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4.6.07

Costumbres de los tracios

Heródoto, el gran historiador, nos legó una obra monumental donde además de dejarnos por escrito sucesos y acontecimientos, también nos dá la oportunidad de conocer los usos y costumbres de los pueblos de la época. En muchas ocasiones, estas descripciones están recubiertas de un barniz de subjetividad, propio del que no ha estado y escribe a partir de relatos de terceros, y propio también del que escribe con la perspectiva de pertenecer al mundo civilizado, del que aparentemente los tracios no formaban parte. Aquí teneis un extracto de su descripción de las costumbres de algunos pueblos tracios...

...Cuando muere un marido, sus mujeres, que son muchas para cada uno, entran en gran contienda, sostenidas con empeño por las personas que les son más amigas y allegadas, sobre cuál entre ellas fue la más querida del difunto. La que sale victoriosa y honrada con una sentencia en su favor, es la que, llena de elogios y aplausos de hombres y mujeres, va a ser degollada por mano del pariente más cercano sobre el sepulcro de su marido, y es a su lado enterrada, mientras las demás, perdido el pleito, que es para ellas la mayor infamia, quédanse doliendo y lamentando mucho su desventura.

VI. Otro uso tienen los demás tracios: el de vender sus hijos al que se los compra, para llevárselos fuera del país. Lejos de tener guardadas a sus doncellas, les permiten tratar familiarmente con cualquiera a quien les dé gana de usar licenciosamente, a pesar de ser ellos sumamente celosos con sus esposas, de cuyos padres suelen comprarlas a precio muy subido. Estar marcados es entre ellos señal de gente noble; no estarlo es de gente vil y baja. La mayor honra la ponen en vivir sin fatiga ni trabajo alguno, siendo de la mayor infamia el oficio de labrador: lo que más se estima es el vivir de la presa, ya sea habida en guerra o bien, en latrocinio. Estas son sus costumbres más notables.

VII. No reconocen otros dioses que Marte, Dioniso y Diana, si bien es verdad que allí los reyes, a diferencia de, los otros ciudadanos, tienen a Mercurio una devoción tan particular, que sólo juran por este dios, de quien pretenden ser descendientes.

VIII. En los entierros la gente rica y principal tiene el cadáver expuesto por espacio de tres días, durante los cuales, sacrificando todo género de víctimas y plañendo antes de ir a comer, hacen con ellas sus convites: después de esto dan sepultura al cadáver, o quemándolo o enterrándolo solamente. Después de haber levantado sobre él un túmulo de tierra, proponen toda suerte de certamen fúnebre, destinando los mayores premios a los que salen victoriosos en la monomaquía, o duelo singular.

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