento de entender cómo murieron esos soldados.
Betún y azufre
"Es evidente que cuando colocaron contraminas en las minas, los romanos perdieron la lucha. Un cuidadoso análisis de la colocación de los cádaveres muestra que habían sido amontonados en la desembocadura de las contraminas por los persas, creando con sus víctimas una pared de cuerpos y órganos y manteniendo así a raya a los romanos", explica el profesor James. Esto puede explicar la colocación de los cuerpos pero, ¿cómo murieron los romanos? "Para los persas, matar a veinte personas en un espacio de menos de dos metros de alto y ancho, y alrededor de 11 metros de largo, requería poderes de combate sobrehumanos", añade.
Los restos encontrados revelaron que los persas utilizaron betún y cristales de azufre para asfixiar a los romanos en pocos segundos. Y es que cuando se encienden estos materiales, emiten densas nubes de gases de asfixia. "Los persas habrían escuchado a los romanos abriendo un tunel y les prepararon una desagradable sorpresa", explica James. La utilización de estos productos en un asedio con minas ha sido mencionado en textos clásicos. Además, de la evidencia arqueológica se deduce que los persas eran conocedores de esta forma de combate. "Seguramente ellos sabían esta táctica oscura", asegura el investigador.
Irónicamente, esta mina persa no consiguió tirar las murallas {de hecho las hundió} pero es evidente que los sasánidas irrumpieron de alguna manera en la ciduad. Las excavaciones recientes de James mostraron un sistema de catapultas listo para ser usado contra el interior de la ciudad. Los defensores y los habitantes fueron masacrados o deportados a Persia, dejando inalterados sus horribles secretos hasta que la investigación arqueológica moderna ha comenzado a revelarlos. (ep)
Saber más (esta vez sin errores de bulto) sobre Dura- Europos:
- Artículo monográfico en la wikipedia
- Página personal de Simon James sobre Dura- Europos
- Página de la Universidad de Leicester sobre las Excavaciones en Dura Europos
- Doura-Europos sur l'Euphrate, artículo de Pierre Leriche, Director de Investigación en el CNRS francés
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La historia no es tan sólo cuestión de fechas
29.1.08
El Concilio de Nicea
Si es la primera vez que visitas este blog, deberías saber que este post es el resultado de un auténtico duelo fratricida entre 2 de mis comentaristas. Te recomiendo que antes de continuar leyendo te pongas al día...Introducción
La historia de la Humanidad es como el ADN, una larga cadena de elementos interconectados, que de forma independiente pierden su sentido, pero que en conjunto nos ayudan a entender qué somos y de dónde venimos. Dentro de esta cadena, hay sucesos que por su mayor significación cobran una importancia especial, y adquieren el valor de fechas de referencia, piedras miliares del cambio social, cultural y político a lo largo de los siglos.
El Concilio de Nicea es uno de esos acontecimientos sobre los que ha pivotado nuestra historia. Auténtico punto de inflexión de la cultura clásica, supone un fín y un inicio. El fin de una cultura gestada a lo largo de casi mil años, en las tierras de la lejana y turbulenta Grecia, y que tiene su punto de máximo esplendor en la Roma Imperial. Es también un inicio, por lo que supone de consolidación de una nueva forma de ver y entender el Mundo, el Hombre y la relación entre ambos. De hecho, podemos afirmar sin demasiado riesgo de error que este Concilio es un punto de referencia de un largo proceso de cambio de civilización, de la clásica por la cristiana. Si bien este proceso es gradual y tiene lugar durante unos cuantos siglos, adoptamos esta fecha como símbolo de aquello que acaba y de aquello que se gesta. Su importancia es tal que, hoy en día y de forma más o menos voluntaria, todos nosotros somos resultado de Nicea.
El desafío: 2 bloggers nos dan su versión acerca de lo que implica el Concilio de Nicea
Encontrareis a continuación la introducción a cada uno de los artículos así como el link al texto completo. Teneis 2 formas para votar cuál es vuestro artículo preferido:
- En la cabecera del blog, lateral derecho, teneis un pequeño formulario donde votar. Estos votos supondrán un 50% de la valoración final. Ya sé que el sistema es un poco pedestre y que presupone que todo el mundo se ha leido los 2 artículos, pero bueno, confío en el buen juicio de todo el mundo. Si eres lector de este blog vía RSS, clica aquí para votar.
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El Concilio de Nicea
¿el gran salto adelante? o ¿el ocaso de la civilización clásica?
La nueva forma de entender la historia
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El Concilio de Nicea, el gran paso adelante de la Civilización Clásica
El siglo IV asistió a una de las grandes revoluciones en los acontecimientos del mundo: el reconocimiento del cristianismo por parte del Imperio romano. Aunque no era cristiano, Constantino atribuyó al Dios de los cristianos y al signo de la cruz, que había visto en sueños la noche anterior – historia rechazable y discutible con la que me niego a castigar el intelecto del lector - , la victoria en la batalla decisiva que iba a llevarle al trono imperial. Para colmo y regocijo de los cristianos, en el 313 d.C. este taimado maestro de la realpolitik, junto con Licinio, augusto como él, garantizó la libertad religiosa ilimitada para todo el imperio. Además, en el 315 se abolió el castigo de la crucifixión, en el 321 se introdujo el domingo como festividad oficial y se aceptó que la iglesia disfrutara de su patrimonio y, por último, en el 325 se convirtió en Emperador único de la totalidad del Imperio, convocando, a la sazón, el primer concilio ecuménico – esto es, universal – que se celebró en su residencia de Nicea, en Bizancio.
¿Cómo pudo la Iglesia cristiana mantenerse contra todo pronóstico en el mundo de la antigüedad hasta llegar a establecerse?
En realidad, no hay una explicación unívoca para ello y son muchos los factores que intervinieron pero, tal vez, podría determinarse que se vio favorecida por estas cinco causas:
I) la organización unitaria de la iglesia y su voluntad de ayuda a los desamparados.
II) la contraposición del monoteísmo cristiano como una postura ilustrada y progresista frente al politeísmo salvaje.
III) la ética de los ascetas y mártires cristianos percibida como superior a la moralidad pagana.
IV) la unión y disciplina de la comunidad cristiana y
V) su capacidad de ofrecer respuestas más o menos sencillas y/o aceptables a problemas como la culpa, el pecado, la muerte o la inmortalidad del alma, asuntos todos ellos consustanciales al surgimiento del hombre mismo y que nos acompañarán hasta nuestra desaparición.
Una vez garantizada la libertad religiosa, las tensiones latentes en el seno del cristianismo salieron a la luz. Es tremendamente difícil sintetizar esas fricciones pero, básicamente, cuanto más se equiparaban la idea de Jesús y el hijo – paradigma absolutamente contrario a las enseñanzas del judaísmo – al mismo nivel que Dios padre, y se asimila la relación entre ellos de acuerdo a la idea de la trinidad y las corrientes naturalistas del helenismo, más difícil resultaba en el seno del cristianismo reconciliar la idea del monoteísmo con la existencia de un hijo de Dios. En cierto modo, el cristianismo parecía estar adorando a dos Dioses.
Intentemos centrarnos: El presbítero Arrio defendía ahora que el hijo, Cristo, había sido creado antes de los tiempos, pero que, aún así, debía considerársele una criatura de este mundo. Esta idea provocó una gran controversia que, inicialmente, sacudió los cimientos de la iglesia oriental. Cuando Constantino advirtió que, ante la masivas conversiones que se producían en el seno del cristianismo, una división ideológica amenazaba la unidad de un Imperio que, no olvidemos, había sufrido una verdadera guerra civil y acababa de unificarse políticamente, convocó el concilio universal. Extrapolando la situación, Constantino hizo exactamente lo mismo que haría el Director General de una gran empresa moderna cuando dos de sus principales departamentos tienen una visión divergente del modo de concluir un negocio... convocar una reunión.
El Concilio
Entre los asistentes, estaban las figuras eclesiásticas más relevantes del momento: Osio, obispo de Córdoba – al que, desde el primer momento, Constantino permitió dirigir las deliberaciones -, Alejandro de Alejandría, Marcelo de Ancira, Leoncio de Cesarea, Eustaquio de Antioquia... incluso unos presbíteros representaron al obispo de Roma, que no pudo asistir debido a su avanzada edad (la mayoría de las versiones contradicen la moderna hipótesis del controvertido teólogo Hans Küng, en el sentido de que éste no había sido invitado) y también figuraban entre los asistentes personas más o menos próximas a Arrio, como Eusebio de Cesarea o Eusebio de Nicomedia. En cierto modo, si hacemos caso a este escenario – y documentalmente es tan válido como cualquier otro pues figura en múltiples referencias – todas las corrientes estaban más o menos bien representadas y, según dos de los principales cronistas del evento, Rufino y Atanasio, las discusiones fueron acaloradas pero sustancialmente “límpias” y, lo más importante, Constantino se abstuvo por lo general – al menos, por su propia palabra – de participar en ellas. Esto contrasta con algunas descripciones modernas – quizá fruto de un revisionismo ciertamente interesado - de la actuación de Constantino en el concilio, interviniendo y dirigiendo la intervenciones. Esta claro que, del resultado del convenio dependía en buena parte la estabilidad de una parte cada vez más grande de la población del Imperio, y es justo que Constantino deseara esa estabilidad pero es muy discutible que dirigiera el resultado de las deliberaciones porque, para empezar, el intelecto del emperador – y de casi cualquiera de los mortales – tendría serios problemas para asimilar buena parte de los temas, términos y abstracciones discutidos en Nicea. El emperador se limitó a enviar a Alejandro y Arrio, los dos principales contendientes, una epístola moderadora que tiene más de la ignorancia del soldado que de la razón del estadista y, siguiendo este razonamiento, es posible que solo acabara apoyando a Osio porque, simplemente, le resultara la opinión más comprensible, y porque como refleja acertadamente Edward Gibbon, en los posicionamientos preliminares de los dos primeros días, Arrio solo gozaba del apoyo de dos obispos de Egipto, siete presbíteros y doce diáconos. Evidentemente, Arrio salió derrotado y Contantino redondeo su absoluta falta de principios en el momento en, transcurridos tres meses desde Nicea, mostró indulgencia para todos aquellos que defendieron en su día la opción perdedora y fueron severamente castigados, incluidos Eusebio y Arrio.
Resultados del Concilio
Según el credo aprobado – la resolución más importante del concilio – Jesucristo no habría sido creado antes de lo tiempos, esto es, el punto de vista arriano. Antes bien, como “hijo” es también “de la misma naturaleza que su padre” (en griego Homo-ousios) una interpolación de la idea helenística de la consustancialidad, idea que aunque resulta escasamente bíblica, era más fácil de concebir por la población del Imperio, incluido el mismo Constantino, aunque no para los judíos. En definitiva, el nuevo credo supone la apuesta total de la iglesia por occidente y los gentiles como vivero de vocaciones y una cierta ruptura con oriente, con las fuentes hebraicas y con las filosofías orientales. Desde el primitivo cristianismo, el concilio había creado, de hecho, el catolicismo.
Es indiscutible que, en determinados aspectos, el emperador buscó la mayor cantidad de sinergias posibles: aprovechó la oportunidad para asimilar la organización territorial de la iglesia a la organización territorial del Estado y determinadas resoluciones conciliares se tornaron en leyes civiles con su beneplácito. Pero, no obstante, escritos más o menos contemporáneos a los hechos, permiten definir y comprobar los estrechos límites de los primeros jerarcas religiosos que, salvo contadísimas excepciones, nunca sobrepasaron el poder espiritual, perteneciendo los abusos (algunas excomuniones arbitrarias y ciertos casos de corrupción) al grupo de acciones de aquellos que solo se representan a sí mismos y no a un paradigma de comportamiento. Además, Constantino permaneció objetivamente fuera de cualquier confrontación de tipo religioso o relacionada con la fe, que es, que duda cabe, la sustancia principal del hecho religioso por lo que hablar de una Iglesia Imperial me parece, cuanto menos, desproporcionado. Esto, unido a la no intervención de la Iglesia en decisiones relacionadas con la política exterior, los temas militares o la cuestión económica, me hacen inclinarme por la visión de un Estado de la iglesia dentro de otro estado.
El que el emperador recibiera el apoyo de, al menos, aquellos que se habían visto beneficiados por su política de libertad religiosa – libertad que afectaba a todas las confesiones, no solo a la cristiana – parece consecuente y la necesidad de un credo universal – a la postre aprobado en Nicea – del tipo “un Dios, una Iglesia, una fe” imprescindible para una religión en crecimiento y con los problemas de estanqueidad y diferencia de puntos de vista de las grandes organizaciones. La iglesia no participó en la definición del nuevo estado romano, tan solo se aprovechó del peso demográfico de sus seguidores y su única obsesión fue la organización de los suyos, pero como cristianos, no como ciudadanos. Constantino, un soldado por encima de todo y puede que obsesionado por reparar las excesos que pudiera haber cometido, dio media vuelta a sus convicciones y desterró a los tres principales prohombres católicos, Atanasio, Eustacio y Pablo de Constantinopla e incluso recibió los ritos del bautismo de manos del obispo arriano de Nicomedia... Ciertamente, un comportamiento bisoño por parte de un monarca que nunca acabó de entender las opiniones que se vio forzado a escuchar y que aceptó la solución que ofrecía más estabilidad... sin preocuparse de absolutamente nada más. La iglesia le devolvió el favor, mostrándole la más educada de las indiferencias.
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Indice
- El Concilio de Nicea
- El Concilio de Nicea, el gran paso adelante de la Civilización Clásica
- El Concilio de Nicea, el ocaso de la Civilización Clásica
La nueva forma de entender la historia
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El Concilio de Nicea, el ocaso de la Civilización Clásica
Es imposible hacer una reflexión fundada sobre que fue, pero, sobre todo, que ha significado para el ser humano el Concilio de Nicea sin situarlo en el contexto histórico en el que se desarrolla. Porque es ese contexto histórico el que coloca a sus actores relevantes y el que dibujaría la escena de un mundo que, a partir de dicho Concilio, se tragaría todo lo anterior a causa del fundamentalismo religioso, hundiendo a la humanidad en más de 1000 años de oscurantismo; la Edad Media. Y sin hacer esa reflexión es imposible entender cómo la sabiduría de sabios y filósofos, recogida y mimada durante más de diez siglos anteriores a dicho Concilio en bibliotecas, academias y escuelas, fuera, de repente, tragada por la noche de los tiempos durante otros diez siglos. Sabiduría que, aún hoy día, no ha sido recuperada del todo y que, con toda probabilidad, jamás lo será.
Constantino Superstar (306-337)
Es evidente que el hecho histórico más relevante en el siglo IV, tras la restauración del Estado llevada a cabo por Dioclesiano, es la conversión del cristianismo en el catolicismo, siendo, de la noche a la mañana, la religión sociológicamente dominante del mundo mediterráneo. Si a principios de siglo el cristianismo no deja de ser una más de las tantas religiones de salvación de origen oriental existentes en el Imperio, mediado el mismo y tras su reconversión en catolicismo, se transforma en una marea que lo engulliría, mediatizaría y estrangularía todo, desde la misma sociedad, hasta la cultura y, por supuesto, la política. Ese cambio, sin embargo, no se produjo sin una profunda crisis que queda reflejada en el pensamiento histórico y literario de la época.
Esto sería inexplicable sin la figura de Constantino (306-337) como emperador de oriente. Es más, si el reinado de Constantino no hubiera tenido lugar, el catolicismo no existiría. Como figura histórica Constantino vive una época convulsa y tremendamente complicada, lo que refuerza su imagen de hombre inteligente que no sólo fue un gran militar y estratega, sino también un político hasta la médula. Todo ello sin obviar el carácter severo, violento y de ostentación que marcaron a casi todos los emperadores del imperio.
Hay que trasladarse hasta el 1 de mayo de 305, cuando Diocleciano abdica, para ver a las claras como la crisis del sistema llamado Tetrarquía (dos césares y dos Augustos) se hace evidente. La retirada de los dos Augustos implicaba de forma directa la trascendencia del poder imperial, no inherente a quien lo ejerciera. Por lo tanto, los dos Césares pasaron a ser Augustos (Constancio y Galerio, ostentando aquel el titulum primi nominis, la preeminencia moral sobre el título de Emperador), y se nombran dos nuevos Césares: Maximino para oriente y Severo para occidente. El equilibrio del sistema es precario, siempre lo fue, pero ahora lo es más que nunca. El mecanismo de poder, mal fundamentado por Diocleciano, mezcla dos reglas incompatibles: la elección subjetiva y arbitraria del aspirante - derecho de este en el sistema de sucesión del Augusto-, y el automatismo propio del sistema monárquico - hereditario por primogenitura-. Esto sólo dio lugar a una serie de luchas, principalmente por la exclusión del sistema en el 305 de los hijos de aquellos que fueron Augustos y Césares. En ese alzamiento, Constantino, hijo de Constancio, logra controlar la Galia e Hispania, siendo nombrado César por Severo - quien termina siendo asesinado por los propios pretorianos que nombran Augusto a Majencio, hijo de Maximiano-. Para terminar de arreglar el desaguisado Diocleciano nombra a un Augusto occidental por su cuenta, Licinio, en 308.
Todo esto podría parecer muy complicado a simple vista, pero es más sencillo de lo que parece. Imagínense que en el año 308 siete emperadores tenían, más bien pretendían tener el título de Augusto: Maximiano, Galerio, Constantino, Majencio, Maximino Daia y Licinio. Incluso Domicio Alejandro, en África, se vistió de púrpura. Evidentemente la situación se solucionó a base de eliminación, nunca mejor dicho, de candidatos. Maximiano fue asesinado precisamente por Constantino, su propio yerno, en el año 310. En el 311 Galerio muere de enfermedad, no sin antes publicar un edicto de tolerancia religiosa hacia los cristianos, a los que persiguió enconadamente por servir de espías para sus adversarios. Ese mismo año un prefecto de Majencio asesina a Alejandro. Estos hechos dejan camino expedito a Constantino y Majencio en el Oeste, y a Licinio y Maximo Daia en el Este.
Lo cierto es que la figura de Majencio ha sido considerada como la de un usurpador por todos los historiadores, y como la de un tirano y asesino de cristianos por parte de las fuentes eclesiásticas. Lo primero es cierto, lo segundo no podría estar más lejos de la realidad. Majencio, de hecho, siempre practicó políticamente la tolerancia religiosa. Y tiene su lógica dado que los problemas que lo obligaban a gobernar al día, con el único apoyo de los pretorianos y del pueblo romano - la plebe-, no así de los elementos senatoriales que no veían con buenos ojos la fiscalidad impuesta a sus patrimonios, a lo que hay que sumar la pérdida de Hispania a manos de Constantino, y la falta de avituallamiento de Roma por culpa de los disturbios causados por Alejandro en África, no le permitían preocuparse por quien y que religión se practicaba.
Sin embargo, quien tomó la iniciativa que restablecería la unidad imperial fue Constantino, demostrando ser el mejor estratega de los cuatro en liza. Sabía que Licinio, responsable de la península balcánica, no intervendría ya que había llegado a un entendimiento con Maximino, así que invadió Italia por los Alpes y derrotó en el Puente Milvio a Mejencio el 28 de octubre de 312. La tradición católica entiende esa victoria como milagrosa e incluso dice que las legiones adoptaron la cruz como emblema para ir a la batalla, in hoc signo vinces. Pero la realidad es que el milagro habría sido que Majencio hubiese podido vencer a las legiones sólo con sus pretorianos, por no hablar de que las legiones mandadas por Constantino portaban como estandarte un esbozo de lo que más tarde pasaría a ser el Crismón o Lábaro, estandarte militar de Constantino, no la cruz, que como símbolo cristiano no fue usado jamás, y como símbolo católico no es usado hasta bien entrado el siglo VII. Es más, la cruz como símbolo era repudiado por los cristianos por su origen simbológico pagano ("Los cristianos incluso repudiaban la cruz debido a su origen pagano. [...] Ninguna de las imágenes más antiguas de Jesús lo representan en una cruz, sino como un dios pastor a la usansa de Osiris o Hermes, portando un cordero" - Barbara Walker, The womans enciclopedia of myths and secrets, San Francisco, Harper and Row, 1993-).
Constantino llega a un acuerdo con Licinio, más dado a negociar que a luchar, para repartirse el pastel, ganando a su causa a todos los grupos religiosos que pululan por el Imperio con el Edicto de Milán de 313. Para empezar la idea no parte de Constantino, sino de Licinio, que ya en el 311 había usado el mismo sistema firmando junto a Galieno un edicto de tolerancia para apaciguar a los grupos religiosos de sus ámbitos gubernamentales. Este primer edicto de 311, firmado por Licinio y Galieno, es obviado por las fuentes eclesiásticas de forma interesada, tomando el firmado en 313 como de libertad de culto para los cristianos en exclusiva y dando como impulsor del mismo a Constantino. Lo cierto es que tanto el de 311 como el de 313 son edictos de tolerancia religiosa para todas y cada una de las religiones que existen en ese momento, no sólo para los cristianos.
Este entente entre Constantino y Licinio dejó a Maximino Daia aislado. El edicto consiguió que las diferentes religiones en los territorios de este último se volvieran más belicosas e incluso inspiraran revueltas. Esto sumado a su débil posición estratégica dio como resultado su derrota en Adrianópolis a manos de Licinio ese mismo año 313. Maximino Daia es considerado por fuentes eclesiásticas como un acérrimo perseguidor de cristianos (¿...?). El Imperio volvía a tener los Augustos precisos. Licinio se convirtió en cuñado de Constantino al casarse con su hermana. Pero sólo eran aliados en apariencia.
La necesidad de creación del "Imperium Christianum" (306-379)
Es ese año 313 cuando Constantino comienza, de verdad, a tener en cuenta a los cristianos como fuerza de mantenimiento del orden y la paz, no sólo porque están organizados a lo largo y ancho de todo el Imperio, lo que los convertía también en una fuerza de espionaje y sabotaje sin parangón, sino porque la doctrina cristiana se acercaba mucho a lo que él mismo entendía por una religión. Como su padre, Constantino era un adepto al culto solar - Sol Invictus-. Las fuentes católicas se hacen eco de su revelación divina a raíz de una aparición. Lo cierto es que Constantino fue adicto a las apariciones divinas, entre ellas la de un Apolo Solar durante su estancia en Vosgos. Es evidente que Constantino era más un hombre de Estado que un hombre religioso, y su política al respecto lo prueba. Durante el año 313 los símbolos cristianos se multiplican en las monedas y las menciones a otros dioses "paganos" se van apagando. Pero es en el año 314 cuando los cristianos le piden que intervenga en una disputa con respecto a la doctrina donatista, vendiéndole la imagen de perturbación de la paz que producía la duplicación de la doctrina cristiana. Era evidente que la idea de unificación que Constantino albergaba tendía a cerrar una disputa que había dividido el norte de África, fuente de avituallamiento de todo el Imperio, donde surgían comunidades cristianas paralelas por doquier con una doctrina que estaba tomando el tinte de una cierta lucha social - los campesinos, literalmente trillados por los impuestos imperiales para el mantenimiento de las luchas internas entre los tetrarcas, se sintieron más cerca de los donatistas, cuya nueva doctrina aprovechaban para saquear haciendas y bienes de aquellos que no la compartían-. Donde de verdad Constantino vio la oportunidad fue en que, si bien los cristianos no donatistas le habían pedido intervención, los donatistas también lo hicieron. Y él no desaprovecha la ocasión para imponer su criterio. Nombra a Milciades, obispo de Roma y a Marcos, procónsul de África, como jueces en la disputa, celebrando el llamado Concilio de Arlés, al frente del cual pone a Ceciliano. La cuestión no era que el Concilio terminara con el cisma donatista, para Constantino la cuestión era que el Concilio de Arlés es el primer Concilio sujeto a arbitrio imperial y abría una serie de posibilidades que, como hombre de Estado, no le pasaron desapersividas. El Concilio de Arlés es el verdadero antecedente histórico para el Concilio de Nicea, también sujeto a arbitrio imperial.
A partir del año 314 Constantino entra en una espiral filocristiana favoreciendo a dicha doctrina frente al resto. Entiende perfectamente que la religión es un arma formidable si consigue que esta respalde al Estado: gobernar al ciudadano no sólo legislativamente, sino también moralmente. Esta actitud lo enemista rápidamente con Licinio, más dado a la tolerancia hacia todas las religiones, que comienza a tener problemas con el fundamentalismo cristiano que se extiende por sus dominios a causa de Constantino. Este termina por atacarlo de forma unilateral arrancándole las provincias de Panonia y Mesia. Pero finalmente se acuerda una tregua de diez años. Al mismo tiempo Diocleciano muere en Salona, haciendo que la situación vuelva al principio de la sucesión hereditaria. En rigor, el concepto dinástico requiere un sólo emperador que imponga a su propia dinastía. Así que la guerra estalla en el 324, presentada por la tradición católica como una cruzada, cuando no deja de ser el mismo sistema de eliminación que se venía produciendo desde 312. Licinio es derrotado en Adrianópolis y luego en Asia Menor. Se rinde, siendo ejecutado junto a su hijo. Este acto, bárbaro en apariencia, restablece la concentración de poder imperial en una sola mano, asegurando la sucesión dinástica en esas mismas manos.
Una vez eliminados todos sus adversarios, que optaban a obtener el mando del Imperio, Constantino comienza a cimentar las bases para que ese mando que ahora ostenta no pueda ser discutible. Para ello primero crea una base que respalde a su dinastía, así que la llama segunda dinastía "flavia", sosteniendo que su padre era descendiente de Claudio II, el Gótico. Convencido de la necesidad de crear un gobierno respaldado por una religión de Estado, se lanza de lleno a la creación del Imperium Christianum. Las bases para ello las viene creando desde el 313, cuando comienza su actitud "césaropapista". Es más, él es el primero que acuña el concepto de Iglesia Católica, no San Pedro ni ningún otro santo, Constantino. En una carta enviada al procónsul de África, Anulino, a raíz del cisma donatista, se incluyen dos puntos que aclaran cuales son sus intenciones. Es el primer escrito en el que aparece el concepto de catholica ecclesia - es decir, universalmente reconocida- y la exención de sus clerici de las cargas (numera) curiales; la concesión de la inmunidad eclesiástica. Podría parecer que este acto fue gratuito, pero teniendo en cuenta que los cristianos, donatistas y no donatistas - aunque son los primeros lo que se apropian del término-, se consideran a si mismos soldados de Cristo - agonistici-, y que Constantino vislumbra ese Imperium Christianum, no sólo no se puede decir que es un acto gratuito sino que además se puede aseverar que fue interesado y, políticamente, muy acertado.
La creación intelectual del crisol de la cristiandad.
Si bien en el año 325 la religión más favorecida por el Estado, no sólo desde la ley, sino también de forma económica, es la cristiana, no deja de ser cierto que la religión más popular es el mitrianismo. El ferreo código moral cristiano y el fundamentalismo del que hacen gala los cristianos no atrae demasiado a una ciudadanía que acostumbra a cambiar de religión según sus preferencias, el tipo de celebraciones que practican, etc, etc. Esto se debe a la gran oferta religiosa que existe.
Hasta el año 320, el cristianismo es tolerado y favorecido, pero nunca convertido en la religión oficial del Estado. Es la época de compromiso con la antigua religión - Constantino seguía siendo pontifex maximus, impronta que remarca en el Crismón o Lábaro, estandarte militar de Constantino- y de equilibrio entre cristianos y paganos. Tanto es así que el Emperador tiene consejeros de varias religiones... pero por los cristianos tiene a Osio de Córdoba (256-357).
Esta figura, que parece pasar desapercibida en los libros de historia, siendo nombrada sólo de soslaire, jugará un gran papel en los hechos que desembocarían en el Concilio de Nicea. Para poder demarcar su carácter decir que, anteriormente, ya participa de forma activa en el Concilio de Elvira en Hispania. Concilio poco conocido en el que se trata la separación de las comunidades judías hispanas y estrictas prohibiciones para alejar a los cristianos de "ambientes" paganos. Estas prohibiciones afectaban desde la asistencia de cristianos a las carreras de cuadrigas hasta el culto imperial o la asistencia a fiestas promovidas por otras religiones - no he logrado encontrar cual sería el castigo para quienes obviaran estas prohibiciones-. Entre sus 81 cánones, todos disciplinares, se encuentra la ley eclesiástica más antigua concerniente al celibato del clero, la institución de las vírgenes consagradas (virgines Deo sacratae), referencias al uso de imágenes - cuya interpretación aún es muy discutida-, temas como el matrimonio, bautismo, ayuno, excomunión, enterramiento, vigilias, o cumplimiento de la obligación de asistir a misa. Pero no adelantemos acontecimientos...
Constantino se da perfecta cuenta de que si quiere un respaldo religioso a su política, si pretende conseguir el gobierno del hombre por la ley y la moral, necesita no sólo respaldar su dinastía, ser pontifex maximus o ejercer el cesaropapismo. Es menester que las diferentes religiones admitan el origen divino de su poder, no porque sea dios, sino porque dios así quería que fuera. Necesita que las diferentes religiones respalden al Estado y unifiquen criterios que le sean más provechosos al Imperio. Precisa que las distintas religiones unifiquen criterios en vez de entrar en una guerra abierta por los creyentes. En parte ya lo está consiguiendo con el mitrianismo - Sol Invictus- y el cristianismo. Un buen ejemplo de ello es que el Festival del Nacimiento del Sol Inconquistado (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba tras el sosticio de invierno, en alusión al "renacimiento" del sol. Este Festival corría desde el 22 al 25 de diciembre... -¿Les suena?-, curiosamente resulta que es a partir del Concilio de Nicea cuando queda sentado que el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Cristo - no de Jesús, de Cristo-. También quisiera señalar que el gorro que usaran obispos, arzobispos y el mismo Papa, la mitra, tiene su origen en el tocado de dignidad que llevaban los sacerdotes de Mitra y, posteriormente, los sacerdotes persas que vestían de blanco - es evidente que el tocado no era, ni mucho menos, parecido a lo que, hacia el siglo V, se usaba en la Iglesia Oriental, que no pasaba de ser un bonete semiovoide. Pero su origen está claro y es indiscutible-. Incluso el halo que aparece en las figuras de los santos rodeando su cabeza es una copia del que aparece alrededor de la cabeza del auriga del carro del Sol Invicto.
Para el Emperador no existía problema a la hora de reunir a las diferentes religiones paganas. El problema era, precisamente, meter en el saco a los cristianos. Y Arrio fue la excusa perfecta. No se puede decir que Constantino engañara a los cristianos, sin duda Osio tenía muy claro cual era el fin último del Concilio que el Emperador quería hacer, pero también tenía muy claro que las ventajas para el cristianismo de esa unificación de doctrinas que diera lugar a un credo universal eran muchas, siempre y cuando todo lo aprobado en Elvira pudiera ser impuesto, y, de paso, se quitaba de enmedio no sólo a Arrio, que se estaba convirtiendo en un verdadero problema en las diosesis orientales, sino a otras muchas "herejías" incipientes basadas en los diferentes evangelios que pululaban por el imperio. Aquí Constantino también da muestras sobradas de ser un hombre de Estado. La doctrina arriana le es más simpática que la fundamentalista ostentada por Osio - el arrianismo es más acorde con su concepto de monarquía divina, el Hijo subordinado al Padre, al igual que el César al Augusto-, pero entiende que es necesario perder algo para ganar mucho.
Nicea![]()
El Concilio de Nicea se celebra en el 325 en la ciudad de la que toma nombre - la actual Iznik-, en Asia Menor. Lo convoca directamente el Emperador Constantino, y las fuentes eclesiásticas dan por cierto que por consejo de Osio de Córdoba. "Son las mismas fuentes que no reconocen la asistencia al Concilio de Nicea de otras sectas y religiones. Sin embargo esto no es discutible dado que las decisiones tomadas en este Concilio unifican en el credo cristiano diferentes tradiciones que nada tenían que ver con el cristianismo hasta su celebración: la fecha de la Navidad es un buen ejemplo (...)" - Reverendo Robert Taylor, The Diegesis: Being a Discovery of the Origin, Evidences, and Early History of Christianity. Never yet before or Elsewhere So Fully and Faithfully Se, Kyla (Montana), Kessinger Publishing Company, 1997-.
El Concilio de Nicea fue una verdadera cumbre que reunió a los líderes cristianos de Alejandría, Antioquía, Atenas, Jerusalén y Roma, junto a los máximos representantes del resto de las sectas y religiones más representativas en el ámbito del Imperio romano - Apolo, Deméter/Ceres, Dioniso/Baco, Jano, Júpiter/Zeus, Oannes/Dagón, Osiris e Isis y, por supuesto, el Sol Invictus, este último representado por el propio Emperador-. En este aspecto es revelador que se guarden las actas del Concilio de Elvira, así como lista fiel de asistentes y de los cánones que se aprobaron allí, pero resulta que las actas de Nicea - Concilio a todas luces más importante-, así como los cánones resultantes estén tan rodeados de controversia. Por poner un ejemplo, resulta que la mayoría de los cánones que, supuestamente, se aprueban en Nicea son un calco de los aprobados en Elvira - tanto es así que las fuentes eclesiásticas han intentado hacer pasar el Concilio de Elvira como posterior a Nicea. Pero resulta que sus actas, en las que se recogen los cánones y el nombre de los asistentes, están fechadas, así que no cuela-, y ninguno de ellos hace referencia ni directa ni indirecta a la fecha de celebración de la Navidad, cuando se sabe a ciencia cierta que el 25 de diciembre es impuesto como tal en Nicea.
Tampoco parece que haya una posición clara de quienes asisten a dicho Concilio, cosa que no ocurre con ningún otro, ni anterior - Concilio de Arlés, Concilio de Elvira, etc-, ni posterior. Hasta hace poco más de 40 años la iglesia negaba que existieran listas de asistentes. Es entonces cuando se, digámoslo así, matiza lo dicho, porque esas fuentes se negaban a si mismas, que sí reconocían que hubo que firmar un documento de adhesión al Credo que fue aprobado por casi todos los asistentes - se conocía hasta los nombres de los dos asistentes que no lo firmaron: Teón de Marmárica y Segundo de Tolomeo-. Las fuentes eclesiásticas reconocen que "Las listas de firmantes han llegado hasta nosotros muy mutiladas, desfiguradas por los errores de los copistas (...)" - Enciclopedia Católica-, algo que, visto lo visto, es más que lógico. El estudio de dichas listas sólo ha sido permitido a H.Gelzer, H.Hilgenfeld, O.Contz y C.H.Turner, dando lugar al reconocimiento de unos 220 nombres, aunque, cosa extraña, en las listas aparece el nombre del firmante, diósesis, filiación y... ¡Su religión! (¿...?).
Pero este Concilio no sólo es curioso por eso. El "Milagro" de Nicea también permitió quitar de enmedio 266 evangelios mediante la "intervención divina", que consistió en poner los 270 evangelios bajo una mesa del salón del Concilio, cerrar la puerta con llave y pedir a los Obispos que rezaran durante toda la noche para que dios pusiera sobre la mesa aquellos que fueran inspirados por él. Claro que, a falta de actas, tampoco sabemos quien guardó la llave durante la noche. Lo cierto es que a la mañana siguiente los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan estaban sobre la mesa. Sobrenatural o no, el responsable del "milagro" debió de haber ponderado mejor la elección de estos cuatro evangelios, pues los escogidos incurren en abundantes contradicciones lo que hace imposible que sean, por llamarlo de alguna manera, fiables. Por ejemplo, en el evangelio de Mateo se afirma que el nacimiento de Jesús fue dos años antes de la muerte de Herodes, mientras que si es a Lucas a quien tenemos que hacer caso, Herodes llevaría nueve años muerto en el momento del nacimiento de Cristo. ESto, que podría ser incluso cómico, la elección de esos cuatro evangelios de entre los 270 existentes, tuvo como consecuencia la muerte de decenas de miles de cristianos durante los tres años siguientes a la finalización del Concilio, porque la posesión de cualquiera de los 266 restantes se tipificó como un delito capital - Lloyd Graham, Deceptions and myths of the Bible, Nueva York, Citadel Press, 1991-.
Sin embargo, lo más importante es que lo que resulta del Concilio de Nicea es el catolicismo, con variaciones bastante pequeñas, que hoy día conocemos. Aparece de forma efectiva lo que será, ya para los restos, la catholica ecclesia, no sólo como concepto sino con un refinamiento en cuanto a organización que jamás había tenido ninguna otra organización religiosa, ni lo tendrá después. Se aprueba todo lo relativo a las elecciones episcopales, los patriarcas y su jurisdicción, todo lo relativo a la excomunión, la prohibición de abandono de sus iglesias por parte de los clérigos, así como la prohibición de que Obispos, sacerdotes y diáconos pasen de una iglesia a otra. En este concilio se llegan a sentar incluso las bases de la liturgia que hoy día conocemos... pero también se le dan poderes a la nueva iglesia para embarcarse en una campaña de censura a gran escala destinada a silenciar a millones de disidentes a través del asesinato, la quema de libros, la destrucción de obras de arte, la desacralización de templos, la eliminación de documentos, inscripciones o cualquier otro posible indicio que pudiera poner en duda su derecho a ejercer el gobierno del espíritu del hombre, y que condujo a occidente a unos niveles de ignorancia desconocidos desde el nacimiento de la civilización grecoromana - "A fin de oculta rel hecho de que no existía base histórica alguna que justificase sus ficciones teológicas, el sacerdocio cristiano tuvo que recurrir al deleznable crimen de destruir casi cualquier traza de lo ocurrido durante los dos primeros siglos de la era cristiana. Lo poco que fue permitido que llegase hasta nosotros lo habían alterado y distorsionado hasta dejarlo por completo carente de cualquier valor histórico" Jonathan M. Roberts, Antiquity unveiled: ancient voices from the spirit realms, Mokelumne Hill (California), Health Research Books, 1970-.
La consumación del "Imperium Christianum"
Por su parte Constantino consigue aquello que se había propuesto, la creación de una religión de Estado que respaldará su poder, y con el tiempo el de todas las monarquías europeas siempre y cuando sean católicas, como entregado por el propio dios. Sin embargo, pasan muy pocos años entre un Constantino, monarca que preside un Concilio que ha logrado hacer a su medida y en los términos que pretende, intentando estatalizar a la religión que nace de dicho Concilio, y esta carta enviada por un Osio dejando claro cual era el espíritu de aquellos que, como supuestos defensores de la fe, acudieron a Nicea: "Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal en escribir tales cosas y en amenazarme (...) Dios te confió el Imperio, a nosotros las cosas de la Iglesia (...) Ni a nosotros es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, Emperador, la tienes en lo sagrado..." La historia, y a las pruebas me remito, desdijo a Osio e hizo salir las verdaderas intenciones de la iglesia, dando la vuelta a aquella tortilla que tan bien creyó hacer Constantino. Todo ello en menos de cien años.
Una vez que las autoridades eclesiásticas obtienen el derecho legal de destruir cualquier obra escrita que se opusiera a las bases sentadas en Nicea, entre los siglos III y VI, bibliotecas enteras fueron arrasadas hasta los cimientos, escuelas dispersadas y confiscados los libros de ciudadanos particulares a lo largo y ancho el imperio romano, so pretexto de proteger a la iglesia contra el paganismo. En el siglo V la destrucción era tal que el arzobispo Crisóstomo escribió con satisfacción: "Cada rastro de la vieja filosofía y literatura del mundo antiguo ha sido extirpado de la faz de la tierra" - Lloyd Graham, Deceptions and myths of the Bible, Nueva York, Citadel Press, 1991-. Se establece la pena de muerte para cualquier persona que escribiera libros que contradijeran las doctrinas de la iglesia. En la lista de aquellos que participaron en ello hay muchos nombres de los "doctores" de la iglesia. El propio Gregorio, obispo de Constantinopla y último doctor de la iglesia, fue un activo incinerador de libros. La construcción de iglesias sobre las ruinas de los templos y lugares sagrados de los paganos no sólo se convirtió en una práctica común sino también obligada para borrar por completo el recuerdo de cualquier culto anterior. Sin embargo, hubo cierta justicia poética en todo ello. En Egipto, ante la imposibilidad material de demoler las grandes obras de la época faraónica o de borrar los jeroglíficos grabados en la piedra, se optó por tapar los textos egipcios con argamasa, lo cual, lejos de destruirlos, sirvió para conservarlos a la perfección hasta nuestros días y eso ha permitido que tengamos un conocimiento de antiguo Egipto más detallado que el de los primeros siglos de nuestra era y, lo que es más importante, aquellos jeroglíficos preservaron la verdad, ya que contenían la esencia y el ritual del mito celeste que, casualidades de la vida, tiene una enorme similitud al mito evangélico.
"Tras quemar libros y clausurar iglesias paganas, la iglesia se embarcó en otra clase de encubrimiento: la falsificación por omisión. La totalidad de la historia europea fue corregida por una iglesia que pretendía convertirse en la única y exclusiva depositaria de los archivos históricos y literarios. Con todos los documentos importantes custodiados en los monasterios y un pueblo llano degenerado al más absoluto analfabetismo, la historia cristiana pudo ser falsificada con total impunidad, convirtiendo a una religión de Estado en un Estado en si misma". Barbara Walker, The womans enciclopedia of myths and secrets, San Francisco, Harper and Row, 1993.
Conclusión
Bajo mi punto de vista, y en vista de los hechos expuestos, no creo que nadie sea capaz de negar la intención de Constantino y mucho menos la de aquellos santos padres de la iglesia católica. Tampoco creo que yo sea el más indicado para sacar conclusiones al respecto. Así fueron los hechos, y así se los he contado. Todo lo expuesto aquí no forma parte de un saber esotérico u oculto, se trata de hechos conocidos, si bien no difundidos. Hagan la prueba. Si interrogan a cualquier académico ducho en el tema no tendrá más remedio que reconocer que la fundación del cristianismo y la posterior fundación de la iglesia católica está cimentada en siglos de fraude, mentiras e intriga.
No me gustaría que alguien entendiera que las intenciones que promueven este texto que han leído tienen que ver con vilipendiar la religión como concepto. Nada más lejos de la realidad. Como filósofo, se me hace impensable creer que los hechos, los datos, la historia, la verdad al fin y al cabo, menoscabe la religión. Todo lo contrario. Bajo mi punto de vista sí lo hacen las falsedades y manipulaciones históricas que cimentan creencias areligiosas que benefician únicamente a aquellos que las propagan en detrimento de los creyentes, la mayoría de las veces con la única intención de imponer normas morales y éticas que poco o nada tienen que ver con las creencias reales de quienes las practican. Creer en la existencia de dios, sea este el que sea, creer en su bondad y piedad, que no es otra cosa que creer en la bondad y piedad del ser humano, no tiene nada de malo, es incluso deseable. Como bien dijo Voltaire "Si dios no existiera, habría que inventarlo", porque cuando no existe la capacidad para crear una serie de normas éticas y morales propias la existencia de la religión suple dicha incapacidad.
Espero que les haya sido interesante o, cuando menos, que les haya impulsado a leer un poco sobre el tema y sacar sus propias conclusiones.
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- El Concilio de Nicea, el gran paso adelante de la Civilización Clásica
- El Concilio de Nicea, el ocaso de la Civilización Clásica
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