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4.5.08

Arqueología del gesto

Visto en el DiariodeMallorca

Maria Antònia Fornés y un grupo de investigadores de la UIB rastrean en la pervivencia de señas de antiguos romanos en nuestro lenguaje actual

LOURDES DURÁN. PALMA. Los gestos nos delatan. Son muchos, sobre todo en países latinos, que parecen hablar con las manos. Tachados por cierta élite aristocrática dieciochesca de maleducados, es ignorancia puesto que determinados signos corporales se remontan a usos culturales y consuetudinarios de la antigüedad romana. Cuando pedimos silencio con el índice pegado a nuestros labios, nos remontamos a los textos de Apuleyo. Si les sacamos la lengua a alguien, es burla antigua, tanto que la figura ya circuló en la Biblia. Y si nuestro índice y meñique se yerguen y el resto permanece doblados aventuramos un gesto que ahuyenta el mal fario. Los romanos nos han legado su "tocar madera". Un equipo de investigación de la Universitat balear, dirigido por Maria Antònia Fornés, ha rastreado en la arqueología del gesto.

Los estudiosos han recopilado hasta 110 gestos utilizados por los romanos de los que una significativa proporción perviven hoy.

Este trabajo es continuación del iniciado de una primera parte empezada en el 2001 y concluida en el 2004. Si en aquella se escudriñaron los gestos elaborados con la parte inferior de la cara: boca, barba, nariz, orejas y manos, en esta nueva serie se estudian los que se realizan con la parte superior de la cara, ojos, cejas y la frente. Han proseguido con la gestualidad de las manos ya que en ellas reside la mayor herencia vigente.

Tanto Fornés como la catedrática de Latín, Carme Bosch, además de Mercè Puig, de la Universitat de Barcelona, han buscado directamente en las fuentes literarias, complementadas con los hallazgos artísticos. Parece ser que hasta la fecha, son pocos los investigadores que se habían dedicado a establecer estas analogías. Se conoce el caso del autor alemán C. Sittl, del siglo XIX, que a través de los textos griegos y romanos estudió la gestualidad. Sin embargo, su resultado tiene un carácter más especulativo que científico.

En línea contraria a la corriente contemporánea que estudia la gestualidad para explicar los significados, el equipo de filólogas de la UIB y de la UB busca en el origen del gesto: en su arqueología.

Para ello se han servido de un riguroso análisis de textos latinos a la par que han investigado en la iconografía conservada que complementa las fuentes escritas. Su finalidad no es otra que elaborar un catálogo de la gestualidad en el mundo romano que alcance el Medievo como rama que nutrió su pervivencia hasta nuestros días. Hasta la fecha, 110 gestos han sido recopilados en más de 580 textos, entre ellos de Suetonio, Plauto, Apuleyo, Valerio el Flaco y muchos otros.

Expresar negación o afirmación es, sin duda, el signo de comunicación no escrita que más se utiliza y que nos ha conducido a numerosos malentendidos. Mientras decir no es ladear la cabeza de derecha a izquierda y viceversa y decir sí es acercarla al cuello, en otras culturas es todo lo contrario. Los romanos negaban echando la cabeza hacia atrás, un gesto que aún hoy perdura en el sur de Nápoles, Sicilia, Malta, Grecia y Turquía.

Cuando el futbolista Raúl mandó callar a los enfervorecidos culés tras meter un gol en la portería del Barça, no fue consciente que estaba emulando el texto Las metamorfosis, de Apuleyo; o la lengua sacada que inmortalizó la faz del descubridor de la teoría de la relatividad, Albert Einstein, era un gesto de mofa muy romano. Eiecta lingua. Antes que los hijos de Nerón, ya se encontró su huella en la Biblia.




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