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16.2.07

Cayo Marcio Coriolano

Coriolano es sin lugar a dudas uno de los personajes más célebres de todos los incluidos en las VIdas Paralelas de Plutarco; parte del mérito corresponde a William Shakespeare, que lo inmortalizó en su obra homónima, pero lo cierto es que el personaje tiene una fuerza y magnetismo que lo hacen único.

I Muchos varones ilustres dio a Roma la familia patricia de los Marcios, de cuyo número fue Gayo Marcio, nieto de Numa por su madre, y elegido rey después de Tulo Hostilio. Eran asimismo Marcios Publio y Quinto, que trajeron a Roma el agua mejor y más copiosa, y Censorino, a quien dos veces nombró censor el pueblo y a cuya persuasión después propuso y estableció ley para que a ninguno le fuera permitido obtener dos veces esta magistratura. El Gayo Marcio de quien vamos a escribir, educado por la madre a causa de haber quedado huérfano de padre, hizo ver que, si bien la orfandad trae otros males, no estorba empero que pueda alguno hacerse hombre virtuoso y aventajado a los demás, aunque por otra parte dé motivo de queja y reprensión contra ella a los viciosos, como que es quien por el descuido los echa a perder. Acreditó también este Marcio que aun en aquellos de un natural excelente, por más generoso y bien inclinado que éste sea, si le falta la instrucción, al lado de las buenas cualidades produce otras malas, como en la agricultura un fértil terreno que se deja sin cultivo. Porque aquella resolución y entereza de ánimo para todo produjo grandes y muy activos conatos; pero el ser, por otra parte, vehemente e irreductible en la ira, le hizo desabrido y poco asequible al trato con los demás hombres; por tanto, al mismo tiempo que admiraban en él su impasibilidad respecto de los placeres, de los trabajos y del atractivo de las riquezas, a la cual le daban los nombres de templanza, justicia y fortaleza, teníanle para las conferencias políticas por altanero, molesto y mal sufrido; porque el mejor fruto que los hombres sacan del trato con las musas es que por medio de la elocuencia y la doctrina se suaviza la natural índole, reduciéndola en todo a la justa medianía y desarraigando lo superfluo. En Roma, en aquella época principalmente, era ensalzada la virtud que sobresale en los hechos de armas y de la milicia, y prueba de ello es que a toda virtud no le dieron sino sola la denominación de la fortaleza, haciendo nombre común del género el que a la fortaleza le era propia y peculiar.

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