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11.9.07

Hace 1998 años, Varo perdió 3 legiones en la batalla del bosque de Teutoburgo

Hay momentos que han pasado a la historia por un personaje destacado. Los hay que han pasado a la posterioridad por significar un gran avance para la Humanidad. El que hoy nos ocupa ha pasado a la historia de Roma por 2 motivos, por ser una de sus mayores derrotas militares y por una mítica frase de Augusto.

La batalla del bosque de Teotoburgo (del 9 al 11 de Septiembre del 9dC), en la que Roma perdió 3 legiones completas, con toda la impedimenta y tropas auxiliares, marcó durante mucho tiempo la política romana en Germania, y su eco resonó durante largo tiempo en el Monte Palatino y el Foro.

Publio Quintilio Varo, ¿trepa de palacio y/o militar incapaz?

De origen patricio, Varo debió su ascenso al favor de César Augusto, del cual se mostró partidario muy pronto, reforzando los lazos con su matrimonio con la hija de Agripa, Vipsania Marcela, que a su vez, era nieta del emperador. Así consiguió la amistad del propio Augusto y de su suegro Agripa, siendo Varo el encargado de leer el elogio fúnebre de éste.

Fue elegido cónsul en el año 13 aC para ser nombrado después procónsul en África y legado propetor en Siria. En Judea sofocó duramente el levantamiento judío tras la muerte de Herodes I El Grande, consiguiendo una importante fortuna personal.

Augusto lo envió en el año 9 dC como legado a la provincia de Germania Magna, zona que había sido añadida al imperio tras las incursiones de Druso primero y Tiberio después. Sin embargo, eo esa dominación era más nominal que real y Varo debía ratificar el dominio y recaudar impuestos. Sin embargo, su extrema codicia, su falta de sensibilidad y el uso de métodos de romanización demasiado expeditivos le hicieron incurrir en diversos errores de gobierno que le llevaron finalmente a provocar el descontento general y a convertirse en una figura muy impopular entre la población germana.

Emboscada y muerte en el bosque de Teotoburgo

El ejército que guarnecía la región de Westfalia fue atacado por los queruscos, que se habían rebelado. Varo se internó imprudentemente en territorio hostil engañado por Arminio (al mando de la rebelión), con tres legiones, la XVII, XVIII y XIX, que fueron masacradas tras una sangrienta emboscada en el bosque de Teutoburgo. Varo, herido en la batalla, ante el riesgo de caer manos germanas, optó por suicidarse arrojándose sobre su espada. Su cabeza fue cortada y remitida como trofeo de guerra a Marobod, rey de los marcomanos, pero este, temiendo la ira romana, la envió a Roma donde fue finalmente enterrada en el panteón familiar.

Tras esta derrota la frontera romana quedó fijada en el Rin, retrocediendo desde el Elba, donde se conservaría hasta el fin del imperio romano. La derrota supuso un duro golpe para el prestigio militar de Roma, hasta tal punto que los números de las legiones derrotadas (XVII, XVIII Y XIX) jamás fueron vueltos a utilizar en toda la historia militar del Imperio.

Consecuencias de la derrota:

La clades variana ('la derrota de Varo') alteró al Emperador Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio señaló que aquél se tomó el desastre tan a pecho que «siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar». Tomó medidas enérgicas y destituyó a todos los germanos y galos que había en su guardia personal y adoptó la decisión de mandar a su sobrino Germánico a rescatar las águilas de las tres legiones (objetos sagrados para los romanos) y lo envió al mando de ocho legiones, pero no con la intención de conquistar la zona, sino más bien de hallar el lugar de la batalla, dar a los muertos el destino necesario y recuperar lo posible y, sobre todo, para no dar una imagen de debilidad. Parece ser que Julio César Germánico cumplió con todo lo encomendado, en especial encontrando el sitio del desastre. La ocasión la describe Tácito en sus Anales:
"No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres... En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones."
Tras una expedición en la que recuperó las águilas gracias más a la diplomacia que a la guerra y que tuvo carácter propagandístico antes que militar, Germánico volvió a Roma en triunfo.


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