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12.11.09

El ejército perdido del rey Cambises II

A estas alturas todo el mundo se ha hecho eco ya de la historia de la semana, la del supuesto hallazgo del Ejército perdido de Cambises, el rey persa que en el s. VI aC invadió Egipto. Rey colérico e imprevisible, organizó una expedición militar compuesta por 50.000 soldados hacia el Oráculo de Amón, en el oasis de Siwa, justo enmedio del desierto, para castigarlo por haberle insultado. La falta de preparación de la expedición, y las extremas condiciones de la vida en el desierto, hicieron de la travesía un auténtico infierno, hasta el punto que según el relato del historiador griego Heródoto, el ejército en pleno fue engullido por una tormenta de arena y desapareció sin dejar rastro.

Varios han sido los intentos de encontrar los restos de este ejército perdido enmedio del desierto, justo en la frontera con Libia. Sin embargo, no ha sido hasta ahora que una expedición italiana ha conseguido dar con pistas que podrían acercarnos a dichos restos... os dejo con un video que nos lo explica [en inglés]:



Por si quereis profundizar en la historia original, os extraigo el texto de Heródoto, que nos deja muy claro que Cambises tendría otras virtudes, pero no la de la planificación y la logística:

XXV. Vistas y contempladas estas cosas extraordinarias, salieron por fin los exploradores de vuelta hacia Cambises, el cual, apenas acabaron de darle cuenta de su embajada, lleno de enojo y furor emprende de repente la jornada contra Etiopía. Príncipe de menguado juicio y de ira desenfrenada, no manda antes hacer provisión alguna de víveres, ni se detiene siquiera en pensar que lleva sus armas al extremo de la tierra; oye a los Ictiófagos, y sin más espera, emprende desde luego tan larga expedición, da orden a las tropas griegas de su ejército que allí le aguardan, y manda tocar a marcha a lo restante de su infantería. Cuando estuvo ya de camino, dispuso que un cuerpo de 50.000 hombres, destacado del ejército, partiera hacia los Amonios, que al llegar allí los trataran como a esclavos, y pusiesen fuego al oráculo de Júpiter Amon; y él mismo en persona, al frente del grueso de sus tropas, continuó su marcha hacia los etíopes. No habían andado todavía una quinta parte del camino que debían hacer, cuando al ejército se lo acababan ya los pocos víveres que traía consigo, los que consumidos, se le iban después acabando los bagajes, de que echaban mano para su necesario sustento. Si al ver lo que pasaba desistiera entonces, ya que antes no, de su porfía y contumacia el insano Cambises, dando la vuelta con su ejército, hubiérase portado como hombre cuerdo que si bien puede errar, sabe enmendar el yerro antes cometido; pero no dando lugar aun a ninguna reflexión sabia, llevando adelante su intento, iba prosiguiendo su camino. Mientras que la tropa halló hierbas por los campos, mantúvose de ellas. Mas llegando en breve a los arenales, algunos de los soldados, obligados de hambre extrema, tuvieron que echar suertes sobre sus cabezas, a fin de que uno de cada diez alimentase con su carne a nueve de sus compañeros. Informado Cambises de lo que sucedía, empezó a temer que iba a quedarse sin ejército si aquel diezmo de vidas continuaba; y al cabo, dejando la jornada contra los etíopes, y volviendo a deshacer su camino, llegó a Tebas con mucha pérdida de su gente. De Tebas bajó a Menfis y licenció a los griegos, para que embarcándose se restituyesen a su patria. Tal fue el éxito de la expedición de Etiopía.

XXVI. De las tropas que fueron destacadas contra los Amonios, lo que de cierto se sabe es, que partieron de Tebas y fueron conducidas por sus guías hasta la ciudad de Oasis, colonia habitada, según se dice, por los samios de la Fila Escrionia, distante de Tebas siete jornadas, siempre por arenales, y situada en una región a la cual llaman los griegos en su idioma Isla de los Bienaventurados. Hasta este paraje es fama general que llegó aquel cuerpo de ejército; pero lo que después le sucedió, ninguno lo sabe, excepto los Amonios o los que de ellos lo oyeron: lo cierto es que dicha tropa ni llegó a los Amonios, ni dio atrás la vuelta desde Oasis. Cuentan los Amonios que, salidos de allí los soldados, fueron avanzando hacia su país por los arenales: llegando ya a la mitad del camino que hay entre su ciudad y la referida Oasis, prepararon allí su comida, la cual tomada, se levantó luego un viento Noto tan vehemente e impetuoso, que levantando la arena y remolinándola en varios montones, los sepultó vivos a todos aquella tempestad, con que el ejército desapareció: así es al menos como nos lo refieren los Amonios.

Heródoto. Historia. Libro III


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1 comentario:

  1. La verdad es que es una historia que siempre me ha parecido fascinante. Según la historiografia tradicional, es decir, las fuentes de información que tenemos sobre el suceso, todas ellas provienen del clero egipcio, el cual era por aquella época tremendamente tradicional y nacionalista. Cuenta la historia que cuando Cambises regresó de Nubia, tras la perdida de su ejercito, se encontró a los egipcios en Menfis celebrando las festividades del dios toro Apis. Cambises pensó que estaban celebrando su derrota e intervino en el suceso, apuñalando al buey que debía ser sacrificado para completar la ceremonia. Esto fue considerado por los egipcios como un sacrilegio, ya que el buey no podía ser tocado por un extraño, sino solamente ahogado por los sacerdotes y enterrado en el Serapeon con el máximo respeto. Por ello, según los egipcios, Apis le castigo con la locura, matando Cambises a parte de su familia y autoinflingiendose una herida en la cadera, el mismo lugar donde hirío al buey y que a la postre le causó la muerte.

    Según mi punto de vista, creo que Cambises murió al tratar de recuperar su trono, que fue ocupado por un usurpador, llamdo Gaumata, que hizó creer a lso persas que era el difunto hermano asesinado de Cambises, Esmerdis. Si aesto unimos que Cambises tenía fama de déspota, pues no nos debe extrañar su muerte en extrañas circunstancias.

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