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1.5.08

"Historia de Roma" de Indro Montanelli

En HisLibris, un muy recomendable blog sobre novela y ensayo histórico, hacen una muy buena reseña sobre un librito que leí hace ahora unos años y del que guardo un gran recuerdo: La Historia de Roma de Indro Montanelli, el genial periodista y escritor italiano.

Os extraigo una parte de la reseña de HisLibris y os conmino a completar la lectura en este blog:

Extracto del artículo sobre la Historia de Roma de Indro Montanelli en HisLibris

"Historia de Roma de Indro Montanelli es la novela idónea para aquel lector que deseé aproximarse, sin ambages, al periodo más apasionante de toda la historia de ese valeroso pueblo. Y lo hace a través de pinceladas de humor y de un sentido positivo y divertido en ocasiones. Como periodista que fue, advierte en el prólogo a los lectores que no va a descubrir nada ni va a aportar nuevas revelaciones, sólo acercar Roma de forma sencilla y cordial, con estilo llano y fácilmente aceptable por la gran masa de lectores a través de una serie de retratos que iluminan a los protagonistas con una luz más veraz, despojándolos de paramentos ocultos.

Realmente, más que una novela, lo que tenemos entre manos es un libro de historia, pero no uno cualquiera, pues Montanelli huye de arquetipos. Nada de datos y referencias cansinas y nada de relatos anodinos. El autor cuenta cómo vivieron, cómo fueron educados, en qué creían y cómo prosperaron sus antepasados romanos. Explica con amenidad y sin formalismos la leyenda de su fundación, ahondando con sabiduría en los personajes principales que marcaron una época."



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25.3.08

El castellano no viene del Latín

... al menos esto es lo que sostiene Yves Cortez, autor del libro "Le Français ne vient pas du Latin" (Editions L’harmattan 2002). Según este autor francés (filólogo de vocación y creo que periodista de profesión), las lenguas romances actuales no serían herederas del Latín, sino del italiano primitivo que ya hablaban entonces los antiguos romanos. Según su tesis, Roma nace de la fusión de pueblos latinos que hablaban lenguas diversas. De este proceso de fusión cultural surgiría una nueva cultura cuya lengua culta sería el Latín, y cuya lengua coloquial sería una forma primitiva de italiano. Siempre según sus tesis, las lenguas romances actuales no serían descendientes de este primer idioma, el de Cicerón, sino del segundo, el hablado en tabernas y en cuarteles.

Sé que la tesis suena peregrina, pero como en este blog tiene cabida todo lo que esté documentado (y ciertamente esta tesis lo está), aquí os extraigo el prólogo del libro de este caballero:

Prólogo del libro "Le français ne vient pas du latin, essai sur une aberration linguistique" (Yves Cortez, édition L'Harmattan)
Contrariamente a la idea generalmente aceptada, el francés no viene del latín, como tampoco el italiano, el español, el rumano ni ninguna otra lengua romance proviene del latín. He aquí el resumen de la tesis que voy a demostrar.

En los primeros siglos de la historia de Roma, dos pueblos, y por lo tanto dos lenguas, coexistían en el pequeño territorio del Lacio. Un pueblo hablaba latín y el otro hablaba italiano. Estos dos pueblos se fusionaron en uno solo. El italiano se convirtió en la lengua hablada y el latín permaneció como lengua escrita.

De esta manera, desde el siglo II antes de Cristo, los romanos eran bilingües: utilizaban el italiano como lengua hablada y el latín como lengua escrita, y son estas dos lenguas las que ellos aportaron a todas las regiones que conquistaron. Luego de la conquista romana, en Italia, en Francia, en España y en Rumania, los pueblos abandonaron sus lenguas respectivas para adoptar el italiano como lengua hablada y solamente utilizaron el latìn para escribir, tal como lo hacían los romanos...


Es verosímil pensar que los romanos llamaran a su lengua hablada el «romano». Para evitar cualquier confusión con el uso que hoy hacemos de este término, voy a llamar a la lengua hablada por los romanos “italiano antiguo”. Utilizo a propósito este término ya que los romanos no hablaban un latin deformado, llamado en ocasiones “latín vulgar” o “bajo latín”, sino que hablaban sencillamente otra lengua distinta, que no tiene al latín como origen, y que ya era una forma de italiano.

El bilingüismo lengua hablada-lengua escrita no tiene nada de excepcional. Poco antes del comienzo de la era cristiana, en Jerusalén, el hebreo, lengua hablada por los judíos hasta esta época, cede su lugar al arameo, pero guarda su estatus de lengua religiosa y literaria. Los judíos de tiempos de Cristo eran bilingües: hablaban arameo y escribían en hebreo.

Hoy en dia, en los paises árabes, se habla el árabe dialectal y se escribe unicamente en árabe clásico. En la Suiza germánica, la lengua hablada es el suizo germánico y la lengua escrita es el alto alemán. En Quebec, la lengua hablada es rica en palabras provenientes de un vocabulario original, pero el francés utilizado al escribir sigue siendo perfectamente académico. En Africa, en América y en Asia, el bilingüismo lengua hablada-lengua escrita es una realidad cotidiana. Los diferentes pueblos continúan utilizando sus lenguas vernáculas y para escribir utilizan la lengua oficial, generalmente la lengua de los antiguos colonizadores: el español, el francés, el inglés…

La fuerte divergencia entre el latín y las lenguas romances constituye objeto de debate desde hace mucho tiempo entre los latinistas y los lingüistas. En 1940 el lingüista danés Louis Hjelmslev concluía sus investigaciones con estas palabras: “la lengua madre que hemos llegado a reconstruir no es el mismo latín que nos ha sido transmitido por la literatura”. En 1953, el lingüista francés Jean Perrot observa de igual manera que la lengua madre que ha reconstruido a partir de las diferentes lenguas romances “no corresponde al estado del latín que conocemos”. Uno y otro descubren una lengua madre muy diferente del latín pero no se atreven a alejarse del dogma y afirmar que en lugar de “otro latín” se trata simple y llanamente de “otra lengua”.

En 1985 el gran latinista Jozsef Herman reconocía en el congreso internacional de lingüística y filología romanas, delante de un auditorio de letrados venidos del mundo entero: “Nosotros los romanistas, junto con los historiadores de la lengua latina, somos casi los únicos en saber que en lo que concierne al proceso mismo de transformación del latín en lengua romance tenemos mas hipótesis y controversias que certezas […]».

A finales del siglo XX, mientras mas avanzaban las investigaciones, menos se ponían de acuerdo los investigadores en lo que respecta a una explicacion acerca de la transformacion del latín en las lenguas romances. Las dificultades provienen del hecho de que los investigadores se encuentran prisioneros del dogma según el cual las lenguas romances provendrían del latín y se las ingenian para encontrar explicaciones a todas las supuestas transformaciones del latín. Tratan, por tanto, de explicar la desaparición de las declinaciones, del género neutro, de los verbos deponentes, de los adjetivos verbales, y la aparición de los artículos, del pasado perfecto, del condicional… sin lograrlo.

Antoine Meillet, el célebre lingüista francés de comienzos del siglo XX, no aporta sino demostraciones parciales y conclusiones infundadas que ocultan mal sus fórmulas perentorias: “las innovaciones comunes resultan del hecho de que un mecanismo delicado y complejo fue manejado por gente nueva de todo tipo”[1] ¿Cómo es posible que personas provenientes de diferentes horizontes pudiesen provocar las mismas innovaciones lingüísticas? Allí se encuentra un misterio sorprendente. Para Antoine Meillet, la segunda gran explicación reside en el hecho de que el pueblo preferiría la simplicidad: “El deponente es el tipo de complicación inútil en la lengua”. El pueblo, por tanto, se habría deshecho del deponente. Un poco mas lejos afirma: “Al abandonar el neutro, el romano se desembarazó de una categoría lingüística que no significaba ya nada desde hacía mucho tiempo”.

En cuanto al pueblo griego, ellos han mantenido el neutro, lo mismo que los alemanes y los rusos. Antoine Meillet tiene leyes de geometría variable.

Una de dos cosas: o bien permanecemos en el lirismo de Littré que exclamaba en la introduccion de su diccionario: «Para gran sorpresa del erudito, las mutaciones se efectuaron como si un concierto preparado de antemano las hubiese determinado”[2], o bien tratamos de realizar un análisis riguroso y un poco mas científico.

¿Cuáles son las principales objeciones que podemos hacer al origen latino de las lenguas romances?

– ¿Cómo pudo producirse la desaparición de las mismas formas gramaticales en todas las lenguas romances?

– ¿Cómo pudo producirse la aparición de las mismas formas gramaticales en todas las lenguas romances?

– ¿Cómo explicar la desaparicion de las mismas palabras latinas y la aparición des las mismas palabras no latinas en todas las lenguas romances?

– ¿Cómo explicar la desaparición de los adjetivos, de los adverbios, de los verbos latinos más corrientes en todas las lenguas romanas?

– ¿Cómo explicar que tal transformación se haya hecho en poco menos de cuatro siglos, desde la desaparición del Imperio romano hacia el año 450 después de Cristo y la aparición de la lengua romana mencionada en el Concilio de Tours, en el año 813, cuando la estabilidad de las lenguas parecer ser una ley general? Antoine Meillet, con todo, pone en evidencia varias veces esta característica de las lenguas en su libro acerca de la historia de la lengua latina: “lengua de un gran imperio, el latin mantuvo estabilidad por unos 800 años”[3]. Después de 8 siglos de estabilidad, la lengua habría mutado de un golpe a una velocidad vertiginosa al punto de convertirse en algo completamente irreconocible.

Antoine Meillet sí siente que hay allí una curiosidad única del latín, y se las ingenia para encontrar explicaciones a la estabilidad de ciertas lenguas, como lo hace con el turco. “El turco de hoy es el turco de hace mil años, la esquematización rígida de la lengua la preservó de cambios”. ¿Existirá una ley que explique la preservación de las lenguas por medio del esquematismo? Antoine Meillet destaca igualmente que « la estructura del árabe de hoy es aún semejante a la de las lenguas semíticas de hace tres mil años”. Y el que conoce el griego antiguo y el griego moderno no puede sino sorprenderse delante de la asombrosa continuidad del vocabulario y de la gramática griegas a lo largo de 2 500 años. En efecto, las lenguas son predominantemente estables. Entonces, ¿por qué una transformación del latín –¡y vaya transformación!-, en el transcurso de menos de cuatro siglos solamente ?

¿Por qué la lengua latina se inmoviliza, por qué las lenguas romances se asemejan todas entre ellas y son tan distintas del latin ?

Haremos una revisión de todas estas preguntas y voy a esforzarme en realizar una demostración accesible a los no especialistas. Es necesario, sin embargo, mi estimado lector, que usted esté consciente de dos grandes escollos:

En primer lugar, usted no puede escapar al peso del dogma, y le vendrà a la mente sin cesar la misma pregunta: « Pero, ¿cómo es posible que todas las universidades, de todos los países, enseñen el origen latino de las lenguas romanas? ¿Es posible acaso que estén equivocados desde hace tanto tiempo y de manera constante? ¿Y por qué seria un aficionado el que realice este descubrimiento, y no un erudito universitario?”.

Precisamente, no creo que un ministro del templo pudiese al mismo tiempo cuestionar el dogma y la tradición. Vean cómo se autocensuran los lingüistas Jean Perrot y Louis Hjelmslev. Se detienen a mitad de la travesia. No sea timorato. Atrévase a ir hasta el extremo de la logica, cualesquiera que sean sus convicciones anteriores.

El segundo escollo viene de lo que un analisis superficial puede hacer creer, que el latín y las lenguas romances tienen muchos puntos comunes. ¿No querría decir eso que las segundas se engendraron a partir del primero? El alemán y el inglés, lenguas germánicas ambas, son bastante próximas y, sin embargo, el inglés no tiene por lengua madre al alemán; lo mismo ocurre con el ruso y el polaco, por ejemplo.

Los numerosos puntos comunes al latín y a las lenguas romances provienen de su origen comun, el indoeuropeo. A esto se agregan los efectos de una coexistencia de casi 20 siglos entre las lenguas romances habladas y el latín como lengua escrita, al punto de que numerosas palabras romances han sido tomadas como préstamos del latín.

Finalmente, la creencia ciega en un origen latino de las lenguas romances ha conducido a los etimologistas franceses a inventar un origen latino a casi toda palabra. Todos los procedimientos, desde los más ingeniosos hasta los más deshonestos, se ponen al servicio de demostrar una pretendida filiación, sin respeto por ninguna regla científica. Demostraré que el origen indoeuropeo aparece con frecuencia con mucha mayor evidencia, y que es posible imaginar etimologías más racionales. Con seguridad, ustedes deben haber oído miles de veces que la palabra TRABAJO viene del latín “tripalium” (instrumento de tortura), que la palabra ESCLAVO viene de “slavus” (eslavo), o que la palabra FORESTAL viene de “forestis” (exterior). Estas etimologías son infundadas, pero ellas reafirman la idea de un origen latino de las lenguas romances cuando no son otra cosa que el resultado de nuestras divagaciones erróneas.

Alli imagino igualmente su perplejidad. ¿Cómo —me dirán ustedes— es que toda nuestra etimología sería falsa y cuáles son sus títulos para permitirse un cuestionamiento semejante? Ya lo he dicho: no soy hombre del templo. Simplemente, desde hace años he estudiado lingüística y numerosas lenguas, y he descubierto que existía otro camino posible.

Permítame citar a Buda: «No crean en algo simplemente de oidas. No den fe a las tradiciones únicamente porque han sido honradas después de numerosas generaciones. No crean en algo simplemente a partir del testimonio de un sabio de la Antigüedad. No crean en algo porque las probabilidades jueguen a su favor o porque la costumbre nos empuje a tomarlo como cierto. No crean en nada basándose únicamente en la única autoridad de sus maestros o sacerdotes».

Es este precepto el que Copérnico aplicó para considerar otra visión del mundo.

Desháganse de sus ideas preconcebidas, no se pongan en manos de los especialistas, juzguen por ustedes mismos.

Presento a continuación los dos esquemas de filiación de las lenguas romanas. El esquema “antiguo”, el que se enseña en todas las universidades, y el esquema nuevo, el que voy a demostrar en este libro.

En el esquema antiguo, la lengua primitiva, el indoeuropeo0 habría dado origen al latín. Desde la época romana, el latín habría evolucionado hacia un bajo latín, el cual habría dado nacimiento a las lenguas romances.

En el nuevo esquema, que voy a demostrar en este libro, el indoeuropeo habría dado origen al latín, por una parte, y por otra, al italiano antiguo, mucho tiempo antes de la época romana; luego, el italiano antiguo habría dado a luz las diferentes lenguas romances, mientras que el latín no tuvo descendencia.

[1] Antoine Meillet, Esquisse d’une histoire de la langue latine, 1928. Librairie Klincksieck.
[2] Emile Littré, Dictionnaire de la langue française, Librairie Hachette, 1870.
[3] Op. cit.


Podeis encontrar más información sobre las tesis de Yves Cortez en:


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3.3.08

La ciudad de Alejandría desapareció bajo el mar víctima de su propia grandeza

Visto en elMundo.es

  • El suelo no soportó el enorme peso de sus suntuosos templos y edificios
  • Madrid acogerá el próximo mes una exposición de las principales pieza rescatadas

CHANO MONTELONGO

MADRID.- La llamada Ciudad de los Mil Palacios, fundada por Alejandro Magno, y otras legendarias ciudades de la región canópica de Egipto se hundieron en el agua y el fango porque el suelo no soportó el enorme peso de los suntuosos templos y edificios de aquél momento, incluyendo el Palacio de Cleopatra, situado en el mítico Portus Magnus de Alejandría, el mayor instrumento de poder que había en el mundo en aquél momento.

Así lo explicó a elmundo.es el arqueólogo submarino Franck Goddio, descubridor de estas ciudades sumergidas en la Bahía de Abukir, en el norte de Egipto. Franck Goddio, que desde 1992 dirige los trabajos arqueológicos de ciudades sumergidas como Canopo, Heraclion y Alejandría, ha venido a España para preparar la llegada a Madrid de más de 500 piezas arqueológicas recuperadas en estos últimos 15 años por su equipo de la Bahía de Abukir, y que se exhibirán, a partir del 16 de abril, en la exposición 'Tesoros sumergidos de Egipto', que acogerá el Matadero Legazpi Madrid.

El arqueólogo submarino explicó en una entrevista concedida a este periódico que antes de que los desastres naturales (maremotos y 'tsunamis') cambiaran el perfil de las costas del Norte de Egipto, allá por el año 303 A.C. las ciudades que se localizaban en esta región africana fueron víctimas del llamado «fenómeno de liquefacción» y los enormes y pesados templos y palacios provocaron que el suelo se abriera y se los tragara literalmente.

«El lodo del Nilo está compuesto por cristales que, a su vez, contienen agua dentro. Si se ejerce una presión muy grande sobre esta superficie, los cristales se juntan y dejan escapar esa agua que, en una fracción de segundos, es evacuada provocando que la tierra pierda entre el 50 y 60% de su volumen, por lo que todo lo que esté construido sobre este suelo se viene abajo», indicó Goddio.

Los palacios y templos que han encontrado Goddio y sus submarinistas en las oscuras y contaminadas aguas de la Bahía de Abukir son los más grandes que se construyeron nunca en Egipto. «Eran obras colosales. El peso de estos edificios y el desplazamiento del agua hicieron que ciudades como Heraclion, Canopo y el Portus Magnus de Alejandría se hundieran. La monumentalidad de estas construcciones fueron la causa de su hundimiento», señaló el célebre arqueólogo francés.

En cuanto a otro de los mitos de estas ciudades, el fabuloso Faro de Alejandría, y que el equipo de Goddio ha buscado sin descanso en estos últimos 15 años, el arqueólogo francés ha llegado a la conclusión de que lo único que queda de esta construcción es el mito. «Ya no buscamos el faro. Hemos parado las prospecciones geofísicas, ya que los restos del faro no están bajo estas agua, ni en ningún otro sitio», explicó. Goddio está convencido de que el legendario faro de más de 150 metros de altura del que habla la historia, fue destruido en varias ocasiones antes de que se cayera por última vez. «El faro que se cayó en el siglo XIV no tiene nada que ver con el que veía la reina Cleopatra desde su palacio».

Franck Goddio es una celebridad en el mundo de la arqueología. En 1984, casi de la noche a la mañana este elegante caballero francés pasó de ser el asesor de presidentes de gobierno a cuenta de la ONU, a convertirse en el Indiana Jones de la arqueología subacuática. Tras descubrir importantes e históricos pecios en varios lugares del mundo, como el galeón San Diego en aguas de Filipinas, en 1992, el Gobierno egipcio le encomendó la misión de encontrar los restos de la ciudad sumergida de Alejandría. Desde entonces, junto a un equipo de expertos buceadores, ingenieros y arqueólogos, ha conseguido rescatar del fango del Nilo más de 18.000 objetos, algunos de ellos de incalculable valor.

«No se puede señalar a una de estas piezas como la más valiosa, ya que todas son muy importantes para la historia, el arte o la arqueología, como la estatua de la reina Arsinoe II, que es una de las pieza artísticas más importantes del mundo. También hemos encontrado una estela negra, intacta, en la ciudad de Heraclion, que resuelve un antiguo enigma de hace más de 2000 años y demuestra que las míticas ciudades de Tonis y Heraclion eran la misma cosa: Tonis es el nombre en egipcio y Heraclion, en griego», indicó.


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19.2.08

Entrevista a Robin Lane Fox o por qué ser profesor de historia antigua en Oxford es mi sueño

Esta Sábado Jacinto Antón entrevistaba en elPais al historiador británico Robin Lane Fox, de quien ya hemos hablado en otras ocasiones, especialmente a raiz de la publicación de su libro "El Mundo clásico". En esta entrevista nos explica los motivos de su admiración por Alejandro. Os recomiendo encarecidamente su lectura puesto que, entre tanta pregunta y respuesta, nos tiene reservadas unas cuantas perlas del sentido del humor británico (atención al comentario acerca de los figurantes franceses que hacían de soldados persas en la película Alejandro, donde él hizo de infante de caballería macedonio).

Entrevista con Robin Lane Fox

Alejandro Magno: el solo nombre lo deja a uno boquiabierto, con la mirada soñadora perdida en un horizonte infinito de grandeza, pasión y misterio. "Alejandro tenía magia, la magia de la juventud, fue un hombre de ambiciones apasionadas y no creía que nada fuera imposible", afirma Robin Lane Fox (Eton, 1946), que desborda un arrebatado y contagioso entusiasmo al hablar del personaje. El autor de Alejandro Magno. Conquistador del mundo (Acantilado), un monumental ensayo de 800 páginas devenido un clásico y que se lee compulsivamente, entre el chasquido de bronce de las sarisas, el silbido de angustia de los elefantes mutilados en el Hidaspes y el "¡Alalalalai!" de la caballería macedonia en Isos, es un historiador muy poco al uso: capaz de emocionar profundamente, dotado de un enorme sentido del humor y una calidad literaria extraordinaria. "Alejandro es mi vida", confiesa. Dice Lane Fox que el gran Alejandro nunca se aburrió ni hizo jamás nada aburrido. Leyéndolo y escuchándolo a él así parece. "La historia no es verdad sólo cuando resulta aburrida", recalca.

PREGUNTA. ¿Era de verdad tan valiente Alejandro, corría tantos riesgos?

RESPUESTA. Sí. Lo prueba el hecho de que sufrió muchas heridas. Esa actitud, ese valor, era crucial para sus éxitos. Alejandro siempre se pone frente al peligro. No tenía miedo.

P. Pero ¿se puede dirigir una batalla desde en medio de la misma, en pleno fragor, luchando al mismo tiempo?

R. Alejandro basaba su estrategia en movimientos rápidos, creaba un punto débil en el enemigo, un lugar de fractura y concentraba todo el ataque ahí. Empezaba con un despliegue digno del ajedrez, que mostraba y abría esa debilidad del rival. Y entonces se lanzaba liderando el ataque.

P. Entonces no podía revisar el plan...

R. No, era todo o nada. No había medias tintas. Es cierto que, recuérdelo, contaba con unas tropas enormemente profesionales y muy buenos oficiales, conducía el ejército creado, adiestrado y testado por su padre Filipo.

P. Pero él podía morir en cualquier momento.

R. Desde luego. Fue muy afortunado. Pero en la India, en el Punjab, en las murallas de Multan...

P. ¿La misma Multan Sikh del asalto británico en 1849 tras el asesinato de Agnew y Anderson y su puñado de gurkas?

R. Exacto, Alejandro, en su momento, también sitió la ciudad, una fortaleza temible. Impaciente por el lento progreso de sus hombres, tomó una de las escaleras de asalto y trepó él mismo a las almenas, seguido por uno de sus veteranos que embrazaba el supuesto escudo sagrado de Aquiles, cogido por el rey en el templo de Troya. El caso es que la escalera se rompió, dejando al heroico pero irresponsable Alejandro aislado en lo alto de la muralla y casi solo en el ataque. Repartió tajos a diestro y siniestro, pero un arquero le clavó una flecha de un metro en el pecho. Imagínese la escena. Se salvó porque finalmente sus tropas pudieron reunirse con él, pero la herida fue muy grave, posiblemente le perforó un pulmón y dejó a Alejandro casi lisiado. En fin, ése era él, energía, impulso, coraje inconsciente... Si puedes ser así, ¡qué ejemplo para tus soldados! Eso explica la devoción que despertaba, única. Sus hombres lo veneraban y lo seguían a todas partes. Es cierto que no es el hombre al que confiarías tus ahorros: ¡demasiado arriesgado!, aunque podría hacerte rico...

P. Pierre Briant, el eminente orientalista especialista en el mundo persa, me dijo en una conversación que en realidad Alejandro luchaba muy protegido, que se arriesgaba poco, vamos.

R. Bah, Briant es francés. Las heridas y la naturaleza de Alejandro dicen lo contrario. ¡Briant debería haberlo visto aquel día en las murallas de la fortaleza india! Filipo era igual. Filipo está poco valorado, pero él fue el que creó el ejército que usó Alejandro, era un gran militar. Filipo y Octavio Augusto son los dos grandes organizadores del mundo antiguo.

P. Hablando de Filipo, conoció usted al gran Manolis Andronikos, el arqueólogo que descubrió la tumba del padre de Alejandro, uno de los grandes hallazgos del siglo XX. Era un hombre extraordinario.

R. Sí, estuve en 1977 con él, en Vergina, la antigua Aigai capital del reino macedónico, el mismo año del descubrimiento. ¿Ha estado allí?

P. Sí, con Valerio Manfredi, que se puso a declamar trozos de su novela Alexandros

en el preciso lugar donde asesinaron a Filipo, en el teatro.

R. Vaya. Recordará la cabecita de marfil del lecho hallado en la tumba y que representa a Alejandro. Todo el ajuar funerario es asombroso. El larnax de oro con las cenizas, la coraza, las canilleras de bronce, la aljaba.

P. Se puso en duda el hallazgo.

R. Desde Estados Unidos, sobre todo, se atacó a los arqueólogos griegos y se dijo que la tumba no era la de Filipo sino la del medio hermano retrasado de Alejandro, Arrideo, hijo de Filipo y una amante tesalia, quizá una bailarina. Siempre es sano cuestionar las cosas, pero la tumba es sin duda la de Filipo.

P. Dice la tradición que Alejandro olía bien. Eso siempre me ha fascinado.

R. Se dice que desprendía un olor dulce. Pero ha de entender que no se trata de un rasgo personal, de hábitos de higiene, era algo divino, un símbolo de divinidad. Supongo que, en realidad, en batalla debía oler fatal.

P. Parece que era muy guapo.

R. ¿Guapo? En las imágenes lo es. Podemos creerlo o no. Era bajo. Quizá tenía grandes ojos o los exageraría. Las mujeres lo amaban, y algunos hombres. Pero ¿no nos amarían igualmente a usted y a mí de ser nosotros también reyes poderosos?

P. Se le ha calificado de "el James Dean de la antigüedad", ¿qué le parece?

R. Tiene gracia, ¿y por qué no el Douglas Fairbanks? Algo de estrella tenía, se anticipó a Hollywood, pero Alejandro no era un actor, era un rey.

P. ¿Cómo cree que murió?

R. Eso es un problema. En Alejandro nada es sencillo, ni su final. Desde que cayó enfermo hasta que murió transcurrieron dos semanas. Lo que parece un claro indicio de que no fue envenenado: hubiera sido muy arriesgado darle algo que no le matara rápidamente. La hipótesis del asesinato sirvió a los que aspiraban a sucederle para acusarse unos a otros.

P. Se ha propuesto que pudo morir de malaria.

R. ¿Una sola persona de todo el ejército? Habría habido más casos. Y el patrón de la enfermedad no coincide.

P. ¿La bebida, entonces? Parece que era un gran bebedor.

P. Desde luego no cuando dirigía su ejército. Una tradición achaca la muerte de Alejandro a sus vicios. Nunca he estado de acuerdo. Mi opinión es que murió por causas naturales. Alejandro era seguramente un hombre devastado por los esfuerzos. Había sufrido nueve heridas en diferentes partes del cuerpo. La verdad es que no podemos saber a ciencia cierta qué pasó. En el libro he tratado de barajar todas las hipótesis.

P. La tumba, el cuerpo, ¿dónde cree que están?

R. Era un gran mausoleo, en el área pública de Alejandría. Fue muy visitado en la antigüedad. Pero ha desaparecido. Quizá sigue ahí, bajo la ciudad moderna o en la vieja zona de los palacios que ha cubierto el agua. ¿Y dónde está, por cierto, la tumba de Hefestión, su amante? Se la concibió como uno de los monumentos más asombrosos del mundo antiguo. El monumento más grande jamás levantado para un novio.

P. Sorprende en Alejandro el equilibrio entre vehemencia y cálculo político.

R. Alejandro es impetuoso, ésa es su naturaleza, pero es además muy inteligente. Es rápido en captar las situaciones: su forma de tratar a la familia de Darío, a los sacerdotes egipcios, su gesto de restaurar monumentos, la magnanimidad que muestra con el enemigo que se rinde... hay en todo ello generosidad, sin duda, pero también mucha inteligencia, mucho arte del poder. Lo que hizo de incorporar iranios a la Administración del imperio, su idea de crear un imperio de los mejores sin tener en cuenta su procedencia, fue muy inusual, y muy inteligente. También es un conquistador, claro, pero es un error verlo sólo como el hombre de riesgo, el aventurero.

P. Venga, hablemos de su vida sexual.

R. A algunos historiadores les gustaría que sólo hubiera amado a hombres, chicos y eunucos. Pero amó a ambos sexos. Se enamoró de Roxana y de Hefestión. Tuvo amantes apasionados, dos esposas persas más y durmió con una reina india. ¡Afortunado mortal! También se dice que se acostó con una amazona, pero dejemos eso en el terreno de la leyenda.

P. Entonces, lo de Alejandro como icono gay...

R. La realidad es más poliédrica. Era joven, vital, conquistador del mundo: podía acostarse con quien quisiera, y lo hacía. Es cierto que Hefestión fue probablemente la relación verdadera más importante de su vida.

P. ¿Se recreaba a sí mismo Alejandro, se modelaba literariamente?

R. La gente lo hace. La gente cambia su vida y la modela por la literatura. Él eligió el ideal de un héroe homérico. En Troya, Alejandro hizo esperar al ejército para rendir tributo a sus modelos. Corrió desnudo hasta el sepulcro de Aquiles. El acto de un romántico. No era sólo propaganda. El macedonio era un reino homérico, en el que todas esas historias estaban muy vivas. Macedonia no era Atenas.

P. ¿Qué plan tenía? De haber podido, ¿hasta dónde hubiera ido?

R. Lo quería todo. Quiere ir hasta los confines del mundo. Explorar y conquistar hasta las cuatro esquinas del mundo. Va al Este pensando que el fin del mundo está en la India. Su siguiente paso era, obviamente, el Oeste. Pero su geografía era muy mala. En la India pensaba que estaba cerca de Egipto, y confundió el Hindu Kush con el Cáucaso de Prometeo.

P. Conquistarlo todo, pero ¿por qué?

R. Porque era glorioso. Por eso se da el nombre a las ciudades -él a sus más de veinte Alejandrías-. Por ser inmortal.

P. Había leído mucho a Homero.

R. Lo leyó demasiado literalmente.

P. ¿Quería morir joven, había una búsqueda irracional de eso?

R. No. La gloria era más importante que la vida, pero no, no hay una pulsión de muerte en Alejandro si se refiere a eso. Tenía muchos planes. No pararía.

P. No dejó precisamente las cosas bien atadas. Eso que dicen que contestó en el lecho de muerte cuando le preguntaron a quién le dejaba el reino: "Al más fuerte"...

R. Eso son leyendas, Alejandro seguramente murió sin poder hablar. No creo que pensara mucho en su sucesión. Era muy joven. Dudo que imaginara que le fuera a pasar algo. Ése es un rasgo típico de la juventud.

P. ¿No cree que hay algo irreductible en Alejandro, algo inexplicable?

R. Es posible. Pero tuvo suerte, y tres cosas que contaban mucho: ejército, oportunidad y ambición.

P. Su colega Bosworth, en su libro Alexander and the East

(Clarendon Press, 1996), pone el acento en el horror de las campañas de Alejandro y lo describe como un verdadero genocida. Dice que tenía "una estremecedora eficiencia en la matanza".

R. A Bosworth no le gusta Alejandro. Alejandro no buscaba la masacre. No era un déspota al uso corrompido por sus grandes conquistas. Si te rendías había honor. Sólo se mostró implacable con los que se obstinaron en resistírsele, los que cuestionaban su grandeza.

P. Un guerrero, un conquistador belicista, eso juega hoy contra él.

R. No nos gusta la conquista, los muertos; pero en el mundo de Alejandro la conquista era gloria. En mi libro hago una reinterpretación de Alejandro desde el punto de vista de su propia moralidad. No desde nuestro punto de vista moderno vegetariano y pacifista. Su identidad homérica, su identificación con Aquiles, no era irrelevante. Compartía esos valores heroicos. No tiene sentido criticar a Alejandro en relación con unos valores morales que, simplemente, entonces no existían. Hay que ver el mundo con sus ojos. Durante años estuvo de moda escribir viendo a Alejandro pequeño y no grande -¡Alejandro el Mínimo: qué error, qué estafa!-, y su imperio como un reino de terror. Pero Alejandro no era Stalin ni Hitler. Los años cincuenta proyectaron en Alejandro sus propios temores. Pero, si lees esos libros de entonces, te preguntas, ¿por qué la gente seguía a Alejandro? ¿Cómo alguien se sentiría fascinado por ese tipo? Por eso escribí mi libro, para explicarlo. Alejandro era un genio, un hombre extraordinario, como sabían todos en su tiempo. Me reprocharon que mi punto de vista era el de un inglés nostálgico del Imperio Británico. Están ciegos, no ven que Alejandro no es un imperialista ni un colonialista. Las interpretaciones cambian pero la antigüedad no, y no debemos traicionarla.

P. Usted es un caso único entre los historiadores de Alejandro: ha podido luchar bajo su mando, entre sus filas. ¡Eso es empirismo!

R. Hice de asesor de la película de Oliver Stone y durante el rodaje en Marruecos, en 2004, me dejó hacer de extra como soldado de caballería macedonio en la escena de la batalla de Gaugamela. Todos, menos yo, eran expertos jinetes, la mayoría españoles -aunque en realidad Alejandro no tuvo, claro, caballería hispánica, al revés que César, al que los compatriotas de usted le dieron grandes éxitos-. Cargué como uno más, con casco y lanza en mano. Una experiencia maravillosa, impagable para un historiador que difícilmente puede experimentar sobre el terreno el movimiento de masas militares. Mi caballo, por cierto, se llamaba Gladiador.

P. ¿Y qué tal los persas, estaban a la altura?

R. Eran figurantes franceses, así que era fácil matarlos.

P. ¿Qué le pareció la película?, aparte de su escena.

R. Oliver Stone admiraba mi libro pero tenía ideas propias. Se basó sólo en parte en mi Alejandro Magno. Hay cosas muy interesantes, te permite entender cómo eran las batallas antiguas, la escala. Eran ejércitos enormes, como no se volvieron a ver hasta la edad moderna. Yo me encontré cuestionándome asuntos de logística en los que usualmente no caes: ¿cómo alimentaban a toda esa gente?

P. Alejandro ha sido carne de novela histórica. ¿Qué opina del género y de cómo lo ha tratado?

R. El pasado siempre es más sorprendente que la imaginación del novelista. Ellos están muy anclados en su propio mundo y se toman a menudo excesivas licencias: ¡que las cosas pasaran hace sesenta generaciones no significa que no haya que respetar los hechos! Hablamos demasiado de la corrección política y poco de la corrección cronológica. Se viola demasiado a menudo el pasado.

P. ¿Hay alguna otra figura comparable a Alejandro?

R. ¿En la antigüedad? Se ha sugerido que Aníbal. La comparación con Julio César es interesante, pero éste no tenía la misma fuerza sobre el ejército, no era un rey. Después de la antigüedad... No. Alejandro era tan especial, tan capaz. Tenía un ojo geométrico, estupendo para el terreno, para dilucidar la forma de moverse y luchar en él. Para mí es el mejor, ¡sin duda!






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23.1.08

Tumba de Heinrich Schliemann en Atenas


Schliemanns grav i Athen, originally uploaded by Troels Myrup.

Heinrich Schliemann, responsable del descubrimiento de Troya y de incontables hallazgos en Micenas, tuvo que interrumpir sus estudios a los 14 años para trabajar en una tienda. A causa de la gran cantidad de horas que trabajaba no tenía momentos para estudiar, pero en una ocasión entró en la tienda un molinero borracho llamado Niederhoffer. Según explica Schliemann en su autobiografía, el molinero había sido sacerdote protestante:

"...no había olvidado Homero, puesto que aquella noche en que entró en la tienda, nos recitó más de cien versos del poeta, observando la cadencia rítmica de los mismos. Aunque yo no comprendí ni una sílaba, el sonido melodioso de las palabras me causó una profunda impresión. Desde aquel momento nunca dejé de rogar a Dios que me concediera la gracia de poder aprender griego algún día."


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3.1.08

Napoleón Bonaparte en Egipto

Visto en elMundo.es


Fecha: 19 de mayo de 1798. Lugar: puerto de Tolón, costa mediterránea de Francia. Napoleón abandona las dársenas a las seis de la mañana al mando de 38.000 soldados y 16.000 marinos a bordo de 300 navíos. Misión: combatir a Inglaterra en el Mediterráneo, en Egipto. Junto a los militares viajaban 154 científicos. Fueron los únicos vencedores. La campaña fue desastrosa.


La mayoría de los científicos ignoraba su destino, pero no pudieron resistir la invitación de Bonaparte y de sus brillantes profesores: el matemático Gaspar Monge, fundador de la Escuela Politécnica, el químico Claude Louis Berthollet, inventor de la lejía y profesor de la Escuela normal, y el mineralogista del Museo Déodat de Dolomieu. Para convencer a sus alumnos de que lo dejasen todo, el profesor que dio su nombre a los Dolomitas les dijo: "No puedo decirles adónde vamos ni cuánto tiempo vamos a estar allí ni con qué objetivo, pero puedo asegurarles que es un lugar para conquistar gloria y saber". Eran ingenieros, astrónomos, naturalistas, químicos, literatos, orientalistas, músicos, farmacéuticos, médicos... Formaron la Comisión de las Ciencias y de las Artes del Ejército de Oriente. Los militares con los que viajaron les llamaron simplemente "los sabios".

El destino final permanecería en secreto hasta el 28 de junio. En esa fecha, los expedicionarios han conquistado Malta y Napoleón, en uno de sus habituales discursos, revela el objetivo de la expedición: Egipto. El general Bonaparte hace hincapié en que se trata de una "conquista científica", si bien la expedición es totalmente estratégica. Por una parte, el Directorio intenta alejar a Napoleón de los asuntos internos de Francia y le encarga impedir el acceso de Gran Bretaña a la India, y así reducir su dominio comercial y evitar que conquisten nuevos territorios. Para ello se aprovechará de la debilidad del Imperio Turco, que en ese momento controla Egipto.

La expedición combinará los dos aspectos: militar y científico, de forma que muchas veces los "sabios" asistirán a batallas y en otras ocasiones Napoleón y sus comandantes serán testigos de importantes descubrimientos arqueológicos, algunos de ellos recogidos en cuadros de la época.


LOS MÁS SABIOS

Monge y Berthollet tienen 52 y 54 años, respectivamente, en aquel 1798 y son ya dos sabios de prestigio cuando se embarcan para Egipto. Pero la mayoría de sus colegas no supera los 30 años. Reclutados a través de maestros o amigos, muchos se harán célebres. Fue el caso de Dominique Vivant Denon, autor del libro Viaje al Bajo y Alto Egipto, en el que narra su travesía por el Nilo entre enero y marzo de 1799 y en la que descubrió para occidente Tebas, Karnak, Luksor, Asuán..., quien llegará a ser director de los museos franceses y fundador del Louvre. También Nicolas Jacques Conté, inventor de la mina del lápiz, conocería la fama, o Etienne Geoffroy Saint-Hilaire, distinguido profesor de zoología...


"No puedo decirles adónde vamos, pero sí que es un lugar para conquistar gloria y saber"


Napoleón desembarca en Alejandría el 2 de julio y allí queda parte de la misión científica, ocupada en estudiar el faro y la columna de Pompeyo. El resto prosigue con la tropa hacia el interior del país. El 22 de agosto de 1798, Napoleón Bonaparte funda en El Cairo el Instituto de Egipto, organizado en cuatro secciones, cada una de ellas con 12 miembros: Matemáticas, Física, Economía política y Literatura y artes. Fue el centro de operaciones científicas desde el que Napoleón, Monge y sus colegas científicos descubrirán en septiembre del mismo año la meseta de Guiza, con la Esfinge y las Pirámides. Antes, el 21 de julio se libró, con éstas como testigo la batalla de las Pirámides, de la que el militar corso salió triunfante. Era el inicio de una campaña que pronto cambiaría de signo.

Las tareas iniciales que encomendaron al cuerpo científico distaban mucho de ser estudios de ciencia pura: en la primera sesión del Instituto, según consta en las actas, se pusieron sobre la mesa temas como la mejora de la cocción del pan o hacer cerveza sin lúpulo o cómo aclarar y enfriar el agua del Nilo... Pronto esos temas iniciales derivarían en otros científicamente más interesantes.

Los trabajos de los sabios, publicados en La década egipcia, dejan a menudo totalmente indiferentes a los militares. Hasta el punto que algunos deciden bautizar a los asnos egipcios con el nombre de "semisabios". A pesar de ello, el balance es de un valor incalculable. Se recoge en la Descripción de Egipto, una obra que consta de nueve volúmenes y 974 planchas que necesitaron 25 años para ser impresas, y en las que participaron 294 impresores, burilistas, aguafortistas... Los ingenieros y los geógrafos tampoco fueron a la zaga y confeccionaron un atlas a escala 1/100.000 de la tierra de los faraones en 47 hojas.

Otro de los campos a los que se dedicaron los sabios fue el de la física. Monge, que empleó gran parte del tiempo que duró la marcha desde Alejandría hasta El Cairo en reflexionar, avanzó, por vez primera, la explicación de los espejismos, y los explicó así: "Se trata del calor de la arena que dilata el aire en las proximidades y desvía los rayos del Sol".

"Estamos dispuestos a quemar nuestros tesoros para que no caigan en manos del enemigo"

Una treintena de sabios murió en diversas batallas o víctimas de enfermedades, sobre todo a causa de la peste. Tuvieron que adaptarse a las duras condiciones de vida que tenían en Egipto, pero terminaron por convertirse casi en auténticos egipcios. Se dejaron crecer la barba o el bigote (allí el mentón afeitado era signo de esclavitud), se iniciaron en las delicias de la pipa llena de tabaco de Lattaquié, aprendieron a disfrutar del café... El naturalista Etienne Geoffroy Saint-Hilaire es un buen ejemplo de adaptación: "Aquí vivo tranquilamente", escribía a su padre, "ocupándome de historia natural, de mis caballos y de mi pequeña familia negra". Mientras los botánicos traen a Europa una nueva especie de nenúfar y de palmera (que se conserva en el Museo de París), Etienne aporta numerosas momias de animales (algunas siguen siendo estudiadas): gatos, ibis, monos, mangostas... Y, sobre todo, en las orillas del Nilo, descubre el políptero bichir, un pez de un tipo nuevo y extraordinario, cuyas aletas se corresponden con los miembros de los mamíferos. De él sacará la idea de que todos los animales están constituidos siguiendo un mismo plan, una de las ideas que condujeron a la teoría de la evolución. "No estoy de acuerdo", responderá su amigo Cuvier. Según este último, partidario de la teoría fixista, si bien el políptero "valió por sí sólo el viaje a Egipto", las especies vivas siempre han sido las mismas y no experimentaron evolución alguna desde su creación.

El levantamiento en El Cairo a finales de 1798 hace presagiar un cambio en el rumbo de la aventura militar. El mismo año del descubrimiento de la piedra de Rosetta los turcos declaran la guerra a Bonaparte. El general francés consigue repeler un ataque turco en abril, en la batalla de Monte Tabor, y más tarde en Abukir. Los franceses salen victoriosos si bien sufren muchas bajas. Poco después, el 23 de agosto de 1799, Napoleón se marcha sigilosamente a Francia con la mayoría de sus oficiales, y con Monge y Berthollet. Otros científicos se quedan en Egipto para continuar sus investigaciones. El general Kleber toma el mando de las fuerzas francesas en Egipto. Por un tiempo consigue contener a los británicos y a los turcos. Sin embargo, tras su asesinato el 14 de junio, el futuro de la misión francesa se ve seriamente amenazado. El Instituto y sus científicos se quedan sin protección. Su presencia se va haciendo cada vez más indeseable.

En el verano de 1801 los británicos toman El Cairo y Alejandría. Le exigen al Instituto que entregue todos sus estudios y documentos. Los franceses se niegan rotundamente: "Estamos dispuestos a quemar nuestros tesoros con tal de que no caigan en las manos del enemigo", dice, Geoffroy Saint-Hilarie. La determinación de los franceses impresiona a las fuerzas británicas. No obstante, consiguen apoderarse de muchas obras, incluida la famosa piedra de Rosetta.

Fueron los soldados de Bonaparte los que descubrieron la celebérrima dala de pizarra negra con la misma inscripción en tres escrituras (jeroglífica, demótica y griega), en 1799, en la aldea de Rosette a la que se debe el desciframiento de la escritura jeroglífica. Jean-François Champollion, el descubridor de este tipo de escritura, tuvo que trabajar sobre una copia. Publicó sus resultados en 1822. Champollion, que tenía 8 años cuando Bonaparte inició su campaña de Egipto, tuvo que esperar a cumplir los 38 para pisar la tierra de los faraones y resumir así su vida: "Soy todo entero de Egipto, Egipto lo es todo para mí".


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2.12.07

¿Qué es el Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC)?

El ICAC es un centro de investigación público en Arqueología Clásica creado por la Generalitat de Cataluña y la Universidad Rovira i Virgili, con la participación del Consejo Interuniversitario de Cataluña. Tiene como finalidad la investigación, la formación avanzada y la difusión de la civilización y cultura clásicas.

El Instituto desarrolla su labor a partir de la colaboración y las sinergias con las universidades e instituciones de investigación de Cataluña que trabajan en el mismo campo, con el objetivo de convertirse en un referente científico internacional en este ámbito. Como centro de investigación ha establecido líneas y programas de investigación que desarrollar y se dotará de personal investigador.

Su ámbito de conocimiento es la Arqueología Clásica en un sentido amplio, tanto desde una perspectiva geográfica (el arco mediterráneo y el entorno donde se desarrollaron las culturas clásicas) como cronológica (que comprende las civilizaciones griega y romana y los demás pueblos relacionados directamente con éstas).

Los estudios de Arqueología Clásica tienen una larga tradición en Cataluña. Además, han vivido una progresión importante en los últimos años gracias al aumento de la sensibilidad ciudadana hacia la salvaguardia del patrimonio arqueológico y la aplicación de la nueva legislación sobre patrimonio cultural, que ha hecho necesaria y posible la explotación de numerosos yacimientos.

Por otro lado, el territorio catalán es notablemente rico en cuanto a restos arqueológicos de la Antigüedad, gracias, en buena parte, al papel relevante que tuvo la colonización griega así como la expansión política y cultural de Roma hacia tierras de occidente y también gracias a la incidencia cultural que tuvo en las poblaciones autóctonas. Esta riqueza arqueológica requiere, lógicamente, un desarrollo adecuado de las tareas de investigación indispensables para su estudio, interpretación y explotación cultural.

El Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC) ha adoptado la forma de consorcio integrado por el Departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat de Cataluña y la Universidad Rovira i Virgili. Sus estatutos se publicaron en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña , número 3.143, el 19 de mayo de 2000. El Instituto es una entidad jurídico-pública, de carácter institucional y tiene personalidad jurídica propia para la consecución de sus objetivos.

De acuerdo con lo establecido en el III Plan de Investigación de Cataluña (2001-2004), el ICAC es un centro homologado de investigación. El objetivo de la creación de la red de centros homologados de la Generalitat de Cataluña es impulsar la investigación en áreas de especial interés para que puedan formar parte de las redes europeas que se generarán en el marco del Espacio Europeo de Investigación.

El Instituto Catalán de Arqueología Clásica tiene la sede en un edificio cedido por la Universidad Rovira i Virgili y el Ayuntamiento de Tarragona en el campus universitario de esta ciudad, emplazado en el antiguo Mercado del Fórum. Con este local, de más de 1.000 m 2 , el Instituto cuenta con los espacios que le deben permitir desarrollar su tarea. Entre otros, dispone de despachos para el personal investigador y la administración, un centro de documentación, salas para los becarios, talleres y laboratorios equipados para permitir el desarrollo pleno de las tareas de investigación, seminarios, una sala de conferencias y almacenes.

La importancia y la envergadura del patrimonio arqueológico presente en Tarragona, asentada sobre los restos de la antigua Tarraco , brillante capital de la Hispania citerior , recientemente designada por la UNESCO Patrimonio Mundial, ofrece un marco óptimo para el desarrollo del Instituto. Los restos de los monumentos arquitectónicos conservados in situ , los numerosos e importantes materiales arqueológicos depositados en su museo centenario, con muchas piezas que tienen, además, valores artísticos de primer orden y las potencialidades del yacimiento arqueológico aún por explotar, le confieren las condiciones para ser un laboratorio extraordinario de investigación arqueológica.

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19.11.07

¿Quién es Colleen Mc Cullough?

Colleen McCullough (Wellington, Australia, 1 de junio de 1937) es una famosa escritora australiana de novelas históricas centradas en los últimos tiempos de la república romana, sin lugar a dudas, uno de los momentos más fascinantes de la historia universal.

McCullough estudió neurología y trabajó en Australia y el Reino Unido en su profesión antes de obtener una cátedra en la escuela de medicina de la Universidad de Yale. Creó el departamento de neurofisiología del Royal North Shore Hospital, en Sydney. Durante los diez años siguientes trabajó como investigadora y profesora en Yale.

Obtuvo también gran fama por su novela "The thorn birds" de 1977, llevada a la televisión con el título de "El pájaro espino".

Comenzó a publicar siendo ya una profesional destacada. Su carrera como escritora se inició con "Tim", a la que siguió "El pájaro canta hasta morir", una obra que le reportó fama mundial. Además de algunas novelas románticas, escribió un ciclo de novelas ambientadas en la Roma antigua, formado por "El primer hombre de Roma" (1990), "La corona de hierba" (1991), "Favoritos de la fortuna" (1993), "Las mujeres de César" (1996), "César" (1998), y "El caballo de Octubre" (2003). Por dichas obras se le concedió un doctorado honorario en historia en 1993. La octava parte de la saga, "Antonio y Cleopatra" se publicó en septiembre de 2007 para el mercado anglosajón.

Sobre ella se ha escrito lo siguiente:
"Conozco tres clases de aficionados a la novela histórica: los que casi veneran a Colleen McCullough, los que la detestan y los que aún no la conocen. Para los primeros, la lectura de “El Primer Hombre de Roma” constituyó posiblemente un auténtico hallazgo, un feliz encuentro que los impulsó a leer inexorablemente (como si algún escondido resorte hubiese saltado al iniciar su lectura), las nada menos que 5.000 páginas que integran una de las más famosas y comentadas series de “novelas de romanos”. Los segundos naufragaron probablemente entre docenas de personajes, vertiginosos cambios de escenario, constantes digresiones explicativas y un rosario de acontecimientos históricos que parece no tener fin. Y los terceros… han vivido, con toda seguridad, en algún planeta lejano durante los últimos años."

Fuente: Hislibris

Novelas históricas de Colleen Mc Cullough:


TITULO

SINOPSIS (vulgarmente copiada de la Casadellibro)

El primer hombre de Roma

Colleen McCullough nos traslada a los primeros siglos de la civilización occidental, trazando un espléndido cuadro de la Roma republicana. La historia se inicia en el año 110 a.C. con dos grandes ambiciosos cuyo único y decidido objetivo es llegar a ser el primer hombre de Roma: Mario y Sila. Uno es un plebeyo de mediana edad, enardecido por la confianza en sus dotes y el enriquecimiento que ha logrado; el otro, un joven y apuesto aristócrata corrompido por la pobreza. Aquel, un militar disciplinado y soberbio, y este, un desvergonzado epicúreo. Mario se casa por interés para favorecer su carrera política, y Sila por amor. Ambos pugnan en este primer episodio por el poder y la gloria.

La corona de hierba

Segundo libro de la serie, ésta es la historia del enfrentamiento de Mario y Sila por el poder en Roma, así como de la aparición de una nueva generación de jóvenes que con el tiempo también lucharán entre sí para ocupar los puestos más altos y de mayor autoridad.

Favoritos de la Fortuna

Desde el año 83 al 69 antes de Cristo, los principales acontecimientos de la historia de la antigua Roma en un fascinante mosaico novelesco que respeta escrupulosamente la verdad de los hechos, aunque narrándolos con la amenidad de la mejor de las novelas.

Las mujeres de César

Las mujeres de César es el retrato de la ascensión de Cayo Julio César hasta los lugares más prominentes de su mundo, y comienza con su regreso a Roma en el año 68 a. J.C. Durante los diez años que se verá confinado en Roma, César, además de dominar el foro, conquista a las mujeres más nobles de Roma. Pero utiliza el amor como otra arma más de las que dispone en su arsenal político para alcanzar su última y única meta: ser el más grande de todos los primeros hombres de Roma. ¿Héroe o canalla? Éste es un dilema que incluso hoy sigue siendo tema de debate, prueba de que la figura de César ha fascinado a generación tras generación. En Las mujeres de César Colleen McCullough descubre al hombre que se esconde tras la leyenda, y nos ofrece con gran maestría todos los datos y pormenores para que el lector decida por sí mismo.

César

Corre el año 54 A.J.C. y Cayo Julio César avanza por la Galia aplastando a los feroces reyes guerreros que se cruzan en su camino. Sus victorias en nombre de Roma son épicas, pero los líderes de la república no están satisfechos... están aterrados. ¿Hasta dónde llegará la ambición sin límites del militar más brillante de Roma?

El caballo de César

En su nueva novela, McCullough retoma la temática romana, centrándose esta vez en las figuras del César y Octavio. César aparece en el esplendor de su carrera debatiéndose entre su deber como líder romano y su irresistible atracción por Cleopatra. McCullough aborda también la caída de éste, víctima de unas implacables luchas de poder. Octavio es retratado como un joven prometedor y de firmes valores que acabará convirtiéndose en un hombre sanguinario y con sed de venganza tras el asesinato de César. Marco Antonio y Cleopatra son otros de los muchos personajes que pueblan esta intensa novela en la que McCullough retrata con viveza y detalle un tumultuoso siglo I a C.

Antonio y Cleopatra

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27.9.07

Historiadores de los que hemos hablado

  1. Robin Lane Fox, autor de "El Mundo Clásico"
  2. Pierre Grimal
  3. David Roberts, una mirada al Egipto del s. XIX
  4. Plutarco de Queronea, autor de "Las vidas paralelas"
  5. Beda el Venerable, cronista de Britania
  6. Zahi Hawass, il divo

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10.9.07

Robin Lane Fox, un hetairoi en Oxford

Robin Lane Fox (nacido en 1946) es un historiador y académico inglés, conocido por los diversos libros que ha escrito acerca de la antigüedad clásica, y las diversas colaboraciones que ha realizado, que abarcan desde editoriales en periódicos hasta películas de cine.

Se formó en el prestigioso colegio de Eton (el más elitista de Inlaterra) y en la Universidad de Oxford, donde actualmente ejerce como profesor titular, enseñando Historia Antigua. Lane Fox ha enseñado literatura griega y romana, así como historia de Grecia y Roma, e historia de los comienzos del Islam.

Su obra escrita

Ha escrito numerosos libros y articulos, incluyendo:
  • Alexander the Great (Alejandro Magno, biografía más vendida del macedonio)
  • Pagans and Christians (Paganos y cristianos)
  • The Unauthorized Version: Truth and Fiction in the Bible (La versión no autorizada: verdad y ficción en la Biblia)
  • The Classical World: An Epic History from Homer to Hadrian (El mundo clásico: una historia épica desde Homero hasta Adriano - su libro más reciente).
Fue el asesor histórico de la controvertida película "Alejandro Magno", de Oliver Stone, donde además trabajó como extra haciendo de un hetairoi.

Trivia:
  • Es el padre de Martha Lane Fox, fundadora de Lastminute.com
  • Aparece como extra en la película "Alejandro Magno" de Oliver Stone, caracterizado como hetairoi, uno de los soldados de caballería del macedonio, y aparece en la escena de la Batalla de Gaugamela.
  • Robin Lane Fox también escribe una columna sobre jardinería para el periódico Financial Times.
Para profundizar en el tema:
  1. Entrevista a Robin Lane Fox sobre Alejandro Magno en la revista Archaeology (en inglés)
  2. Análisis de su libro "El mundo clásico"


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24.7.07

Pierre Grimal

Nacido en París en 1912, Pierre Grimal es uno de los más destacados latinistas y especialistas actuales en la antigüedad romana. Traductor de obras de Tácito, Plauto y Terencio, es también profesor emérito de la Sorbona, presidente de la Asociación Vita Latina y miembro de la Sociedad Francesa de Arqueología Clásica, de la Sociedad de Egiptología, de la Real Academia Sueca de Historia y de la Real Academia Belga.

Su obra

Es autor de obras como La civilización romana, Las ciudades romanas, La formación del Imperio Romano, El helenismo y el auge de Roma, El siglo de Augusto, Mitologías, La mitología griega, La vida en la Roma antigua y Diccionario de mitología griega y romana, y muchas más.

>> Más detalles sobre la biografía de Pierre Grimal en la wikipedia {en francés}

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18.7.07

David Roberts, una mirada al Egipto del S. XIX

David Roberts fue un viajero y dibujante escocés del s. XIX que, antes de la llegada de arqueólogos e historiadores, y antes del advenimiento del inefable Zahi Hawass, se encargó de inmortalizar los paisajes de Egipto en una de las mejores colecciones de dibujos de temática histórica. Gracias a su lápiz podemos recuperar hoy un Egipto inexplorado, con el legado arqueológico cubierto por dunas de arena y palmeras; un Egipto durmiente, tal y como los viajeros del S. XVIII y XIX vieron y disfrutaron.

David Roberts: Vida, viajes y dibujos

David Robert tenia 42 años cuando emprendió su segundo viaje importante al extranjero. El primero lo realizó entre 1832-1833, a España, un país un tanto desconocido para sus compatriotas por entonces. Desde Gibraltar hizo un corto trayecto hasta Marruecos desde Tanger hasta Tetuán, fue su primera experiencia en Africa. En los cinco años transcurridos entre los dos viajes, Roberts ganó lo suficiente de la venta de sus oleos, acuarelas y las comisiones que le reportó la ilustración de libros para emprender su segunda y ambiciosa expedición. Había leído y aprendido todo lo posible sobre los países que se proponía visitar.

Roberts dejó Londres en Agosto de 1838. Viajó a través de Francia hasta Marsella, navegando vía Malta y Grecia hasta Alejandría a donde llegó el 24 de Septiembre. Durante todo este viaje fue escribiendo un diario, del que ha sobrevivido un pequeño fragmento, el resto fue transcrito por su hija en dos volumenes.

Con la ayuda del Instituto Británico en Alejandría Roberts alquiló un barco con una tripulación compuesta por ocho hombres. Desde Alejandría fue a El Cairo y allí pasó uno o dos días visitando las pirámides y la esfinge, después emprendió su viaje bajando por el Nilo hacia el Alto Egipto. Como la mayoría de los artistas que hicieron el mismo viaje, realizó la mayoría de sus dibujos en el recorrido bajando el río.

El material recopilado por Roberts a lo largo de sus viajes le sirvió para seguir trabajando durante muchos años. El trabajo más importante que realizó, a partir del material recogido, fueron seis volúmenes de litografías que popularizaron su obra. Estos volúmenes fueron calificados como "el trabajo litográfico mas ambicioso jamás publica en Inglaterra. Sus litografías fueron publicadas en series mensuales a lo largo de algunos años.

Roberts continuó pintando hasta su muerte en 1864 cuando estaba trabajado en una popular serie por temas londinenses, que dejó inacabada. Desde unos humildes orígenes como hijo de un limpiador de zapatos, y sin formación artística, consiguió formarse a través de su propia experiencia llegando a ser uno de los dibujantes de mayor calidad y originalidad de su tiempo.


Galería de imágenes con sus dibujos:

Volumen I - II - III - IV - V - VI - VII




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17.7.07

Plutarco de Queronea

¿Quién fue Plutarco?


Plutarco, procedente de la hoy desaparecida Queronea, en la actual Grecia, fue un historiador, biógrafo y ensayista griego que vivió entre 46 y el 120 dC.

Su principal obra, Las Vidas Paralelas, es una joya literaria que contiene las biografías de algunos de los personajes más influyentes de la Antigüedad. Cada relato individual es una magnífica fotografía de su protagonista, y el conjunto de la obra es un excelente retrato poliédrico de la antigüedad romana y griega.

Sus orígenes

Plutarco nació en la región griega de Beocia, probablemente durante el gobierno del emperador romano Claudio. Realizó muchos viajes por el mundo mediterráneo, incluyendo uno a Egipto y dos viajes a Roma. Gracias a la capacidad económica de su familia, Plutarco recibió una educación de primer orden (según los estándares de la época), y tuvo la oportunidad de estudiar filosofía, retórica y matemáticas en la Academia de Atenas sobre el año 67.

Algunos de sus amigos fueron muy influyentes, incluyendo a Soscio Senecio y a Fundano, ambos importantes senadores y a los cuales dedicó algunos de sus últimos escritos. La mayor parte de su vida la pasó en Queronea, donde fue iniciado en los misterios del dios griego Apolo. Sin embargo, sus obligaciones como el mayor de los dos sacerdotes de Apolo en el Oráculo de Delfos (donde era el responsable de interpretar los augurios de la o las pitonisas del Oráculo), ocupaban aparentemente una parte pequeña de su tiempo. Llevó una vida social y cívica muy activa, además de producir una gran cantidad de escritos, parte de los cuales aun existen.

Plutarco, un escritor al servicio del Imperio


Además de sus deberes como sacerdote del templo de Delfos, Plutarco fue también magistrado en Queronea, y representó a su pueblo en varias misiones a países extranjeros durante sus primeros años en la vida pública. Su amigo Lucio Mestrio Floro, cónsul romano, patrocinó a Plutarco para conseguir la ciudadanía romana, y de acuerdo con el historiador del siglo X George Sincellus, el emperador Adriano le nombró, ya en la vejez del escritor, procurador de Aquea (la provincia griega de Roma al sur de la península del Peloponeso). Este cargo le permitió portar las vestiduras y ornamentos propios de un cónsul. Según algunas fuentes, el predecesor del emperador Adriano, Trajano, hizo a Plutarco procurador de Iliria, aunque muchos historiadores consideran esto como poco probable, ya que Iliria no era una provincia procuratorial.

Sus obligaciones sacerdotales y su actividad de gobierno en el Imperio no le impidieron ejercer su vocación más perdurable: La literatura. Más moralista que filósofo e historiador, fue uno de los últimos grandes representantes del helenismo durante la segunda sofística, cuando ya tocaba a su fin y uno de los grandes de la literatura helénica de todos los tiempos.

Las Vidas Paralelas

Su trabajo más conocido son las Vidas Paralelas, una serie de biografías de grandes personajes griegos y romanos, elaborada en forma de parejas con el fin de comparar sus virtudes y defectos. Si cada una de las biografías representa de por sí un magnífico retrato de cada uno de los personajes, la obra completa es una magnífica representación o compendio del mundo clásico. Plutarco nos retrata con incisiva clarividencia 2 mundos, el griego y el romano, y nos los acerca de manera magistral por medio de una prosa clara, y la narración escogida de los pasajes vitales más significativos de cada protagonista. Cabe recordar las propias palabras de Plutarco, cuando nos describe su obra de la siguiente forma:

"A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas."

Las Vidas Paralelas, tal y como han llegado hasta nosotros, contienen veintitrés pares de biografías, donde cada par contiene una vida griega y una vida romana, así como cuatro vidas desparejadas. Como él mismo explica en el primer párrafo de su Vida de Alejandro, Plutarco no pretendía tanto escribir historias como explorar la influencia del carácter (fuera bueno o malo) sobre las vidas y los destinos de los hombres famosos. Algunas de las más interesantes vidas, como, por ejemplo, la que habla sobre Heracles y Filipo II de Macedonia, ya no existen, y de muchas de las restantes no se dispone de la totalidad del texto, de forma que existen importantes lagunas, deturpaciones e interpolaciones de escritores posteriores.

Su Vida de Alejandro es una de las cinco fuentes terciarias supervivientes sobre el conquistador macedonio, e incluye anécdotas y descripciones de incidentes que no aparecen en otras fuentes. Asimismo, su retrato de Numa Pompilio, uno de los 7 reyes romanos y verdadero arquitecto de su religión, también contiene información única sobre el calendario romano inicial.

Los personajes


  1. Teseo · Rómulo
  2. Licurgo - Numa Pompilio
  3. Solón - Publícola
  4. Temístocles - Camilo
  5. Pericles - Fabio Máximo
  6. Alcibiades - Coriolano
  7. Timoleón - Emilio Paulo
  8. Pelópidas - Marcelo
  9. Arístides - Catón
  10. Filopemen - Tito
  11. Pirro - Cayo Mario
  12. Lisandro - Sila
  13. Cimón - Lúculo
  14. Nicias - Craso