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20.1.08

Urna con cenizas humanas

Provinente de Colonia, esta jarra funeraria de época romana contiene los restos de una cremación, uno de los ritos funerarios más habituales en la Antigüedad. Para acompañar esta fotografía, os recuerdo un fragmento de la Ilíada de Homero, en la que Aquiles jura vengarse de Héctor ante la pira de su amado amigo Patroclo.


152 En diciendo esto puso la cabellera en las manos del amigo, y a todos les excitó el deseo de llorar. Y entregados al llanto los dejara el sol al ponerse, si Aquileo no se hubiese acercado a Agamemnón para decirle:


156 —¡Oh Atrida! Puesto que los aquivos te obedecerán más que a nadie y tiempo habrá para saciarse de llanto, aparta de la pira a los guerreros y mándales que preparen la cena; y de lo que resta nos cuidaremos nosotros, a quienes corresponde de un modo especial honrar al muerto. Quédense tan sólo los caudillos.


161 Al oírlo, el rey de hombres Agamemnón despidió la gente para que volviera a las naves bien proporcionadas; y los que cuidaban del funeral amontonaron leña, levantaron una pira de cien pies por lado y con el corazón afligido, pusieron en ella el cuerpo de Patroclo. Delante de la pira mataron y desollaron muchas pingües ovejas y bueyes de tornátiles pies y curvas astas, y el magnánimo Aquileo tomó la grasa de aquellas y de éstos, cubrió con la misma el cadáver de pies a cabeza, y hacinó alrededor los cuerpos desollados. Llevó también a la pira dos ánforas, llenas respectivamente de miel y de aceite, y las abocó al lecho; y exhalando profundos suspiros, arrojó a la hoguera cuatro corceles de erguido cuello. Nueve perros tenía el rey que se alimentaban de su mesa, y degollando a dos, echólos igualmente en la pira. Siguiéronle doce hijos valientes de troyanos ilustres, a quienes mató con el bronce, pues el héroe meditaba en su corazón acciones crueles. Y entregando la pira a la violencia indomable del fuego para que la devorara, gimió y nombró al compañero amado:


179 —¡Alégrate, oh Patroclo, aunque estés en el Hades! Ya te cumplo cuanto te prometiera. El fuego devora contigo a doce hijos valientes de troyanos ilustres; y a Héctor Priámida no le entregaré a la hoguera, sino a los perros para que lo despedacen.


Canto XXIII, "Ilíada", Homero






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