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15.11.10

Tanto que leer...

La prensa venía esta mañana cargadita de noticias interesantes, de esas que si tienes la suerte de acompañarlas de un café calentito, te dan un rato de lectura apasionante.
Empezamos por el descubrimiento de 12 esfinges en la avenida que une Luxor con Karnak, en Egipto:
Un equipo de arqueólogos ha descubierto doce nuevas esfinges, estatuas con cuerpo de león y cabeza humana o de carnero, en la antigua avenida que unía los templos faraónicos de Luxor y Karnak, a 600 kilómetros al sur de El Cairo.
Según un comunicado del Consejo Supremo de Antigüedades estas esculturas datan de la época del último rey de la XXX dinastía faraónica (343-380 a.C.).
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Continuamos con sendas noticias relativas a la II Guerra Mundial. La primera, provinente de la hemeroteca de La Vanguardia, nos recuerda el vergonzante episodio del Gueto de Varsovia:
La invasión de Polonia por parte de los alemanes fue en 1939 el caldo de cultivo para uno de los muchos y aberrantes episodios del holocausto: el gueto de Varsovia. 300.000 hebreos quedaron encerrados en el que fue el mayor gueto judío de Europa. Y allí también se desarrollo uno de los más importantes levantamientos contra los nazis.
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... la segunda nos habla de algo aún más vergonzante, el refugio que EEUU otorgó a criminales de guerra nazis:
Que una parte del cuero cabelludo del doctor Josef Mengele, el Ángel de la muerte, estuviera en un cajón del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no deja de ser un elemento más. Macabro, sin duda, o de inspiración tarantiniana si se prefiere. Pero no es más que otra pieza de un informe escondido durante cuatro años en el que se relata cómo el gobierno de este país dio cobijo a importantes nazis, más de una veintena, después de la Segunda Guerra Mundial. La peripecia del documento, desvelado ayer por The New York Times, ya delata lo incómodo de su contenido.
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Para quitarse el mal rollo de estas 2 últimas noticias, os pñropongo acabar con un episodio histórico que yo desconocía: El mítico Buffalo Bill visitó Barcelona en 1889, con su mítico circo que recreaba escenas del Salvaje Oeste. El artículo me ha arrancado una sonrisa perdurable...
Buffalo Bill, que gozó de una tremenda popularidad en su tiempo, contrató a otros mitos para su compañía, como la tiradora Annie Oakley, que estuvo en Barcelona, o el caudillo lakota Toro Sentado, que no participó en la gira europea. De haberlo hecho, podría haber salvado la vida. Murió asesinado en 1890 en la reserva de Pine Ridge, Dakota del Sur.
Junto al circo viajaba un campamento con las tiendas para los actores, muchos de ellos procedentes de esa misma reserva. Traían con ellos más de 200 caballos y un grupo de bisontes ya casi domesticados y cuya escasa bravura decepcionó en una Barcelona acostumbrada al sang i fetge de las corridas de toros. Las gradas al aire libre de aquel circo sin carpa, más parecido a un hipódromo, se instalaron en un descampado que a finales del siglo XIX parecía algo alejado del centro de la ciudad, en la calle Muntaner, entre Rosselló y Provença, en la parte del Eixample que entonces formaba parte del término municipal de la Vila de Gràcia, todavía no engulllida por su vecina.
Desgraciadamente, que se sepa, sólo se conservan tres fotos del campamento. Las tres pertenecen al fondo del Centre Excursionista de Catalunya. Una es la que aparece en estas páginas. En las otras, de peor calidad, se ve a seis aburridos bisontes y a unos indios a caballo. Sin embargo, quedan otras muchas huellas de Bufa-li l'ull, como rebautizaron los barceloneses a Buffalo Bill.
La portada de La Vanguardia del 15 de enero de 1889 recordaba que la entrada a su espectáculo costaba entre 1 y 5,10 pesetas, una pequeña fortuna para la época.
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