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29.4.08

El Sitio de Alesia, en Battlefield detectives

Vía RogueClassicism descubro este curioso documental sobre el sitio de Alesia, mítica batalla donde Julio César dió su más brillante lección de genio militar. Por lo visto, forma parte de una serie inglesa llamada Battlefield detectives, que reconstruye y analiza grandes batallas de la historia.

A mí me ha parecido un poco peñazo, con argumentos ya oidos y cansinos del estilo "lo la guerra de las Galias fue genocidio", "César masacró a 1 millón de personas y esclavizó a otro millón", "tomó 800 ciudades"... en resumen, nada nuevo excepto un pequeño detalle gracioso: Hacia el minuto 4 de la primera parte del video, cada uno de los 2 presentadores del programa adopta la personalidad de uno de los contendientes, César y Vercingetórix. Si a eso le unes la música dramática y los planos cortos (para ahorrar en presupuesto), la cosa resulta un poco absurda...



Si quereis una mejor reconstrucción, con más medios, actores y atrezzo correcto, te recomiendo este otro video, y más concretamente, a partir del minuto 4, cuando César arenga a sus tropas al grito de "Who will fight for me??"



Para saber más sobre la Batalla de Alesia:


Especial: La Batalla de Alesia

Intro - Quien es quien - Parte I - II - III - IV - V - Video



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17.4.08

La Batalla de Philippi

Leo en la agencia de noticias italiana ANSA que se están realizando excavaciones en la zona de Philippi, donde en el 42 aC tuvo lugar una de las batallas más célebres de la Historia de Roma, la que enfrentó a los asesinos de Julio César, Casio y Bruto, y a la todavía bien avenida pareja de baile formada por Marco Antonio y Octavio. Fue una batalla fratricida, romanos contra romanos, en las polvorientas tierras del Norte de Grecia.

El resultado de la batalla es bien conocido: Las tropas de Marco Antonio y Octavio se impusieron no sin muchas dificultades, lo que abrió las puertas de Roma a estos 2 generales victoriosos. Lo que debería haber propiciado una nueva era de paz, en la que ambos gobernaran Roma, acabó reabriendo las disputas entre ambos. Tras repartirse el Imperio, Antonio al Este y Octavio a Occidente, se inició un período de crecientes suspicacias y rencillas, que acabó desembocando en una nueva guerra civil, de la que Octavio acabaría saliendo como único gobernante de Roma, después de haber acabado con Marco Antonio, Cleopatra, y el hijo ilegítimo de Julio César con esta, Cesarión.

Philippi y las batallas en la Antigüedad

En la serie ROMA, reflejaron muy bien lo que debía ser una batalla de este tipo: Choques masivos de soldados; una cantidad ingente de heridos, mutilados y muertos por arma blanca; un descontrol total en el momento de la batalla, sin saber quien ganaba o quien retrocedía; y un panorama desolador al finalizar la misma.

Os adjunto el video para que os hagais una idea del inmenso caos que supongo debía vivirse en esos momentos. Además, podreis ver una magnífica reconstrucción de un testudo, la célebre maniobra de tortuga, en la que los legionarios se acorazaban bajo los escudos...



Ya sé que este video ya os lo había puesto en un post anterior sobre la muerte de Bruto, pero es que la noticia sobre las prospecciones arqueológicas en Philippi me ha dado ganas de recuperarlo.









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9.12.07

La Anábasis de Jenofonte en 5 párrafos

En los albores del S. V aC, Ciro el Joven intentaba usurpar el trono de Persia, propiedad en ese momento de su hermano mayor Artajerjes II. Con tal motivo, contrató un enorme ejército de mercenarios griegos, los famosos 10.000, que con sus pesados escudos de bronce a la espalda se incorporaron al grueso del ejército del usurpador persa.

En ese momento se inicia una de los relatos más célebres de la Antigüedad, la Anábasis, que en griego clásico significa la Expedición al Interior, desde la costa de la actual Turquía hasta lo más profundo de la península de Anatolia.

El contingente griego estaba formado por curtidos ex combatientes de la Guerra del Peloponeso, cuyos oidos estaban llenos de los ecos de los éxitos griegos en las batallas de Platea y Maratón. El viaje estuvo jalonado por múltiples aventuras y vicisitudes, la más determinante de las cuales fue la pírrica victoria en la batalla de Cunaxa, en la profunda Babilonia en el 401 aC, que resultó irrelevante al caer el propio Ciro. Este hecho marcó el fín de la expedición militar como tal. A partir de ese momento, los compañeros persas se cambiaron de bando y engrosaron las filas del enemigo. Los cabecillas griegos, con el general espartano Clearco al frente de ellos, fueron o bien asesinados o bien capturados por encargo del sátrapa persa Tisafernes, con lo cual los 10.000 se encontraron abandonados a su suerte en lo más profundo del Imperio Persa, sin comunicaciones ni suministros de ningún tipo.

En este momento los griegos dan muestra de su espíritu indomable y escogen nuevos jefes y toman la decisión de encaminarse hacia el Norte, dirigiéndose hacia el Mar Negro, con la esperanza de poder así regresar a Grecia evitando los peligros del territorio persa. Uno de los jefes de esta república andante, y que nos legará el inmortal relato de esta expedición, fue Jenofonte.

El camino, plagado de peligros y penurias, finalizó con el famoso grito "Thalassa, Thalassa!!" (El Mar, el Mar!!) cuando por fín vieron a lo lejos el Mar, y con ello la esperanza de encontrar naves mercantes que les devolvieran a casa, tras unos cuantos miles de kilómetros caminados a sus espaldas.

Junto a los Comentarios a la Guerra de las Galias de Julio César, la Anábasis de Jenofonte es una las lecturas más utilizadas en el aprendizaje de las lebguas clásicas.

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26.11.07

La batalla de Qadesh

Aunque tenemos la tendencia a entender la historia de Egipto como un continuo de 2000 y pico años, relativamente estable y homogéneo, circunscrita a un territorio perfectamente delimitado por el desierto, el Nilo y el Mar, lo cierto es que no es así. La historia de Egipto está plagada de altos y bajos, de momentos de expansión territorial y de compresión geográfica, de carreras militaristas de conquista y de letargos autárquicos.

Uno de los momentos más apasionantes de su historia queda perfectamente sintetizado por la Batalla de Qadesh, ejemplo de la mejor vocación imperialista de los faraones, en este caso Ramsés II, en mi opinión uno de los primeros genios de la propaganda personal y política (quien haya visitado el templo de Abu Simbel entenderá de qué estoy hablando.

Como no se trata de que entre a desarrollar un tema del que no soy experto, os extracto la introducción de un magnífico artículo que he encontrado en la Wikipedia. Como siempre, os adjunto el link a la fuente, donde encontrareis el resto del artículo, que os aviso está magníficamente trabajado y os dará unos 30 minutos de placentera lectura.

La introducción dice así:

La Batalla de Qadesh, librada a finales de mayo del año 1300 adC, fue un combate de infantería y carros en el que se enfrentaron las fuerzas egipcias del faraón Ramsés II y las hititas de Muwatallish. La batalla ocurrió en las inmediaciones de la ciudad de Qadesh, en lo que hoy es territorio sirio y, tras haber comenzado con ventaja para sus enemigos, se saldó con un gran éxito egipcio, aunque con numerosas pérdidas. A nivel estratégico supuso un empate técnico con, incluso, notables ventajas geoestratégicas para el bando hitita; puede argumentarse que resultaron ganadores si se tiene en cuenta que la batalla supuso el fin de la campaña de invasión de Ramsés II sobre el Imperio Hitita.

Qadesh tiene la interesante característica de ser la primera batalla documentada en fuentes antiguas, lo que la convierte en objeto de estudio minucioso por parte de todos los aficionados e investigadores de la ciencia militar, analistas, historiadores, egiptólogos y militares de todo el mundo. También es la primera que generó un tratado de paz documentado. Además, Qadesh tiene la importancia adicional de ser la última gran batalla de la historia librada en su totalidad con tecnología de la Edad del Bronce.

>> Continuar con la lectura del artículo sobre la Batalla de Qadesh en la Wikipedia


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11.9.07

Hace 1998 años, Varo perdió 3 legiones en la batalla del bosque de Teutoburgo

Hay momentos que han pasado a la historia por un personaje destacado. Los hay que han pasado a la posterioridad por significar un gran avance para la Humanidad. El que hoy nos ocupa ha pasado a la historia de Roma por 2 motivos, por ser una de sus mayores derrotas militares y por una mítica frase de Augusto.

La batalla del bosque de Teotoburgo (del 9 al 11 de Septiembre del 9dC), en la que Roma perdió 3 legiones completas, con toda la impedimenta y tropas auxiliares, marcó durante mucho tiempo la política romana en Germania, y su eco resonó durante largo tiempo en el Monte Palatino y el Foro.

Publio Quintilio Varo, ¿trepa de palacio y/o militar incapaz?

De origen patricio, Varo debió su ascenso al favor de César Augusto, del cual se mostró partidario muy pronto, reforzando los lazos con su matrimonio con la hija de Agripa, Vipsania Marcela, que a su vez, era nieta del emperador. Así consiguió la amistad del propio Augusto y de su suegro Agripa, siendo Varo el encargado de leer el elogio fúnebre de éste.

Fue elegido cónsul en el año 13 aC para ser nombrado después procónsul en África y legado propetor en Siria. En Judea sofocó duramente el levantamiento judío tras la muerte de Herodes I El Grande, consiguiendo una importante fortuna personal.

Augusto lo envió en el año 9 dC como legado a la provincia de Germania Magna, zona que había sido añadida al imperio tras las incursiones de Druso primero y Tiberio después. Sin embargo, eo esa dominación era más nominal que real y Varo debía ratificar el dominio y recaudar impuestos. Sin embargo, su extrema codicia, su falta de sensibilidad y el uso de métodos de romanización demasiado expeditivos le hicieron incurrir en diversos errores de gobierno que le llevaron finalmente a provocar el descontento general y a convertirse en una figura muy impopular entre la población germana.

Emboscada y muerte en el bosque de Teotoburgo

El ejército que guarnecía la región de Westfalia fue atacado por los queruscos, que se habían rebelado. Varo se internó imprudentemente en territorio hostil engañado por Arminio (al mando de la rebelión), con tres legiones, la XVII, XVIII y XIX, que fueron masacradas tras una sangrienta emboscada en el bosque de Teutoburgo. Varo, herido en la batalla, ante el riesgo de caer manos germanas, optó por suicidarse arrojándose sobre su espada. Su cabeza fue cortada y remitida como trofeo de guerra a Marobod, rey de los marcomanos, pero este, temiendo la ira romana, la envió a Roma donde fue finalmente enterrada en el panteón familiar.

Tras esta derrota la frontera romana quedó fijada en el Rin, retrocediendo desde el Elba, donde se conservaría hasta el fin del imperio romano. La derrota supuso un duro golpe para el prestigio militar de Roma, hasta tal punto que los números de las legiones derrotadas (XVII, XVIII Y XIX) jamás fueron vueltos a utilizar en toda la historia militar del Imperio.

Consecuencias de la derrota:

La clades variana ('la derrota de Varo') alteró al Emperador Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio señaló que aquél se tomó el desastre tan a pecho que «siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar». Tomó medidas enérgicas y destituyó a todos los germanos y galos que había en su guardia personal y adoptó la decisión de mandar a su sobrino Germánico a rescatar las águilas de las tres legiones (objetos sagrados para los romanos) y lo envió al mando de ocho legiones, pero no con la intención de conquistar la zona, sino más bien de hallar el lugar de la batalla, dar a los muertos el destino necesario y recuperar lo posible y, sobre todo, para no dar una imagen de debilidad. Parece ser que Julio César Germánico cumplió con todo lo encomendado, en especial encontrando el sitio del desastre. La ocasión la describe Tácito en sus Anales:
"No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres... En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones."
Tras una expedición en la que recuperó las águilas gracias más a la diplomacia que a la guerra y que tuvo carácter propagandístico antes que militar, Germánico volvió a Roma en triunfo.


Lecturas recomendadas:


Para profundizar en el tema:


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9.7.07

La conquista de Britania

En su Historia Eclesiástica de Inglaterra, escrita hacia el 700 dC, Beda el Venerable nos incluye el relato de la conquista de Britania, iniciada por César y retomada casi un siglo después por Claudio. En su capítulo II nos narra la primera intentona romana, realizada en el 55aC por un César que, no contento con tener abiertos múltiples frentes en la Galia, encuentra un ratito para poner el primer pie en Inglaterra.

La narración de Beda es como sigue...

CAYO JULIO CESAR, EL PRIMER ROMANO QUE VINO A INGLATERRA


Britania no había sido nunca visitada por los romanos, y por tanto era totalmente desconocida por ellos antes de Cayo Julio César quien, en el año 693 tras la fundación de Roma, pero año sesentaavo después de la Encarnación de Nuestro Señor, era Cónsul con Lucio Bíbulo, y mientras guerreaba contra germanos y Galos, que tan sólo estaban divididos por el río Rhin, llegó hasta la provincia de los Morinos, desde la cual el pasaje hacia Britania es más corto. Aquí, habiendo provisionado cerca de 80 navíos de carga y de remos, zarpó hacia Britania, donde, siendo primero duramente recibido en una batalla, y después afrontando una violent tormenta, César perdió una considerable parte de su flota, una cantidad no pequeña de soldados y casi todos sus caballos. De regreso a la Galia, envió a sus legiones a sus cuarteles de Invierno y dió órdenes para que se construyeran seiscientos navíos de ambos tipos. Con ellos pasó otra vez a Britania a comienzos de la Primavera pero, mientras marchaba con un gran ejército hacia el enemigo, los barcos, mal anclados, fueron por una tempestad, bien sacudidos unos contra otros, bien lanzados contra las arenas donde naufragaron. Cuarenta de ellos se perdieron, los demás con mucha dificultad fueron reparados. La caballería de César fue, a la primera carga, vencida por los britones, y su tribuno Labieno, muerto {nota del autor: creo que aquí Beda se deja llevar por el entusiasmo britano, ya que a Labieno lo vemos años más tarde, vivito y coleando, enfrascado en la Guerra entre Pompeyo y César}. En el segundo embite, con gran esfuerzo de sus sus soldados, puso en fuga a los britones. Después procedió hasta el río Támesis, donde una inmensa multitud de enemigos se había hecho fuerte en la orilla más lejana del río, bajo el mando de Casibelauno, y había plagado el lecho del río y sus bajíos con estacas afiladas; los restos de estas aún pueden verse hoy en día, aparentemente del grueso de la pierna de un hombre, y habiendo sido reforzadas con una capa de plomo, todavía permanecen fijas inmóviles en el fondo del río. Entonces, viendo esto y evitándolo los romanos, los bárbaros no se vieron capaces de afrontar un choque frontal contra los romanos y se refugiaron en el bosque, desde donde astutamente lanzaron pequeños y repetidos ataques sobre los romanos. Mientras tanto, la ciudad fortificada de Trinovanto, con su comandante Andrógeo, se rindió a César, dándole cuarenta rehenes. Muchas otras ciudades, siguiendo su ejemplo, acordaron tratados con los romanos. Con su ayuda, César tras largo tiempo consiguió tomar el fuerte de Casibelauno, situado entre dos pantanos, y fortificado por los bosques adyacentes, y se rehabitualló completamente. Después de esto, Désar regresó a la Galia, donde no tardó en enviar a sus legiones a sus cuarteles de Invierno, y rápidamente fue distraído con guerras y tumultos que se alzaron contra él por doquier.
Pues bien, hasta aquí el relato de Beda, que a pesar de ser muy posterior, cuenta con la ventaja de la imparcialidad del que se siente romano y britano al mismo tiempo..

¿QUE SE LE HABIA PERDIDO A CESAR EN BRITANIA?

Lo de César se asemeja bastante al milagro de los panes y los peces, pero en una versión ciertamente más militar. Parece que tuviera la capacidad ilimitada para abrir frentes y despertar enemigos (en mi oficina diríamos que se metía en marrones él solito). Como la historia nos llega muchas veces distorsionada por los años pasados, y por que quien la explica es casi siempre juez y parte, os lanzo unas reflexiones un poco al vuelo, para mejor entender este texto:

César era, desde un punto de vista estratégico, un auténtico depredador, capaz de asumir cualquier esfuerzo bélico con tal de obtener alguna ventaja para sí mismo, ya sea económica o política. En este caso, en mi opinión, la conquista de Britania tenía un doble objetivo, propagandístico el primero y económico (¿cómo no?) el segundo.

Las islas británicas eran, para el romano tardo republicano, un concepto vago y extraño, relacionado con relatos mitológicos. Para entendernos, vendría a ser como el Dorado para los primeros conquistadores españoles, una tierra desconocida y salvaje, pero llena de riquezas. En un momento en que César quería dar un impulso definitivo a su carrera política en Roma, y convertirse en el primer Hombre de la ciudad, llevar a sus tropas hasta tan extremos confines y regresar victorioso, era un eslógan propagandístico imbatible.

Por otro lado, después de unos años guerreando por la Galia, César debía haber escuchado relatos sobre las riquezas del otro lado del Canal de la Mancha, y debía haber visto mercancías y metales preciosos de las minas britanas. Una persona desinteresada y sin apego por el dinero como él no podía mantenerse al margen {nota del autor: es una ironía}

¿PRIMER DESEMBARCO O INTENTONA FRUSTRADA?

Resulta difícil de decir si este primer contacto con Britania tuvo tan sólo un mero carácter exploratorio o si debe considerarse como un intento fallido de invasión. Lo que sí es cierto es que no se reemprenderían los esfuerzos militares hasta casi 100 años después, cuando su remoto descendiente, el emperador Claudio decidió arrimarse la toga y cruzar el Canal de la Mancha con unas cuantas legiones.

Cabe considerar que los 2 intentos cesarianos, el del 55aC y el del 54aC, involucraron un número considerable de tropas: 2 legiones en la primera ocasión, lo cual vendría a implicar unos 10.000 efectivos de infantería pesada, y 5 legiones en la segunda intentona, es decir, unos 25.000 soldados, a los que habría que sumar en ambos casos, un ingente número de tropas auxiliares y de caballería. Parecen unos números excesivos para una simple exploración del terreno, lo cual nos lleva a pensar que, o bien César fracasó en su intento de llegar, ver y vencer en Britania, o que lanzó una operación de castigo sobre las díscolas tribus britanas, a las que sometió y venció, pero sin voluntad de permanencia.


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19.6.07

Las mayores derrotas militares romanas

En su larga trayectoria guerrera, los romanos vivieron innumerables victorias, algunas de las cuales han pasado a la historia como ejemplos de la más grande habilidad militar. Vivieron también no pocas derrotas, algunas de las cuales supusieron una herida profunda e imborrable.

Sin embargo, en un ejercicio de autocrítica inimitable, los romanos fueron capaces de recuperarse de todas ellas, extraer conclusiones y mejorar sus planteamientos militares hasta convertirse en prácticamente invencibles.

En el post de hoy repaso brevemente 5 de las mayores derrotas sufridas por la República, período durante el cual se testeó y definió la maquinaria de guerra romana, y trato de extraer la lección que aprendieron en cada una de ellas.
  1. Batalla de Allia (387 aC): Esta es una de las más dolorosas de toda la historia romana, y viene a justificar el odio irracional que los romanos de épocas posteriores deparaban a todo celta o galo. Los senones, comendados por Breno, derrotaron a tan sólo 11 km de Roma a un ejército formado por ciudadanos latinos. Estos no sólo tuvieron que soportar cuantiosas pérdidas humanas, sino que su ciudad, carente de defensas, fue posteriormente saqueada. Conclusión: Los celtas pasan a ser considerados como un peligro, y Roma se cerciora de que la frontera con el enemigo, cuanto más lejos, mejor.
  2. Las Horcas Caudinas (321 aC): En este caso, la derrota tuvo consecuencias más simbólicas que no humanas. Los cónsules T. Veturio Calvino y Sulpicio Postumo condujeron erróneamente a sus tropas a través de un desfiladero donde les esperaban escondidos los samnitas. Derrota sin baño de sangre, pero que comportó la humillación de tener que pasar bajo el yugo. Roma tardaría tiempo en resarcirse anímicamente. Conclusión: En paralelo al proceso de tecnificación del ejército helenista del momento, del cual Filopemén será el máximo y último exponente, se evidencia la necesidad de tecnificar y formar a los mandos militares.
  3. Cannae (216 aC): Los cónsules Terencio Varrón y Emilio Paulo son derrotados por Aníbal Barca, en otro ejercicio de maestría táctica, que aún hoy se estudia en las academias militares. Según Polibio, murieron 70.000 soldados y 10.000 fueron capturados; Livio, Apiano y Plutarco limitan la cifra a "tan sólo" 50.000 bajas. En todo caso, esta fue sin lugar a dudas la derrota con más consecuencias en la historia de Roma: Por el número de bajas y por que obligó a la República a repensar toda su organización, estrategia y táctica militares. Sin Cannas, las legiones del Imperio hubieran sido probablemente muy diferentes... Conclusión: Como diría una famosa marca de neumáticos hoy en día, "la potencia sin control no sirve de nada"... lo de la legión entendida como un único bloque de escudos y soldados, basada en empujar y arrollar al enemigo queda fulminantemente abandonado... a partir de ahora, la flexibilidad y reactividad de los planteamientos tácticos pasarán a ser clave.
  4. Arausio (105 aC): Los Cimbrios y los Teutones resucitan el terror a una invasión gala (ver Batalla de Allia), al vencer al ejército de los cónsules CN. Malio Máximo y de Qu. Servilio Cepión en las cercanías del Ródano (la actual Provenza francesa). La principal consecuencia de esta derrota fue el auge de Cayo Mario como Primer Hombre de Roma, y que se constituyó en el auténtico reformador del ejército romano, introduciendo la profesionalización de la tropa. Conclusión: "Basta ya de amateurs!!", "ni un aristócrata inepto más metido a general de salón", "basta ya de soldados de fin de semana"... esto es lo que debía pensar Cayo Mario...
  5. Carrhae (53 aC): Hay quien sostiene que el fin de la República no comienza con el cruce del Rubicón por parte de César, sino con la muerte de Craso en la batalla de Carrhae, a manos de los partos. ¿Algunas consecuencias de esta derrota? Se perdieron las águilas de las legiones vencidas, y no se recuperaron hasta bastante más tarde, y fueron capturadas tropas que tras muchas vicisitudes llegaron a China, donde aún hoy viven descendientes suyos. Conclusiones: ¿Dónde estaba el límite de la expansión territorial romana? ¿Qué coste y qué riesgos tiene ir un paso más allá de las fronteras? Como Varo le demostró a Octavio Augusto, esta lección Roma sólo la aprendió a medias...


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2.5.07

La batalla de Alesia: Introducción

La batalla o sitio de Alesia (Sept del 52 aC) fue uno de los episodios clave de la Guerra de la Galia, en el que César mostró de forma clara la audacia y el tesón que le habrían de conducir a ser el Primer Hombre de Roma. El sitio de Alesia es considerado uno de las grandes éxitos militares de César e incluso en la actualidad es utilizado como un ejemplo clásico de sitio.

En esta batalla se enfrentaron los ejércitos de la República de Roma, dirigidos por Julio César, contra una confederación de tribus galas bajo el liderazgo de Vercingetórix, de la tribu de los Arvernos. Tuvo como escenario principal el fuerte de la tribu gala de los Mandubios, situado probablemente en la ciudad actual de Alise-Sainte-Reine.

La batalla es descrita en detalle por numerosos autores contemporáneos, incluyendo a César en su célebre "Comentarios a la Guerra de las Galias" (De Bello Gallico). Tras esta batalla, el líder rebelde Vercingetórix fue capturado, y la Galia fue definitivamente asimilada como provincia romana.

Una de las consecuencias principales de esta victoria fue que precipitó el enfrentamiento entre los aristócratas romanos liderados por Pompeyo y el partido popular, personificado por César. El desencadenante de esta nueva guerra civil fue la negativa del Senado romano a otorgar a César los honores por sus victorias en las guerras gálicas.

Por todo lo anterior, Alesia ocupa un capítulo de honor en los Anales de la historia de Roma.


La Batalla de Alesia: Indice

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La batalla de Alesia: Quien es quien?

Estos son los principales protagonistas de la batalla de Alesia:

  • Julio César: ¿Qué decir sobre el divino Julio que no sepais ya? En Alesia evidenció definitivamente que lo suyo era un instinto militar fuera de lo normal, pero que además, era capaz de empujar a los demás a niveles de entrega casi sobrehumanos.
  • Marco Antonio: Incondicional segundo de a bordo de César, gran militar y hombre de armas
  • Tito Labieno y Cayo Trebonio: Comandantes de caballería de César, que en Alesia se demostró como pieza clave de su triunfo. Siguieron destinos dispares: Tras Alesia y el Paso del Rubicón, el primero abandonó a César, incorporándose al partido de los optimates; acabó muriendo en la batalla de Munda, luchando contra las tropas del mismo César. Cayo Trebonio se mantuvo fiel a César, y este le recompensó con el consulado en el 45 aC.
  • Aulo Hircio: Legado de César en diversas campañas, es autor de parte de su libro sobre la Guerra de las Galias. Fue nombrado cónsul en el 43 aC. Tras los Idus de Marzo, se unió a Octaviano.
  • Vercingetórix: Caudillo galo, jefe de los arvernos, que reunió bajo su mando a todas las tribus de la Galia en una revuelta contra la República.


La Batalla de Alesia: Indice

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La batalla de Alesia: Preludio

La Galia: ¿Polvorín o tesoro?

Siguiendo la tradición romana, tras haber finalizado su mandato como cónsul, Julio César fue enviado a la Galia (tanto Cisalpina como Transalpina) como procónsul en el 58aC.

La Galia que César encuentra a su llegada está compuesta por un gran número de tribus celtas, algunas de las cuales tenían suscritos pactos y alianzas con la República, estando las otras sujetas a intermitentes turbulencias de tipo político o militar. A todo ello, cabe añadir las inmensas riquezas de la provincia (claramente intuidas por César), y la ingente capacidad de aportar tropas auxiliares al ejército romano.

Con miras a transformar la díscola Galia en un remanso de romanidad, desde el primer momento César se embarcó en una campaña militar que le llevó a vencer a todas y cada una de las tribus celtas que ocupaban el territorio bajo su mando: Los helvecios primero, pasando despues por los belgas y los nervios. Durante el proceso, se ocupó también de trabar alianzas con los principales caudillos de las tribus más afines.

Fin del triunvirato

Al mismo tiempo que esto sucedía, muerto Craso en Carras, la alianza firmada con Pompeyo comenzaba a debilitarse, gracias en parte a los esfuerzos que el partido de los optimates realizaba en Roma.

Vientos de rebelión

Tras el intento fallido de los eburones, comandados por Ambiorix, los celtas comenzaron a darse cuenta de que sólo unidos bajo un mando único y fuerte podrían liberarse del yugo romano. Esto cristalizó en el consejo de las tribus celebrado en Bibracte en el 53 aC, donde incluso antiguos aliados de Roma, como los eduos, decidieron nombrar a Vercingetórix, rey de los arvernos, como lider de la Galia, y caudillo de la rebelión contra César.

Estalla la revuelta

Matanzas de ciudadanos romanos tuvieron lugar en ciudades de toda la Galia, como en Cenabum. Esto pilló por sorpresa a César, que se hallaba acampado en sus cuarteles de Invierno en la Galia Cisalpina (al Sur de los Alpes); sus problemas se vieron agravados por el hecho de que sus problemas políticos en Roma comportaron el fin de su abastecimiento de tropas y refuerzos.

En otra muestra de su audacia, César cruzó en tiempo récord los Alpes, y llegando a la Galia central, dividió sus tropas: Envió a Tito Labieno al Norte, a combator contra los parisios y los senones, yendo él en pos de Vercingetórix al mando de 6 legiones y su caballería germana.

Tras una cuasi victoria sobre César en Gergovia, pasar todo el 52 aC en escaramuzas, y cuando el enfrentamiento en campo abierto parecía inevitable, Vercingetórix se retira a Alesia, la ciudad fuerte de los Mandubios, a esperar refuerzos del resto de la Galia.


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La batalla de Alesia: El asedio

Alesia, fortaleza irreductible


Alesia estaba situada en lo alto de una colina rodeada por valles y ríos, y contaba con importantes defensas tanto naturales como construidas por la mano del hombre. Viendo que intentar un asalto frontal sobre la fortaleza causaría un gran número de bajas, César consideró mejor forzar un sitio de la fortaleza, forzando a sus enemigos a rendirse por hambre. Considerando que había cerca de 80.000 personas fortificadas dentro de Alesia, entre tropas y población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos.

Alesia, asediada

Para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó la construcción de un perímetro de fortificaciones que rodeasen y aislasen la ciudadela. Los detalles de los trabajos de ingeniería se encuentran en los “Comentarios a la Guerra de las Galias” del propio Julio César y han sido parcialmente confirmados por las excavaciones arqueológicas en la zona.

Se construyeron muros de 18 km de largo y 4 metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente en un tiempo récord de 3 semanas. Esta línea fue seguida hacia el interior de dos diques de cuatro metros y medio de ancho, y cerca de medio metro de profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos. Esto era una obra de ingeniería considerable, pero César ya había logrado, en sus tiempos de edil curul, desviar el río Tíber hacia dentro del Circo Máximo para simular una batalla naval para entretenimiento del público. Asimismo, se crearon concienzudos campos de trampas y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres equipadas con artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación.

Los sitiadores, sitiados

La caballería de Vercingetórix a menudo contraatacaba los trabajos romanos para evitar verse completamente encerrados. La caballería germana volvió a probar su valía para mantener a los atacantes a raya. Tras dos semanas de trabajo, parte de la caballería gala pudo escapar de la ciudad por una de las secciones no finalizadas. César, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Esta serie de fortificaciones les protegería cuando las tropas de liberación galas llegasen: ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados.



La Batalla de Alesia: Indice

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La batalla de Alesia: Se cierra la pinza sobre César

Vercingetórix, a la espera de refuerzos

Mientras esperaban la llegada de los refuerzos, las condiciones de vida en Alesia se iban endureciendo: Con 80.000 soldados y población civil, los suministros comenzaron a escsear. Los Mandubios (tribu gala a quien pertenecía la fortaleza de Alesia) decidieron expulsar a las mujeres y los niños de la ciudadela, esperando con ello ahorrar comida para los guerreros, y esperando que la clemencia de César les permitiese partir. Sin duda, esto hubiera sido tambien una buena ocasión para distraer a los romanos, y forzar una salida del ejército galo. Sin embargo, César ordenó que no se abriesen las puertas del doble anillo de fortificaciones, y dejó a las mujeres y niños a su suerte en tierra de nadie, esperando a morir de hambre entre las paredes de la ciudad y la circunvalación. Con el tiempo, esta visión lastimera de su gente sirvió para empeorar aún más la moral de los defensores de la fortaleza. Vercingetórix luchaba por mantener el ardor guerrero de su gente, pero se enfrentaba a la amenaza de rendición por parte de sus hombres. Justo cuando la situación se tornó más desesperada, sonaron en la distancia las trompetas anunciando la llegada de las ansiadas tropas de refresco, procedentes de toda la Galia.

César, atrapado entre 2 frentes

A finales de septiembre las tropas galas, dirigidas por Commio, acudieron en refuerzo de los fortificados en Alesia, y atacaron las murallas exteriores de César. Vercingetórix ordenó un ataque simultáneo desde dentro. Sin embargo, ninguno de estos intentos tuvo éxito y a la puesta del sol la lucha había acabado. Al día siguiente, el ataque galo fue bajo la cobertura de la oscuridad de la noche, y lograron un mayor éxito que el día anterior. César se vio obligado a abandonar algunas secciones de sus líneas fortificadas. Sólo la rápida respuesta de la caballería, dirigida por Marco Antonio y Cayo Trebonio salvó la situación. La pared interna también fue atacada, pero la presencia de trincheras, que los hombres de Vercingetórix tenían que llenar para avanzar, les retrasaron lo suficiente como para evitar la sorpresa. Para entonces, la situación del ejército romano también era difícil. La comida comenzó a racionarse y los hombres estaban casi exhaustos.




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La batalla de Alesia: El asalto final

La batalla final
Al día siguiente, el 2 de octubre, Vercasivellauno, un primo de Vercingetórix, lanzó un ataque masivo con 60.000 hombres, enfocado al punto débil de las fortificaciones romanas, que César había tratado de ocultar hasta entonces pero que había sido descubierto por los galos. El área en cuestión era una zona con obstrucciones naturales en la que no se podía construir una muralla continua. El ataque se produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad: Vercingetórix atacó desde todos los ángulos las fortificaciones interiores. César confió en la disciplina y valor de sus hombres, y ordenó mantener las líneas. Él personalmente recorrió el perímetro animando a sus legionarios.

La maniobra genial
La caballería de Labieno fue enviada a aguantar la defensa del área en donde se había localizado la brecha de las fortificaciones. César, con la presión incrementándose cada vez más, se vio obligado a contraatacar la ofensiva interna, y logró hacer retroceder a los hombres de Vercingetórix. Sin embargo, para entonces la sección defendida por Labieno se encontraba a punto de ceder. César tomó una medida desesperada, tomando 13 cohortes de caballería (unos 6.000 hombres) para atacar el ejército de reserva enemigo (unos 60.000) por la retaguardia. La acción sorprendió tanto a atacantes como a defensores.

Derrota y rendición
Viendo a su líder afrontar tan tremendo riesgo, los hombres de Labieno redoblaron sus esfuerzos. En las filas galas pronto empezó a cundir el pánico, y trataron de retirarse. Sin embargo, como solía ocurrir en la antigüedad, un ejército en retirada desorganizada es una presa fácil para la persecución de los vencedores, y los galos fueron masacrados. César anotó en sus Comentarios que sólo el hecho de que sus hombres estaban completamente exhaustos salvó a los galos de la completa aniquilación.
En Alesia, Vercingetórix fue testigo de la derrota del ejército exterior. Enfrentándose tanto al hambre como a la moral, se vio obligado a rendirse sin una última batalla. Al día siguiente, el líder galo presentó orgullosamente sus armas a Julio César, poniendo fin al asedio de Alesia.


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La batalla de Alesia: El día después

La Galia, pacificada y asimilada

Alesia fue el último estertor de una Galia que pretendía permanecer independiente de la máquina militar y política romana, y que acabo asimilada como provincia. Los supervivientes de Alesia sufrieron uno de los peores destinos que Roma deparaba a sus vencidos, ser vendidos como esclavos. Sólo se salvaron los eduos y los arvernos, piezas clave de la política de alianzas romana en la Galia.

César, de ídolo militar a enemigo público

La victoria en Alesia y la conquista de la Galia supuso para César un éxito como militar y como político de alcance inimaginable. La plebe se adueñó de su nombre, que pasó a entonarlo con júbilo y adoración. Mientras tanto el Senado, liderado por los Pompeyos, Catones y Cicerones, temeroso de sus éxitos y creciente popularidad, sólo le concedió 20 días de celebración pública de la victoria, pero sin otorgarle el privilegio del desfile Triunfal. La cadena de acontecimientos posterior desembocó en la sangrienta guerra Civil por todos conocida.

Vercingetórix, de líder vencido a icono de Francia

Estuvo cautivo en Roma durante 5 años. hasta que César pudo celebrar su triunfo en la Galia. Al final del mismo, fue trasladado a la prisión mamertina, y siguiendo el ritual de este tipo de desfiles rituales, fue estrangulado.

2000 años despues, Vercingetórix es un icono de la Francia moderna, símbolo de su independencia y su resistencia frente al exterior. Desde las estatuas erigidas en su nombre, hasta los famosos cómics de Astérix y Obélix, atestiguan que Francia le ha convertido en uno de sus héroes nacionales.

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La batalla de Alesia: Video

Aunque con menor presupuesto y repercusión mediatica que la serie "Roma" (emitida en España por Cuatro), la BBC ha elaborado otra similar, titulada "Ancient Rome", que en lugar de explicarnos la transición de la República al Imperio, nos destaca episodios célebres de la historia de Roma... hoy os propongo Alesia... enjoy!!




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20.4.07

Vercingetórix

Dado que tenemos en el horno un especial sobre la batalla de Alesia, uno de los momentos clave en la biografía de César, vamos a ir haciendo boca con la estatua conmemorativa del gran caudillo celta Vercingetórix, sita en Alise-Sainte-Reine en la Borgoña.

En la base puede leerse:

« La Gaule unie
Formant une seule nation
Animée d'un même esprit,
Peut défier l'Univers. »

"La Galia unida.
formando una única nación,
movida por un mismo espíritu,
puede desafiar al Universo"

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2.4.07

Estatua de Leónidas

Estatua conmemorativa de la batalla del paso de las Termópilas y del rey espartano Leónidas.

La placa reza lo siguiente:

"Μολών λαβέ" ("Ven y cógelas!")

Esto fue lo que Leónidas le contestó al emisario de Jerjes cuando este le hizo la oferta de entregar sus armas a cambio de sus vidas.

Al menos esto es lo que nos transmite Plutarco en su Apophthegmata Laconica, 225c.11. Esta obra podría no pertenecerle, pero está incluida en su compendio del bien hacer grecorromano que son las Moralia.

>> Leer más sobre Esparta y la batalla de las Termópilas.

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30.3.07

La batalla de las Termópilas: Parte IV

Tras la batalla...

La batalla duró 3 días y los persas consiguieron derrotar a los temidos espartanos, pero éstos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército y matado a miles de soldados.

Los persas, intrigados por el hecho de que hubiera un contingente tan pequeño de griegos, le preguntaron a unos supervivientes arcadios cual era el motivo: Estos les contestaron que toda Grecia estaba celebrando los Juegos Olímpicos, donde los ganadores eran obsequiados con una corona de olivo. Ante esto, los persas exclamaron:

"Contra qué clase de hombres nos habeis enviado a luchar!! No compiten por dinero, sino por su honor!!"
Se cree que ningún griego logró sobrevivir; pero la cultura popular se ha centrado más en el esfuerzo lacedemonio que en el de los 700 hoplitas de Tespias, ciudad que perdió en la batalla la casi totalidad de sus hombres y, por tanto, quedó indefensa y fue incendiada por los persas. Al año siguiente las mujeres y niños supervivientes tuvieron que dar la ciudadanía a extranjeros para poder subsistir; además esta ciudad-estado no tenía intrínseca la cultura belicista de los espartanos, por la cual las madres les entregaban el escudo hoplos con la frase «Vuelve con él o sobre él».

Según algunos historiadores solo sobrevivieron dos soldados espartanos de los que habían quedado en Las Termopilas, Alejandro y Antígono de Esparta. Por lo que se sabe estos dos hombres vieron la muerte de su rey y tras la lluvia de flechas se escondieron bajo sus escudos para aparentar que estaban muertos. Alejandro, más tarde, fue uno de los mejores guerreros de Esparta, pero no se le recordó como a otros héroes. Tras las Termópilas combatió en Platea, otra vez contra los Persas. Allí murió, tras recibir 4 flechas en el pecho.

Entrada en la leyenda

El sacrificio de los espartanos tuvo amplias repercusiones en la Grecia de la Antigüedad. Tal fue su fama que hasta el día de hoy es considerado como uno de los ejemplos máximos de sacrificio ante una tarea imposible, en la cual unos pocos valientes se opusieron a la maquinaria de guerra más poderosa conocida, y dieron sus vidas luchando por su tierra, su honor y su libertad. Es una de las batallas más memorables, decisivas y célebres que presenció el mundo, comparándosela tal vez con los Campos Cataláunicos, el sitio de Numancia, Cannas o Kadesh.

La hazaña fue recordada en una lápida conmemorativa escrita por el poeta Simónides, que decía así:
Ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε
κείμεθα, τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι

Oh, extranjero, informa a Esparta, si pasas por allí, que aquí hemos caído
defendiendo su ley.
Tan fuerte ha sido el eco de esta batalla que en varias ocasiones se ha dicho que, si la cultura occidental es como es, fue gracias al sacrificio de los griegos, y que, de no haberse producido éste, la Europa que hoy conocemos tendría una cara bien diferente.

Especial la Batalla de las Termópilas: Parte I II III IV

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29.3.07

La batalla de las Termópilas: Parte III

El desenlace de la batalla, previsto en una profecía

Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dió cuenta de que le atacarían por dos frentes, reunió un consejo de guerra, donde ofreció a los griegos dos opciones: podían irse por mar a Atenas o permanecer en las Termópilas hasta el final.

Es en este punto donde Heródoto menciona su creencia de que Leónidas permitiera la marcha de los aliados influenciado por «la consulta previa que, a propósito de aquella guerra, realizaron los espartiatas al Oráculo nada más estallar la misma. La respuesta que recibieron de labios de la Pitia fue que Lacedemón sería devastada por los bárbaros o que su rey moriría. Esa respuesta la dictó a los lacedemonios en versos hexámetros y rezaba así»:

Mirad, habitantes de la extensa Esparta,
o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es;
pero, en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles.
Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leónes, ya que posee la fuerza de Zeus.
Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos.
Quedaron él, los lacedemonios y algunos tebanos. Mientras el resto de la fuerza que había decidido irse se retiraba hacia Atenas, los 300 soldados de la guardia de Leónidas y mil griegos leales (los tespios y los de Tebas) se quedaron a presentar batalla y resistencia hasta el final; la suerte estaba echada.

Al despuntar el alba del tercer día, Leónidas dijo a sus hombres: «Tomad un buen desayuno, puesto que hoy cenaremos en el Hades». Decididos a inflingir el máximo daño al enemigo persa, los griegos salieron a luchar a la parte amplia del Paso. Primero lucharon al estilo tradicional del hoplita, usando el escudo como defensa y la lanza como mortífera prolongación de su brazo. Cuando todas las lanzas se hubieron quebrado, echaron mano de sus espadas cortas, las temibles xiphoi, que cayeron sobre los persas como una infalible máquina de quitar vidas.

Cuando la situación se hizo ya irreversible, y la tenza propiciada por Efialtes se cerró sobre ellos, los espartanos se retiraron a un montículo, decididos a no dejar un sólo grano de arena sin manchar de sangre.

Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que no cayera en manos enemigas.

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Especial la Batalla de las Termópilas: Parte I II III IV

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28.3.07

La batalla de las Termópilas: Parte II

Inicio de la batalla

Fila tras fila los persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que éstos cedieran. Gracias a la compacta formación lacedemonia, y a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes —aunque minúsculas en proporción a sus fuerzas— supusieron un duro golpe para la moral de sus tropas. Durante las noches, Leónidas solía decirles a sus hombres: «Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado».

Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus diez mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo, manteniéndose en la cantidad fija de diez mil hombres. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. La batalla continuó de esta forma durante 2 días. Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda que necesitaba.

La traición de Efialtes

Un habitante griego de la zona, llamado Efialtes, ofreció mostrarle a Jerjes un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas para acabar con su resistencia de una vez por todas. El afán de recompensa de Efialtes recibió un duro castigo, derivando su nombre en sinónimo de traidor en griego.

Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso. Este paso se encontraba defendido por los focenses, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, fueron fácilmente barridos, sellando de esta manera la suerte de los defensores de las Termópilas.

Rodeados... pero nunca vencidos

Es en este momento, cuando se constata que la maniobra envolvente persa está a punto de cerrarse, que empieza a gestarse la leyenda: El rey Leónidas convoca a los generales, espartanos y aliados griegos y les explica la situación...

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Especial la Batalla de las Termópilas: Parte I II III IV

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