12.6.08

¡Cómo las gastaban los bizantinos!!

Uno de los rasgos de los emperadores bizantinos que más han restacado historiadores y cronistas ha sido su crueldad y habilidad para tejer todo tipo de intrigas palaciegas. En su Historia Secreta, Procopio de Cesárea nos relata un hecho relativo al reinado de Justiniano y su esposa Teodora, donde queda clara la habilidad de esta última para resolver un problemilla con unos hipotéticos conspiradores:

"Poco después de esto, el siguiente desastre cayó sobre él. La peste que he descrito en otro lugar estaba acabando con la población en Constantinopla y el Emperador Justiniano cayó gravemente enfermo, de tal modo que se dijo incluso que había muerto de ella. El rumor se expandió hasta alcanzar los campamentos del ejército Romano. Allí algunos de los oficiales dijeron que si los Romanos intentaban elevar a un segundo Justiniano como Emperador en Constantinopla, nunca lo reconocerían. Luego la salud del Emperador mejoró y los oficiales del ejército lanzaron acusaciones unos contra otros; los generales Pedro y Juan el Glotón alegaron haber oído a Belisario y a Buzes haciendo la declaración antedicha.

Estas negativas opiniones fueron tomadas por la Emperatriz indignada como algo declarado por los dos hombres para referirse a ella. Así llamó a todos los oficiales a Constantinopla para investigar el asunto; y convocó a Buzes de improviso a sus aposentos privados, so pretexto de que deseaba discutir con él asuntos de gran urgencia.

Entonces bajo palacio había un sótano subterráneo, seguro y laberíntico, comparable con las regiones infernales del Tártaro, en que aquellos que la habían ofendido eran finalmente enterrados. Y así Buzes fue arrojado a este sitio, y allí el hombre, aunque de rango consular, permaneció sin que nadie supiera de su destino. Ni podía, puesto que estaba entre tinieblas, saber si era de día o de noche, ni podía saber de nadie; pues el hombre que cada día le arrojaba la comida era mudo, y la situación era la de una bestia salvaje que se encuentra con otra. Todo el mundo pronto lo consideró muerto, pero nadie osó mencionarlo o acordarse de él. Pero después de dos años y cuatro meses, Teodora tuvo piedad del hombre y lo liberó. Y fue visto como alguien que regresaba de entre los muertos. Pero después de esto quedó medio ciego y enfermo. Esto fue lo que le hizo a Buzes."






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